
Ya os he comentado lo muchísimo que me gustan los escritores victorianos, y entre ellos ocupa un lugar preferente Wilkie Collins. Diciembre es un mes muy complicado para mí por el tema laboral, y la verdad es que mi ritmo de lectura desciende bastante en este mes. Sin embargo, el otro día, cuando llegué cansadísima de trabajar, lo único que me apetecía era relajarme con un buen libro y una infusión calentita. No puedo decir que eligiera El dinero de Milady directamente, pero sí es verdad que me costó muy poco decidirme una vez que lo vi en la estantería.
‘El dinero de Milady’ nos lleva hasta la Inglaterra victoriana, concretamente, hasta la casa de Lady Lydiard, que debe desprenderse de una fuerte suma de dinero para arreglar ciertos asuntillos. Con ella viven Isabel Miller, hija adoptiva de la dama; Robert Moody, el administrador, y Tommie, un perro un poquito insufrible. Ocupados precisamente con una dolencia del animalito, el dinero desaparecerá, y todas las sospechas recaen sobre la dulce Isabel, quien se verá obligada a abandonar la casa de su benefactora. Comienza así una novela cargada de intriga, humor y, por supuesto, amor.


