‘La diversidad de la ciencia: una visión personal de la búsqueda de Dios’ de Carl Sagan
Por Carl Sagan tengo ese tipo de debilidad que suele tenerse hacia las personas o cosas que han significado mucho en tu pasado o que, de algún modo, te han ayudado a ser como eres.
Así pues, quede por delante mi admiración incondicional por este astrónomo que desempeñó un papel fundamental en las expediciones de las sondas espaciales Mariner, Viking y Voyager, por las que recibió en dos ocasiones la Medalla por Logros Científicos Excepcionales de la NASA, además del Pulitzer y una larga lista de premios por sus contribuciones a la ciencia, a la literatura, a la educación y a la conservación del medio ambiente.
Carl Sagan no sólo me demostró cuán fascinante podía ser el universo gracias a su programa de televisión Cosmos. De adolescente, tras la lectura de El mundo y sus demonios (que yo recuerde, mi primer ensayo científico) emprendí un camino intelectual basado en el escepticismo y el racionalismo del que, a años vista, no me arrepiento en absoluto.
Sin embargo, con la obra que nos ocupa, La diversidad de la ciencia: una visión personal de la búsqueda de Dios, me he sentido un tanto defraudado.

Cuando ya se han leído un buen puñado de ensayos de divulgación científica, uno empieza a huir de los libros generalistas, aquéllos que tratan de dar una visión demasiado superficial de las cosas, sin buscar nuevos finisterres que cubrir. Porque los libros generalistas, aquéllos que tratan de abarcar casi todas las áreas del conocimiento científico, tropiezan (es normal) en lugares comunes. A la larga acabas leyendo las mismas afirmaciones una y otra vez.
En una época en la que el laicismo intenta desplazar a la religión del ámbito público (reconocimiento del matrimonio homosexual, investigación biomédica, Educación para la Ciudadanía) y en la que numerosos libros sobre el ateísmo pueblan las listas de las novedades literarias, la lectura de Romper el hechizo es interesante en sí misma, se mantenga una posición creyente, agnóstica o atea. Porque el libro vindica el ateísmo, sí, pero el apabullante despliegue de teorías presentado por Daniel C. Dennett es capaz de enriquecer a toda clase de lector. 