Hay un joven en España que está muy inquieto. Se llama Santiago y acaba de empezar las carreras de Periodismo e Historia. Pero el saber académico no le basta: Santiago flota en un limbo ideológico en el que no sabe muy bien a qué aferrarse, y le atormentan lo que percibe confusamente como amenazas a su patria. Decide escribir al ex presidente del Gobierno español José María Aznar López, y este se ofrece generosamente como su mentor. De esta premisa parte la correspondencia ficticia de Cartas a un joven español.
El título de obra parece estar parafraseando la Ética a Nicómaco de Aristóteles, y la intención del autor es análoga: dar una educación ética e ideológica en función de su concepción de la política, la historia, la filosofía y la moral. El tono de Aznar no es el de un ensayista que propone y prueba sino el de un profesor que imparte una clase magistral. Y ahí radica la mayor dificultad de este libro: el único argumento que exhibe Aznar es el de autoridad. La valoración que podamos hacer de este libro dependerá del prestigio que depositemos en su autor.
Un ejemplo. Imaginemos que opino que Venezuela no es una democracia, a pesar de saber como todos que cuenta con representantes democráticamente electos. Lo que haría en ese caso seria construir la premisa “A pesar de elegir a sus líderes, Venezuela no es una democracia porque… (ect)” Pero a Aznar eso le sobra. Pronuncia que Venezuela no es una democracia y se queda tan pancho, sin ofrecer una mínima justificación, como si sus palabras adquirieran rango de ley al traspasar el cerco de sus característicos labios. Y en otro orden de cosas, de estos polvos…


