La primera respuesta que puedo dar es: “no es mi problema”. Si alguien ha inventado la nevera (o por ejemplo las redes P2P o Internet), no es su responsabilidad que los transportistas de hielo desde las montañas sigan ganando dinero de alguna forma asociada a esa actividad.
Si una editorial o un artista no sabe ganar dinero si no es conservando el statuo quo legal que frena el avance de la cultura y la tecnología, entonces peor para él.
Si el miedo es que nos vamos a quedar sin cultura o que nadie jamás podrá vivir de su arte, entonces ese miedo es infundado: hay libros como Imagine… no copyright o Copia este libro que ofrecen algunas ideas para ganarse la vida de formas alternativas a los derechos de autor.
Entre los modelos posibles, hay algunos que podrían aplicarse YA, y otros en los que hay que ir trabajando duramente para que se implementen. Entre los que YA se pueden aplicar, pondré algunos ejemplos (en los que, obviamente, los derechos de autor continúan existiendo pero no son tan inflexibles):

Los derechos de autor eliminan vías de creación. A principios de 1990, el estudioso Siva Vaidhyanathan observó que la música rap estaba cambiando; el cuerpo subyacente de muestras estaba menguando y la música se hacía más predecible, más obvia y menos lúdica. En esa época fue cuando surgieron duros conflictos sobre el copyright, sobre todo el caso de Estados Unidos contra la apropiación por parte del rapero Biz Markie de una canción de Gilbert and Sullivan. Los tribunales estaban arrebatándole el alma a la música rap.
Ser autor protegido por derechos de autor como los actuales sólo beneficia a una minoría, y por supuesto a discográficas, distribuidores e intermediarios. El autor, a pesar de todo ello, ha continuado creando, impertérrito.
A propósito del revuelo (mayormente internauta) generado por el 