Hay muchas formas de recordar a los escritores muertos. La más sencilla de todas es leerlos, otra más complicada es homenajearlos. También hay quien, como el escritor holandés Cees Nooteboom, se ha dedicado a visitar sus tumbas. Empezó a hacerlo en el año 1977 con la tumba de Proust y ahora ha culminado con la escritura de un libro titulado Tumbas, editado por Lumen. El título no ha hecho falta traducirlo, Nooteboom lo escogió “por el alegre sonido que tiene esta palabra en español”.
Para Nooteboom la visita a los cementerios se hace porque “en algún rincón secreto de nuestro corazón albergamos la idea de que esa persona nos ve y se da cuenta de que seguimos pensando en ella”. El libro no es el resultado de una búsqueda exhaustiva, muy al contrario alguna de las visitas la hizo porque fue a otra cosa.

