Esta semana que culmina hoy se cumplieron los aniversarios de los fallecimientos de dos escritores importantes de América Latina. Uno de ellos francamente escritor, obsesivamente autor de novelas, cuentos y poemas, el otro un escritor, también, pero que siempre se movió en las fronteras del comic y la viñeta, a fin de burlarse de la censura y la aniquilación. Dos escritores, por otro lado, que en cierto sentido ponen al descubierto dos características o dos visiones de la literatura del continente. Amabos compartían un mismo nombre, Roberto, pero sus vidas siguieron recorridos disímiles que, sin embargo, los encuentan.
Me refierdo a Roberto Bolaño y a Roberto Fontanarosa El 14 de julio pasado se cumplieron 5 años de la muerte de Bolaño, el más famoso de los escritores latinoamericanos desde la aparición del Boom literario que dió a conocer a escritores como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar entre muchos otros. Cinco años sin Roberto, cinco años sin creer que ya no está, sin creer que no se pudo hacer nada por salvarlo. Cinco años de una muerte que para mucho no debió llegar tan temprano pero que él, de alguna manera, sospechaba cercana siempre. Un hígado que nunca llegó para salvarlo a tiempo. Escribió desaforadamente, casi a contrarreloj para dejar culminada la que hoy es una de sus obras más leída y comentada: 2666.


Mientras en la “madre patria” teníamos que escuchar hace no mucho tiempo a asociaciones de escritores defendiendo los derechos de autor con argumentos como
Tal como estaba previsto, esta tarde se anunció en Buenos Aires el nombre del ganador del II Premio Iberoamericano de narrativa Planeta-Casa de América. Y el nombre es una sorpresa y no porque se trate de un escritor novel sino por lo contrario, por lo recconocido que es. Se trata del escritor chileno Jorge Edwards ha sido declarado ganador con su novela La casa de Dostoievski.

Ayer murió Volodia Teitelboim, un caso único en la literatura latinoamericana. De hecho, yo quería escribir algo acerca de él desde hace unos días cuando me enteré que se encontraba internado en Chile con un cuadro muy complicado de salud, y me resultaba difícil saber por dónde empezar. Lo obvio, sin embargo, es que se trataba de uno de los intelectuales más respetados e importantes de América Latina, pero también uno de los que sostuvo con la literatura una de las relaciones más intensas.
Desde la semana pasada han estado ocurriendo diversas cosas en torno al legado recientemente descubierto de Gabriela Mistral y que estuvo durante décadas en la casa de su albacea, Doris Dana.
Interesante esta noticia que ha sido muy comentada en estos días. La novela
Se ha descubierto un tesoro: un centenar de cartas, poemas y fotografías de la Premio Nobel chilena, la poeta Gabriela Mistral. El legado había permanecido en Long Island, Massachussets, en la casa de Doris Dana, quien fuera su asistente y amiga y quien murió en noviembre pasado. 