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		<title>Magazine - como-cambiar-tu-vida-con-proust</title>
		<link>http://www.papelenblanco.com</link>
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Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-13 13:15:08</pubDate>

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      <title><![CDATA[¿Cuanto más aburrido, más interesante?]]></title>
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      <pubDate>Fri, 09 Jan 2009 10:39:32 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2009/01/old_book02.jpg" alt="" />De todos es conocida esa ecuación que postula que cuanto más soporífero y enrevesado es un libro mayor es su grado de profundidad. También ocurre a la inversa: cuanto más entretenida y adictiva es una lectura, mayor es su grado de superficialidad. La mayoría de nosotros estamos en contra de esta idea, sabemos que diversión o frivolidad no son sinónimos de superficialidad, y que ampulosidad tampoco es sinónimo de pensamiento más potente, como ya demostró genialmente Alan Sokal y Jean Bricmont en <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Imposturas_intelectuales">Imposturas intelectuales</a>. Sin embargo, pese a que todos lo repetimos una y otra vez, seguimos sintiéndonos succionados por la afectación de un libro y no por su contenido. La cáscara es la que sirve para llamar la atención, no el fruto.</p>

	<p>Valga esta reflexión como un grano de arena más en esa montaña que todo el mundo conoce pero que, en la práctica, se obstina en no mirar. Un grano de arena, espero, que moleste como un guijarro en el zapato. </p>

	<p>A pesar de que escaseen los ejemplos, la sabiduría y la erudición no precisan de un vocabulario o una sintaxis especializados. Todo se puede explicar con palabras llanas y construcciones asequibles, aunque ello necesite de mayor inversión de energía y conocimiento por parte del autor. Energía que no se ve recompensada, pues es más fácil alcanzar la gloria escribiendo raro y difícil que haciéndolo digerible para la mayoría. Luego está el esnobismo de sentir que uno puede entender lo que la mayoría no entiende, claro. Y por último, tampoco debemos olvidarlo, existen personas que disfrutan de lo críptico, se solazan en la búsqueda del sentido, en la confusión, en la poética de lo inexpugnable. Aunque son menos personas de lo que parece.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Tampoco hay que considerar meritoria la impaciencia del lector: sería aburrido escribir sólo papilla digerible por toda clase de estómagos. Lo que hay que recordar es que, en muchas ocasiones, en muchas más de lo que creemos, el aburrimiento que nos suscita un libro puede servir de indicador del mérito del propio libro. No perder la paciencia jamás en determinada lectura, por muchos parabienes que haya recibido por parte de la crítica oficial, constituye un sufrimiento parejo al de buscar el dolor en la enfermedad. Todo autor puede inyectarle al texto unos miligramos de novocaína o cualquier otro anestésico local, así que exijámoslo.</p>

	<p>Pero si nos topamos con un libro aburrido o complicado, ¿quién tiene la culpa? ¿El autor, por su falta de claridad expositiva o aires de grandeza, o nosotros, por ser poco cultos? Es una disyuntiva difícil. La inercia nos hace pensar que nosotros somos los ineptos. <strong>Montaigne</strong> decía que, por norma, deberíamos echar la culpa al autor: una prosa incomprensible suele ser fruto de la pereza antes que de la inteligencia, y que lo que se lee con facilidad pocas veces ha sido fácil de escribir. </p>

	<p><blockquote><p>La dificultad es una moneda que emplean los sabios, como los prestidigitadores, para no descubrir la vanidad de su arte, y con la cual la necedad humana se deja engañar fácilmente.</p></blockquote></p>

	<p>Si un libro intimida, parece que entonces haya que profesarle cierta reverencia. Si recelamos de él, entonces se pone en entredicho nuestra inteligencia, como si evitar el invertir nuestro precioso tiempo en textos ininteligibles (como <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/12/04-la-frase-mas-larga-de-marcel-proust">la frase más larga de Proust</a>) fuera signo de estupidez. Quizá la verdadera inteligencia resida en tomarse en serio, a priori, cualquier libro, independientemente de su índice ventas, su complejidad o su aceptación popular o académica.</p>

	<p>Esta pretensión, lo sé, resulta utópica. Seguiremos siendo succionados por el poder irresistible de los adjetivos altisonantes, del polvo que acumulan las páginas, del inextricable sentido de oraciones sin freno, de las ideas poco claras, de los marchamos que indiquen academicismo y esnobismo, de los análisis meta-metatextuales, de los latinajos, de las citas de citas, de los intocables so pena de parecer poco leído, etcétera. Seguiremos así, yo incluido, pedante entre los pedantes, porque forma parte de nuestra naturaleza ser así. Pero es divertido y sano, y frívolo (que no superficial), reírse un poco de ello, aunque poco o nada se pueda cambiar.</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/12/09-acomo-cambiar-tu-vida-con-prousta-de-alain-de-botton">Cómo cambiar tu vida con Proust</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[‘Cómo cambiar tu vida con Proust’ de Alain de Botton]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/ensayo/acomo-cambiar-tu-vida-con-prousta-de-alain-de-botton</link>
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      <pubDate>Tue, 09 Dec 2008 12:53:36 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/como_cambiar_tu_vida_con_pr.jpg" alt="" />El prolífico <strong>Alain de Botton </strong>me vuelve a sorprender con un delicioso libro que mezcla la autoayuda culta e inteligente con la historia de la literatura desde el punto de vista de ese excéntrico y genial personaje que era Marcel Proust.</p>

	<p>Para extraer enseñanzas de la vida del creador de la oceánica <em>En busca del tiempo perdido</em>, <strong>Alain de Botton </strong>evita por completo la narración lineal, llena de fechas y datos consabidos del autor y del mundo de la literatura en general, y son sumerge sobre todo en una personalidad poco conocida y en su quehacer diario como si nos dejara colarnos de rondón en la habitación de Proust. He dicho su habitación, sí, porque Proust apenas salía de casa, concretamente apenas salía de su cama, en la que se sentía a resguardo de las enfermedades imaginarias que generaba su exagerada hipocondría. </p>

	<p>Bueno, de las enfermedades y del frío, porque Proust siempre tenía frío, tanto en invierno como en verano, y raro era verle fuera de la cama sin estar pertrechado por varias piezas de ropa, uno o dos abrigos y bufanda. Cuando asistía a una cena, por ejemplo, se sentaba en la mesa de esta guisa, tal y como lo haría un explorador dispuesto a cruzar el Ártico. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Y es que Marcel Proust se pasó los últimos 14 años de su vida casi sin salir de la cama para escribir la que sería su obra magna, una novela tan insólitamente larga que fue necesario dividirla en siete volúmenes. Una novela sobre la memoria y sobre las magdalenas que nos ayudan a evocar los recuerdos. </p>

	<p>De modo que, más que nada, <strong>Cómo cambiar tu vida con Proust</strong> es una ocurrente biografía de Proust, en la que se resalta los aspectos que más interesarían a la prensa amarilla, pero de una forma tan elegante y profunda que, sin darnos apenas cuenta, empezamos a entresacar ideas y enseñanzas para nuestro propio devenir diario.</p>

	<p>Una de las enseñanzas en las que <strong>Alain de Botton</strong> hace más hincapié es la consistente en que leer, leer mucho, aunque sea ficción, y aunque sean obras tan inabarcables como las de Proust, tiene muchas ventajas. La gente suele quejarse que Proust, por ejemplo, dedique tantas páginas a describir cosas nimias. Pero no suelen darse cuenta de que ciertas cosas nimias, si son sintetizadas tal y como lo hacen los periódicos al hablar de grandes desastres, pueden perder parte de su encanto. Un buen autor puede escoger una noticia escueta del periódico, como la de un hombre que se tira por la ventana a causa del incendio de su casa, y entonces la amplía de tal modo que se convierte en una novela. En esencia, la novela no tendrá más argumento que el expuesto por la escueta noticia, pero el atender minuciosamente a los detalles, el dotar de pasado y futuro al protagonista, el bucear el sentimientos, ambiciones, aspiraciones y miedos, puede convertir la noticia que entonces hubiéramos leído entre sorbo y sorbo de café en un drama capaz de quitarnos el apetito durante días. </p>

	<p><strong>Botton</strong> también sostiene que el leer es intrínsecamente útil (independientemente de la cantidad de datos por centímetro cuadrado que hallemos en el texto) por estos tres puntos:</p>

   1) Se amplía el abanico de lugares en que nos sentimos como en casa y también nos acercamos a gentes que en principio nos parecen extraños hasta convertirlos casi en familiares. Entonces es cuando cruzamos fronteras y vencemos miedos y prejuicios.

   2) Constituye un remedio para la soledad. <br />
<blockquote><p>Las experiencias de los personajes de ficción nos proporcionan una imagen inmensamente ampliada de la conducta humana, y por tanto una confirmación de la normalidad esencial de los pensamientos o los sentimientos que no se mencionan en nuestro entorno inmediato.</p></blockquote>

   3) Leemos cómo se describen complejas emociones mejor de lo que nosotros mismos habríamos podido hacer; nos ayuda a entendernos. También nos permite prestar atención a detalles en las cosas que antes nos habían pasado desapercibidas.

	<p><strong>Cómo cambiar tu vida con Proust</strong> es un libro fascinante y divertido, sin una sola página de relleno, ideal para cualquier clase de lector, independientemente si entre sus planes futuros de lectura se encuentra la posibilidad de leer <em>En busca del tiempo perdido</em> (ya en un <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/12/04-la-frase-mas-larga-de-marcel-proust">post anterior</a> seguro que conseguí asustar a más de uno). Aunque no debemos olvidar, tal y como refiere <strong>Alain de Botton</strong>, que desde que en 1913 se publicó el primer volumen de esta, para muchos, indigesta obra:</p>

	<p><blockquote><p>… fue recibida por la crítica como una obra maestra; un crítico francés llegó a comparar al autor con Shakespeare, un crítico italiano lo puso a la altura de Stendhal y una princesa austriaca le ofreció su mano en matrimonio.</p></blockquote></p>

	<p>Ediciones B<br />
Colección Tiempos Modernos</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[[Lectura para el Verano] ‘El arte de viajar’, de Alain de Botton]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/ensayo/lectura-para-el-verano-ael-arte-de-viajara-de-alain-de-botton</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/ensayo/lectura-para-el-verano-ael-arte-de-viajara-de-alain-de-botton</guid>
      <pubDate>Sun, 17 Aug 2008 12:50:21 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/08/Bottom_viajar.jpg" alt="" />Viajar se ha convertido en una de las actividades más placenteras (o al menos, más ubicuas) de las sociedades pudientes. Y como cualquier otra actividad ligada íntimamente a la capacidad económica (con sus ofertas, con sus desplazamientos en manada, con sus colecciones de postales y fotografías con las que luego mortificar a familiares y allegados, con sus créditos para financiarse una semanita en una playa paradisíaca), uno termina desarrollándola con voracidad, sin preguntarse para qué sirve lo que está haciendo o si realmente ello le hace feliz. <strong>El arte de viajar</strong>, de <strong>Alain de Botton</strong>, si bien no responde del todo a estas preguntas, sí que pertrecha convenientemente al lector con las herramientas para empezar a viajar de otra manera, de una manera más satisfactoria e inteligente.</p>

	<p><strong>Alain de Botton </strong>(Suiza, 1969) es filósofo, aunque de los cercanos y divulgativos, nada pedantes, pero sí enciclopédicos, sobre todo cuando se pone a hacer referencias literarias: enseguida te entran unas ganas locas por leer todo lo que recomienda. <strong>Botton</strong> es ya autor de diversas obras que han acercado la filosofía al gran público desde prismas totalmente nuevos, como <em>Las consolaciones de la filosofía</em>, <em>Cómo cambiar tu vida con Proust </em> o <em>Ansiedad por el estatus</em>. Algunos de ellos, incluso, han tenido adaptaciones para la pequeña pantalla en forma de documentales, todos ellos altamente recomendables.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Así que, a la luz filosófica de <strong>Alain de Botton</strong>, viajar precisa de un adiestramiento propio del que pretende embarcarse en cualquier otra actividad artística o intelectual. Porque viajar puede ser algo muy serio y trascendente, y no una mera huida de la rutina diaria donde apenas importa el destino siempre que éste sea lejano. Para ello, <strong>Botton</strong> recomienda, en primer lugar, prescindir de las guías de viajes sobre los lugares que vamos a visitar. A su modo de ver, las guías de viaje nos impiden que nuestra curiosidad, la verdadera brújula que debe encaminar nuestros pasos, aflore y enriquezca la experiencia con encuentros fortuitos. Porque, aunque parezca increíble para muchos, la Torre Eiffel no tiene por qué ser lo que un turista de París necesite visitar para regresar a casa satisfecho. La mayoría de viajes guiados por los lugares comunes suelen defraudar al viajero. El verdadero viaje debe alimentarse previamente con lecturas y experiencias personales. </p>

	<p>Para ratificar su teoría principal, <strong>Botton</strong> divide cada capítulo de <strong>El arte de viajar </strong>en dos partes: por un lado se narra un viaje del autor, y por el otro se invoca a un escritor o un artista célebre para señalar algunos aspectos sobre la actitud que debe tomar un viajero. Así, además de las lúcidas descripciones y reflexiones de <strong>Botton</strong> en torno a los aeropuertos, las alfombras exóticas, los romances o los minibares de hotel, encontraremos apuntes de Baudelaire y Flaubert y su vindicación del movimiento geográfico; de William Wordsworth y su aprecio por la naturaleza; o de Edgard Hopper y Van Gogh y su afición por ilustrar sus viajes. Este último punto es relevante en la tesis de <strong>Botton</strong>: la necesidad de plasmar con dibujos lo percibido en el viaje (o escribirlo en un diario) debería suplir la obsesión por tomar montañas de fotografías en las que uno aparece siempre posando en los lugares típicos (fotografías que son como postales que pueden ser adquiridas o descargadas de Internet sin efectuar realmente el viaje). Sin embargo, una forma mucho más poderosa de capturar la belleza y la extrañeza de lo que vemos es dibujarlo en un cuaderno, o escribirlo, lo cual también añade un plus de exclusividad con la que ninguna postal puede rivalizar.</p>

	<p><blockquote><p>Un impulso dominante al encontrar la belleza es el deseo de aferrarse a ella: poseerla y darle relevancia en nuestras vidas. La necesidad de decir &#8220;he estado aquí, lo he visto y me ha importado&#8221;. Mas la belleza es fugitiva, la hallamos con frecuencia en lugares a los que puede que jamás regresemos, o bien es el resultado de una insólita conjunción de la época, la luz y las condiciones meteorológicas. ¿Cómo arrreglárselas pues para poseerla, cómo aferrarse al tren flotante, a los ladrillos con aspecto de torta dulce o al valle inglés?</p></blockquote></p>

	<p>En definitiva, un libro imprescindible para amantes de los viajes, muy bien documentado aunque nada denso, de uno de los filósofos más mediáticos del momento. Un libro que, incluso, abogará por reconocer con nuevos ojos los lugares que nos rodean, tal y como hizo Xavier de Maistre en 1790, que acabó emprendiendo un viaje por su propia habitación, titulando la crónica de lo que allí había visto de este modo: <em>Viaje alrededor de mi cuarto</em>.</p>

	<p>Editorial Santillana <br />
Colección Taurus Pensamiento, 2002<br />
246 páginas </p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.taurus.santillana.es/ld.php?id=410">Editorial Taurus Santillana</a>  <br />
En Papel en blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/lecturas+verano">Lecturas para el verano</a></p>      ]]></description>
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