Cada vez son más los estudios científicos que avalan la teoría de que el lenguaje es instintivo, posee un sustrato biológico, y por tanto comparte determinadas características entre todos los seres humanos, independientemente del lugar donde hayan nacido o la cultura que les haya empapado el cerebro.
Uno de los experimentos más llamativos sobre cómo nacemos con un patrón de gramática insertado en nuestros genes es el que llevaron a cabo los psicólogos de Rochester Jenny Saffran, Dick Aslin y Elissa Newport.
Con sólo cuatro días de edad, los bebés ya son capaces de notar la diferencia entre una serie de palabras de tres sílabas y otra de palabras de dos sílabas. En el experimento, presentaron a bebés de ocho meses una sucesión larga y monótona de sílabas ininterrumpidas como:


Tal parece que no podemos dejar de mencionar a Google ni un solo día y que además cada vez se adentra más en entornos en los que antes incluso era mirado con desconfianza. 