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		<title>Magazine - connie-willis</title>
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Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-13 01:11:55</pubDate>

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      <title><![CDATA[Aunque no seas ni quieras ser escritor, por favor: aprende a escribir (y II)]]></title>
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      <pubDate>Sun, 08 Mar 2009 13:32:44 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2009/03/por_no_mencionar_al_perro.jpg" alt="" />Y cuidado. No estoy sugiriendo en ningún momento que una persona que muestre una mayor solvencia con la pluma sea más inteligente o culta que otra que no sabe más que expresarse con tópicos e incorrecciones o al estilo indio, &#8220;jau, tú hombre blanco&#8221;. Conozco a personas que escriben como disléxicos que, sin embargo, poseen una inteligencia (que a saber lo que es eso) y una claridad de ideas que ya quisieran muchos. Hablo de auténticos <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pierre_Nodoyuna">Pierre Nodoyuna</a> de las letras, mucho peor de lo que podáis imaginar. </p>

	<p>Así que lo que trato de manifestar aquí es que lo importante, independientemente de lo tonto del haba que sea uno, es expresar tu mundo interior al mundo exterior con cierta corrección y seguridad. Tan importante como seguir el código de la circulación. Tan importante como cumplir con las reglas de la cortesía. Tan importante que, de no hacerlo, no sólo es más probable que nos tomen por tarugos de piñón fijo (aunque no lo seamos) sino que nuestra escritura puede ser fuente de no pocos problemas. <em>Ahí está el detalle</em>, que diría Cantinflas. Y si no, ya sabéis: en boca cerrada no entran moscas.</p>

	<p><strong>Connie Willis</strong>, en su desopilante novela <em>Por no mencionar al perro</em>, argumenta sobre la necesidad de ser perspicuo con los demás de esta forma:</p>

	<p><!--more--></p>

	<p><blockquote><p>Y no sería la primera vez que un fallo de comunicación hubiera cambiado la historia. Miren las incontables veces en que un mensaje malinterpretado o no entregado o caído en manos equivocadas ha cambiado el resultado de una batalla: los planes accidentalmente perdidos de Lee para Antietam, y el telegrama de Zimmerman y las ilegibles órdenes de Napoleón al general Ney en Waterloo.</p>

	<p>Deseé recordar un caso en el que los fallos de comunicación no hubieran tenido resultados desastrosos. No estaba seguro de que hubiera alguno. Miren la migraña de Hitler el día de la invasión. Y la carga de la Brigada Ligera.</p>

	<p>Lord Ranglan, en lo alto de la colina, vio a los rusos tratando de retirarse llevándose la artillería turca y ordenó a lord Lucan que los detuviera. Lord Lucan, que no estaba en una colina y posiblemente sufría de Dificultad para Distinguir Sonidos, no entendió la palabra “turco”, no vio otra artillería que los cañones rusos que le apuntaban directamente, así que ordenó a lord Cardigan y sus hombres que cargaran contra ellos. Con los resultados predecibles.</p></blockquote></p>

	<p>Pero no quiero que este artículo suene como una amenaza a lo Clint Eastwood (interpretando a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dirty_Harry">Harry Callahan</a>, claro). Nada de “alégrame el día”. Ni de que no pienso contestar a quien no sepa ni dirigirse a mi ínclita y pluscuamperfecta persona. Hace tiempo que inicié el camino <em>gandhiano</em> de la resistencia pasiva ante la estulticia ajena: que cada uno cargue con su muerto. De modo que, la mayoría de veces, seguiré contestando, sonriendo y mostrándome medianamente correcto. Con todos vosotros.</p>

	<p>Pero no os excedáis. Que todo hombre tiene un límite y hace tiempo que no limpio mi cuchillo de trinchar. Podrían cruzárseme los cables como a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Norman_Bates">Norman Bates</a>. Y ahora, a escribir como mejor sepáis.</p>      ]]></description>
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      <title><![CDATA[[Lecturas para el verano] Oveja mansa, de Connie Willis]]></title>
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      <pubDate>Sun, 03 Aug 2008 11:28:53 +0000</pubDate>

      <author>Jaime Valero</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image3816" src="http://img.papelenblanco.com/2008/08/245.jpg" class="derecha" alt="Cubierta original del libro" />La protagonista de esta novela es <strong>Sandra Foster</strong>, una socióloga que estudia las modas para tratar de comprender cómo se originan y qué papel tiene la conducta humana en todo ello. Su investigación más reciente se centra en la tendencia de las mujeres a llevar el pelo corto a partir del primer cuarto del siglo XX. Sus estudios la conducen a las <em>flappers</em> (peculiar colectivo de mujeres surgido durante los años 20 en EE.UU.), a la Guerra Mundial y sus plagas de piojos, pero ninguna parece ser la razón desencadenante de esta moda.</p>

	<p>Foster trabaja para la compañía HiTek. Allí conoce a <strong>Bennet O&#8217;Reilly</strong>, investigador especialista en la teoría del caos que trata de arrojar luz sobre los mecanismos de transmisión de información dentro de un colectivo a través de un grupo de macacos. Pronto encontrarán conexiones entre sus investigaciones, especialmente cuando un cúmulo de errores e incompetencias por parte de <strong>Flip</strong>, encargada del suministro de materiales, deja a Bennet sin animales para llevar a cabo sus experimentos. Sandra decidirá ayudarle aportando un rebaño de ovejas, unos animales con un fuerte instinto gregario que quizá den respuesta a sus múltiples preguntas.</p>

	<p>¿Tendremos los seres humanos tan desarrollado este instinto que nos obliga a actuar como los demás? ¿Somos incapaces, por miedo o por pereza, de actuar al margen del rebaño (sociedad)? ¿Hay alguna explicación lógica a la expansión desmesurada de ciertas modas, que casi parecen actuar como si fueran virus? Estas preguntas son el punto de partida de esta divertida novela de <strong>Connie Willis</strong>, narrada con mucho sentido del humor y llena de reflexiones de lo más interesantes.<!--more--></p>

	<p><strong>Oveja mansa</strong> es un término que se refiere a las ovejas que lideran a las demás dentro de un rebaño, son las que marcan sus pautas de conducta aún sin saberlo siquiera. El término en inglés es <strong>Bellwether</strong>, título original de la obra. El traductor se planteó diversas alternativas para este título, y aunque el finalmente elegido parece adecuado, me gusta enormemente la fuerza de uno de los que descartó: <strong>Genteovejuna</strong>.</p>

	<p>Cada capítulo de la obra se inicia con un pequeño fragmento relacionado con alguna moda que se ha extendido entre la gente durante diferentes épocas. Como sabemos, las modas no se limitan a la ropa, por lo que podemos encontrar modas científicas, culturales y de aversión (como la moda antitabaco que lleva años asolando Norteamérica y que en esta historia tiene un papel bastante significativo). </p>

	<p>En estos fragmentos encontramos pruebas del sentido del humor de su autora, como cuando se refiere a una serie de pelucas monumentales que se pusieron de moda durante el siglo XVIII en Francia, con peinados que reproducían imágenes novelescas o incluso batallas navales.</p>

	<p><blockquote><p>La moda pasó con la llegada de la Revolución francesa y la consiguiente escasez de cabezas donde poner pelucas.</p></blockquote></p>

	<p>A partir de estos fragmentos, la historia de la investigación de Foster va avanzando, aunque lentamente, con una de esas tramas en las que parece que no ocurre nada hasta que todo termina por ponerse patas arriba.</p>

	<p><img id="image3817" src="http://img.papelenblanco.com/2008/08/4426.jpg" class="centro" alt="La autora en la Worldcon de 2006" /></p>

	<p>Los personajes son uno de los puntos fuertes en la literatura de Willis. En este caso, los secundarios son individuos caricaturescos, aunque no por ello menos reconocibles en nuestra vida diaria, que parecen confirmar una y otra vez las teorías de la protagonista. El más irritante de todos es la jovencita Flip, encargada del correo y otras funciones menores en la empresa, esclava de toda moda imaginable que, paradójicamente, tendrá un papel decisivo en los acontecimientos debido a su desesperante incompetencia.</p>

	<p>Además de exponer ideas curiosas acerca de la moda y el papel de la suerte y la casualidad en los descubrimientos científicos, la autora aprovecha para ridiculizar el funcionamiento y la organización de las empresas (a través de la ficticia HiTek) y para subrayar con mordacidad el carácter superficial de muchas relaciones humanas, así como de las ideas de la gente.</p>

	<p><blockquote><p>El hecho de que la gente experimente cosas no significa que tenga ninguna capacidad de reflexión.</p></blockquote></p>

	<p>Esta historia deja en el tintero un buen número de dudas y preguntas que podremos rumiar durante nuestro tiempo libre para tratar de darles respuesta. A pesar de ello, el acierto de Willis ha sido escribirla con un tono ligero y humorístico que permite que nos devoremos la obra en unos pocos días. Por ello recomiendo este libro para las vacaciones, porque consigue hacernos pasar un buen rato sin necesidad por ello de apagarnos el cerebro. Además, se ha reeditado en una edición baratita de bolsillo tras pasar varios años descatalogada.</p>

	<p>Al margen de esta obra, que fue nominada al premio <strong>Nebula</strong> a la mejor novela en 1997, Willis ha escrito otras  como <strong>El día del juicio final</strong> y <strong>Por no mencionar al perro</strong> que le han proporcionado un papel destacado entre los escritores contemporáneos de ciencia-ficción.</p>

	<p>Sitio de la autora | <a href="http://www.sftv.org/cw/">Connie Willis</a><br />
En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/lecturas+verano">Lecturas para el verano</a></p>      ]]></description>
      </item>
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