feed

conocimiento

Una visita con mi abuela a la biblioteca de mi infancia

4 comentarios

biblioteca1.jpgAbuela –le dije una tarde-, ¿podemos ir a aquel sitio?
-¿Adónde?
-Allí –le señalé con el dedo. –Me han dicho mis amigos que hay muchos libros y revistas.
-Ah, eso. Es la biblioteca del barrio.
-Entonces, ¿qué?
-¿Qué de qué? –Aquel alarde de retórica unió a la impaciencia el desconcierto.
-Que si me llevas.

Cruzamos toda la plazoleta, y luego recorrimos un sendero de grava que nos condujo a la puerta principal de la biblioteca, custodiada por dos altos cipreses. Era un edificio de dos plantas, rectangular, de líneas sobrias y fachada restaurada hacía poco tiempo.

La barahúnda del exterior (sobre todo la monótona cantinela de una anciana que voceaba cupones) fue sofocada como por ensalmo al adentrarnos en el vestíbulo. Resaltamos enseguida, a los pocos segundos de franquear la puerta, ya que el lugar no estaba precisamente concurrido. En realidad no era la primera vez que entraba en una biblioteca, pero sí era la primera vez que entraba con mi abuela, que sinceramente no era muy leída.

Me acometió la imperiosa necesidad de contaminarla del entusiasmo que me embargaba; de explicarle lo fascinante que sería leer aquellos volúmenes; que todas aquellas obras eran una suerte de ruedas Catalinas, pequeñas y sin importancia aparente, pero decisivas para el devenir del tiempo y el movimiento hacia el futuro. Pero cuál fue mi sorpresa al advertir como ella, por sí misma, avanzaba por el vestíbulo, pasando junto a las fotocopiadoras, las vitrinas de exhibición de los recursos de reciente ingreso en el sistema y el mostrador de Circulación y Préstamo, tomaba un diccionario, ubicado en las estanterías que rodeaban la sala de lectura, y lo abría por la primera página.

Leer más

Anunciate aquí
Anunciate aquí

‘¿Hay algo que coma avispas?’ de Mick O´Hare

0 comentarios

El punto más original de este libro es también su mayor escollo. ¿Hay algo que coma avispas? es una compilación de preguntas tipo niño-preguntando-por qué-constantemente. Hasta ahí, estupendo. Todo sentimos curiosidad por asuntos que raramente se tratan en los libros (y no hablo del tópico ¿por qué el cielo es azul? sino de preguntas con cierto toque absurdo, del tipo ¿cuán gorda debería ser una persona para detener una bala con su grasa corporal?).

Sin embargo, esta antología llevada a cabo por Mick O´Hare, que recoge las mejores preguntas enviadas por los lectores a la revista New Scientist, no está escrita por expertos. Bueno, algunas partes sí, otras no. El problema es que cada pregunta, generalmente, posee más de una respuesta. Y algunas respuestas son incompatibles entre sí.

En resumidas cuentas, tras leer una pregunta verdaderamente curiosa… al final es posible que continuemos sin saber la respuesta. Si acaso, las respuestas de otros lectores funcionarán como aceite para engrasar nuestros engranajes cogitativos. Para afinar quizá nuestro pensamiento lateral. Para elaborar incluso nuestra propia respuesta empleando otros cálculos.

Leer más

Anunciate aquí

Sócrates y el peligro de saber demasiado leyendo

6 comentarios

Uno de los aspectos que Sócrates temía de la gente que aprendía a leer era que, una vez abierto el libro, el lector estaba sometido a ingentes cantidades de conocimiento descontrolado.

Sócrates tenía miedo del exceso de datos, y de la escasez de criterio para separar el grano de la paja. Es decir, lo que antaño pasaba con el invento de la lectura, hogaño pasa con el invento de Internet, San Google o la Wikipedia.

Decía Sócrates:

Una vez que algo se escribe, la composición, sea ésta la que fuere, empieza a moverse por todas partes, cayendo en las manos no sólo de aquellos que la comprenden, sino de igual manera en la de aquellos que nada tienen que ver con ellas; el escrito no sabe cómo dirigirse a la gente adecuada y no dirigirse a la equivocada. Y cuando se lo maltrata u se abusa de él injustamente, siempre necesita que sus padres acudan en su auxilio, puesto que es incapaz de defenderse o de ayudarse.

Sócrates no temía a la alfabetización. La alfabetización es buena, permite que la cultura fluya mejor entre personas, que se generen nuevas ideas, que se alcances cotas intelectuales más elevadas. Lo que temía Sócrates es que esta alfabetización permitiera acceder al conocimiento de manera irresponsable, sin la orientación de un maestro, sin suficiente espíritu crítico.

Leer más

Los libros que me enseñaron a mirar

11 comentarios

En el mar puedes hacerlo todo bien, según las reglas, y aun así el mar te matará. Pero si eres buen marinero, al menos sabrás dónde te encuentras en el momento de morir, dijo Arturo Pérez-Reverte.

Los libros, entre otras cosas, te enseñan a ser buen marinero. Los libros son como mapas. Los libros son como lupas, monóculos, antiparras, microscopios, telescopios e incluso estetoscopios. A pesar de su forma paralelepípeda son todo eso. Formas de mirar.

No lo sé con seguridad. Al menos, me gustaría creer que es así. Hablo de mis libros. De que me han enseñado a mirar, de algún modo. Como si mirara las cosas a través de una lupa holmesiana. O un microscopio einsteiniano. O incluso un telescopio galileoliano.

Como si mirara a través de un aparato de rayos X. Que nunca se queda en la superficie de las cosas.

Puede que el don me viniera de serie, sí, codificado genéticamente, pero al contemplar mis anaqueles de libros, de pasadizos a otros mundos llenos de personas, situaciones y reflexiones, creo que hay algo que debo de haber adquirido después de tantos días, meses y años.

Leer más

‘La Cultura: Todo lo que hay que saber’ de Dietrich Schwanitz

2 comentarios

Con el tiempo me he dado cuenta de que, en cierto modo, gran parte de mi vida la he dedicado a desaprender lo que aprendí en el colegio. Ello denota dos cosas. La primera: que en el colegio aprendí muchas cosas inútiles y/o erróneas. La segunda: que adquirir cultura, en este contexto, requiere de esfuerzo personal y una humildad que permita aceptar que uno, por saber muchas cosas, no es automáticamente culto, y mucho menos si esas cosas proceden de una única fuente.

El trasfondo de todo ello es que el conocimiento académico está en crisis, tanto es su manera de impartirse como en sus contenidos. La cultura es aburrida para la mayoría de la gente, y eso no es culpa de la gente sino de los que se encargan de suministrar la cultura.

En ese sentido, el objetivo de Dietrich Schwanitz en La Cultura es, sin duda, ambicioso. Resumir todas esas aburridas clases de todos nuestros años escolares e incluso universitarios en un solo libro de poco menos de 1.000 páginas. Dicho de otro modo: la lectura de este único libro equivaldría a las docenas de manuales e interminables horas lectivas del colegio. Un único libro para aprobar cualquier examen medianamente general (más o menos).

Leer más

Anunciate aquí

WSL Weblogs SL