Años ha, cuando de Prada aún no era el famoso ganador del premio Planeta, apareció casi clandestinamente un librito, una pieza casi insólita, en las galeradas de Ediciones Virtuales (Salamanca, 1994). Una edición no venal de la cual se efectuaron tres reimpresiones más a lo largo de ese año, todas ellas de 50 ejemplares, excepto la última, de 69. Pero el boca a boca hizo su trabajo y, a través de fotocopias, reseñas en periódicos y revistas y comentarios en tertulias y radios, se elevó Coños a la categoría de objeto de culto.
No es de extrañar. Ambas cosas.
La primera, que se editara clandestinamente, porque es un libro de capítulos cortos, y en cada capítulo se describe pormenorizadamente el coño, vagina, vulva o cloaca (como queramos llamarlo) de una mujer diferente. El coño de una momia, el coño de una adúltera, el coño de una trapecista, el coño de una virgen, el coño de una viuda, el coño de una puta, el coño de una desconocida, el coño de una batutsi, el coño de una siberiana y así hasta medio centenar de coños.

