Para mi primera colaboración a esta serie de Un relato a la semana que hemos venido publicando en Papel en blanco desde hace unas semanas, he elegido uno de los cuentos más emblemáticos de Julio Cortázar. Novelista consumado con Rayuela, su obra magna pero sobre todo un gran cuentista a quien, además, el cuento apasionaba como género desde el punto de vista teórico hasta el punto de haber creado su propio decálogo.
Continuidad de los parques es un relato magistral desde el punto de vista de la construcción formal y, a mi juicio, sintetiza muchas de las características y de las influencias de la obra del escritor argentino.
Homenaje a la literatura, especialmente a la literatura de suspenso pero también a varias obras literarias. El relato comienza en una construcción lineal describiéndonos una escena propia de la más tradicional novelística inglesa: un hombre lee sentado en un sillón de terciopelo verde. Habia regresado del trabajo a su finca y retomó la lectura de la novela frente al fuego mientras acariciaba la tela mullida del sillón. Sin apenas darnos cuenta, quienes leemos en el sillón frente al fuego somos nosotros y el hilo narrativo se retuerce haciéndonos olvidar al lector original, para transformarnos en amantes atormentados corriendo en el bosque a punto de perpetrar un crimen.

