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	<title>Papel en blanco</title>
	<link>http://www.papelenblanco.com</link>
	<description>Blog sobre literatura, el arte de los libros y el apasionante mundo de la lectura.</description>
	<pubDate>Sun, 30 Mar 2008 18:46:44 GMT</pubDate>
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      <title><![CDATA['La carretera', de Cormac McCarthy]]></title>
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      <pubDate>Sun, 30 Mar 2008 18:37:24 GMT</pubDate>
      <author>Paolo Fava</author>
      <description><![CDATA[<p><img class="derecha" id=image2945 alt=la_carretera.jpg src="http://www.papelenblanco.com/images/2008/03/la_carretera.jpg" /><strong>Cormac McCarthy</strong> es sin duda uno de los novelistas más interesantes del momento. Estados Unidos lo considera uno de sus últimos grandes épicos, junto a Salinger, <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/don+delillo">Don DeLillo</a> y <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/philip+roth">Philip Roth</a>. Personalmente leer a McCarthy me suele producir estupefacción. Es sorprendente ver como cada vez introduce un giro de tuerca que se enfrenta y polemiza con la concepción clásica de la novela. Lo que hay de experimental en McCarthy no siempre es afortunado, aunque en el caso de <strong>La carretera</strong>, premio Pulitzer 2007, el equilibrio entre tradición y ruptura está mejor conseguido y le pone las cosas más fáciles al lector.</p>
<p>La premisa es la de una 'novela río' en el sentido más literal, sustituyendo el líquido elemento por la titular carretera. En un futuro cercano devastado por una ignota catástrofe, un padre y un hijo la recorren con sus miserables pertenencias a cuestas en un panorama reducido a cenizas y barrido por un frío mortal. En un mundo en dónde todas las otras especies se han extinguido y todos los suministros agotado, los seres humanos han caído en una barbarie peor que primitiva y se cazan los unos a otros como alimento. El padre y el hijo, los últimos hombres que distinguen el bien del mal, emprenden una precaria huída en busca de climas más favorables y una improbable supervivencia en una tierra muerta.</p>
<p>Antes de seguir señalemos en qué McCarthy es polémico con la narrativa tradicional. El gran narrador del XIX <strong>Anton Chéjov</strong> tenía esta premisa: <em>Si un clavo en la pared aparece en tu texto, debe servir para que se ahorque de él tu protagonista</em>. En la narrativa de McCarthy, sin embargo, el clavo sirve para que el protagonista lo examine largamente, quizás recordando otros clavos de otros tiempos en los que fue feliz. Después cogerá el clavo con los dedos índice y pulgar y lo extraerá de la madera ajada tirando y haciendo movimientos de palanca, y se lo meterá en el bolsillo superior izquierdo de la chaqueta. Porqué quiere el clavo y para qué lo va a usar es algo que nunca sabremos, porque lo más probable es que no se le vuelva a mencionar.</p><a name="more"></a><p>McCarthy tiene una obsesión puntillista por las pequeñas operaciones, en especial las manuales. Es capaz de describir paso a paso los procesos del encendido de un hornillo de gas o la apertura de una lata de Coca-cola. En cambio siente un auténtico desprecio - imaginamos que intencional - hacia las estructuras argumentales más amplias, es decir, el bloque de la historia. De la catástrofe que ha asolado la tierra no se llega a saber absolutamente nada, aunque no es información trascendental. Sin embargo, el mundo post-apocalíptico en el que se mueven los personajes e incluso ellos mismos están rodeados de lagunas.</p>
<p>¿Cuál es el motivo de su soledad? ¿Porqué el padre posee aparentemente la única arma de fuego del mundo? ¿Qué hay de la mujer y madre a la que apenas entrevemos? ¿Qué hay de sus formidables y terribles enemigos, y porqué son poco más que una anécdota en el relato? ¿Porqué, en definitiva, sobreviven y siguen adelante pese a lo improbable que parece, porqué todo les es tan difícil y tan fácil por momentos? A McCarthy no parece importarle la coherencia argumental global. Así como escribe en cortos párrafos salteados, es un escritor de instantes, de pequeños relámpagos de situaciones. De ahí la impresión de que la relación entre pasajes adolece de cierta falta de continuidad.</p>
<p>Por ello La carretera puede ser leída, más que una novela, como un texto poético. Cada párrafo es una instancia por sí sola que por lo general goza del vívido estilo descriptivo del que hemos hablado antes, y es de agradecer que McCarthy haya abandonado la sintaxis acumulatoria y machacona de su anterior libro <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/02/17-no-es-pais-para-viejos-de-cormac-mccarthy">No es país para viejos</a>. Pero en otros momentos su lenguaje se eleva para pronunciar una sentencia de calado lírico y trascendente. Es en estos momentos en los que encontramos la clave de la obra, que por lo demás podría pasar por una historia más de supervivencialistas con una tendencia cansina a la repetición (frio-hambre-peligro-refugio / frio-hambre-peligro-refugio /...).</p>
<p>Lo que aspira a ser La carretera es una parábola, evidente por la simbología y las alusiones religiosas que salpican de tanto en tanto la narración. En un mundo deshumanizado hasta el horror más abyecto, lo único que evita que el hombre se deje arrastrar por el abismo es la determinación de salvar a su hijo. Y su hijo, con sus continuas pataletas reclamando salvar y ayudar a la gente cuando está en juego su propia supervivencia, es lo único que mantiene al hombre, el último Hombre, ligado aunque sea tenumente al concepto de Bien. El niño que mantiene su compasión hacia los demás a pesar de las atroces pruebas por las que es obligado a pasar es genuinamente, como lo define una de los personajes, el 'último Dios' de una humanidad que ha abandonado todo cuanto esa palabra significa.</p>
<p>Leer a McCarthy suele ser una experiencia desasosegante, tanto por la dureza de sus temas como por su manera de narrar, en la que no le importa abandonar al lector a su suerte a mitad de la travesía. La carretera es sin embargo un trabajo satisfactorio una vez que se familiariza uno con las manías del autor. Parece hecha para detenerse en las imágenes, dejarse sugestionar y hacer que su sentido profundo emerja de la densa y gris capa de ceniza.</p>
<p>En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/cormac+mccarthy">Cormac McCarthy</a></p>]]></description>
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      <title><![CDATA['No es país para viejos', de Cormac McCarthy]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/02/17-no-es-pais-para-viejos-de-cormac-mccarthy</link>
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      <pubDate>Sun, 17 Feb 2008 19:47:07 GMT</pubDate>
      <author>Paolo Fava</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" id=image2711 alt=no-pais-viejos.bmp src="http://img.papelenblanco.com/2008/02/no-pais-viejos.bmp" />Imáginate que abres un libro esperando leer una novela y en su lugar recibes un puñetazo en el estómago. No se me ocurre otra manera de describir <strong>No es país para viejos</strong>. Tiene forma y aspecto de novela negra y por ella pasa durante un buen trecho. Sin embargo, cuando empieces a sospechar que las cosas no son como deberían será demasiado tarde, y tendrás un puño incrustado en el duodeno. Te sentirás dolorido, confuso y sin respiración, y por mucho que aprecies su autenticidad no habrá nada que te asegure que era realmente necesario.</p>

	<p>Llewelyn Moss, un veterano de Vietnam que vive con penuria en el Texas fronterizo de los ochenta, descubre mientras caza en el desierto los restos de un tiroteo entre narcos mexicanos. Allí encuentra una maleta con más de dos millones de dólares que cogerá esperando cambiar su vida y la de su mujer. A partir de ahí comenzará un juego del gato y el ratón en el que se sumarán varios personajes. Por un lado Anton Chigurh, un imparable asesino sin escrúpulos que se considera un instrumento del destino. Por el otro el Sheriff Bell, un hombre hecho a la vieja usanza, de valores comunitarios y tradicionales, al que la situación desborda completamente.</p>

	<p>No es por su argumento por lo que No es país para viejos se aleja del género, como vemos. Es por lo que hace McCarthy con él. El autor, aparentemente a propósito, echa por tierra a mitad del libro las convenciones básicas de la narratología. La tensión cuidadosamente acumulada en los capítulos previos se fulmina abruptamente cuando el momento cumbre de la novela, de cualquier novela, se despacha a ochenta páginas del final, fuera de campo, y contado como un resumen esquemático. Ahí descubrimos que no estábamos leyendo lo que creíamos. Que las minuciosas descripciones de fugas, planes, tiroteos y emboscadas estaban perfectamente de más. A partir de ahí la novela no ofrece incentivos a sus personajes para seguir adelante, aunque lo hagan, pero el problema es que tampoco ofrece demasiados al lector.<a name="more"></a></p>

	<p>Para ser honestos, se puede intuir desde el principio que McCarthy no está dispuesto a hacer una novela, sólo algo que se le parece. Su lenguaje, que en todo momento es efectista y directo, alcanzando algunos momentos de poeticidad (como corresponde al género negro), procede por una acumulación que puede llegar a ser agotadora. El autor desprecia explícitamente la sintaxis literaria: <em>Volvió a su habitación y metió en la bolsa su recado de afeitar y la pistola y cruzó el aparcamiento y subió al Ramcharger y arrancó y cruzó al aparcamiento de la tienda de electrónica colindante pasando sobre la divisoria de cemento y salió a la carretera</em>. Este ejemplo no es una excepción sino la tónica general. Intercalando esta narración feísta con los monólogos interiores más tradicionales del Sheriff, está claro que McCarthy quiere conseguir algo, un contraste entre dos visiones de la realidad, aunque su efectividad es muy discutible.</p>

	<p>Decía André Malraux que realismo no significa que de repente un personaje pueda ser atropellado por un coche sólo porque sí, porque estas cosas pasan. Y es que en la literatura, al contrario que en la vida, es necesario un sentido. No se escribe para no decir nada, al menos en principio. Y por mucho que la violencia y la muerte estén desprovistas de un sentido último, hacer de la violencia el corazón de una obra para que el resultado se nos escape entre los dedos parece trabajo perdido. Por mucho que No es páis para viejos no sea una obra menor (se sostendría únicamente con la escalofriante creación de Chigurh), no deja de ser el puñetazo en el estómago del que hablábamos al principio. El dolor nos hará sentir vivos y preguntarnos qué clase de mundo es este, pero pasadas la indignación y la rabia no quedará gran cosa.</p>



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