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El manuscrito más rechazado de la historia. El autor de menos éxito. Y el crítico menos perspicaz.

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250px-manuscrito_512_01.jpgNo hay nada más desazonador para un autor que el rechazo de su manuscrito por parte de una editorial. Muchos escritores, tras la carta de rechazo, se replantean volver a escribir. Otros hacen añicos la obra. Los más cínicos, coleccionan las cartas de rechazo, que cualquier por doquier para acordarse de lo mediocres que son (o de lo mediocres que resultan los expertos que trabajan en una editorial).

Hay manuscritos que, en su día, fueron rechazados por muchas editoriales y que, finalmente, al ser editados, obtuvieron un éxito rutilante. La razón de ello es que muchos editores persiguen, sobre todo, que la obra que tienen entre manos resulte comercialmente rentable. Pero las cábalas que podemos hacer al respecto no son mucho más fiables que consultar la bola de cristal: si no fuera así, montar una editorial sería un negocio tan seguro que hasta los bancos invertirían en ello.

Sin embargo, hay manuscritos que parecen tener la negra. Es el caso del libro World Government Crusade (Cruzada del gobierno mundial), escrito por Gilbert Young. Posiblemente el manuscrito más rechazado de la historia. Literalmente ha sido rechazado cientos de veces.

El libro es un compendio de los punto de vista políticos del autor. Su principal tesis es la institución de un gobierno para el mundo entero y un solo idioma obligatorio. Según cuenta Stephen Pile en El libro de los fracasos heroicos a propósito de este manuscrito:

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‘Elogio de la impertinencia’ de Piergiorgio Odifreddi: o cómo la ciencia y las matemáticas pueden enfrentarse a los prejuicios de la política y la religión

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¿Queréis saber qué se siente bailando sobre un campo sembrado de minas? Es fácil: pisad el callo de lo políticamente correcto, tal y como lo hicieron los caricaturistas de Mahoma, y lo sentiréis en todo su esplendor.

Eso es lo que ha pretendido Piergiorgio Odifreddi, profesor de Lógica en la Universidad de Turín. Bailar sobre el campo de minas de toda clase de asuntos espinosos. Bailar con método, con estilo, no a lo loco, es decir, bailar con arreglo a los dictados de la ciencia, las matemáticas o la lógica. Finalmente, Odifreddi ha pretendido pasar por la thermomix todo el conjunto y, violà, le ha salido este libro titulado Elogio de la impertinencia.

El principal problema, sin embargo, es que los ingredientes están a medio cocer: ni se ha bailado tanto, ni se han pisado tantos callos, ni se han ejecutado las coreografías prometidas. Ni la thermomix es la mejor manera de cocinar un plato exquisito.

Además, ignoro si a causa de la traducción española o por el estilo del autor, la prosa resulta a menudo un tanto mecánica, como sincopada, lo cual convierte la lectura en una actividad muy poco fluida.

Evidenciadas todas las carencias, como no quiero que pese sobre el lector la idea de que Elogio sobre la impertinencia es un mal libro, también hay que resaltar sus virtudes, que también las tiene. Aunque el mejunje general es insípido (y se vuelve más insípido porque la portada del libro parece vender una cosa que luego es otra), lo cierto es que hay en el libro de Odifreddi algunos artículos sobresalientes. Y también hay otros que se ajustan con perfección al subtítulo del libro: análisis desde las matemáticas de temas en apariencia apartados de la misma, como la literatura.

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¿Cuál es la mejor novela de la historia?

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1140535523_0.jpgAtención, señoras y señores, prepárense para averiguar cuál es la mejor novela de todos los tiempos, la novela que uno debería leer si se considerara un buen lector, la novela que es la suma de todas las novelas, la novela que te impelerá a dar un salto cuántico en la literatura, la novela con marchamo, glamour y profundidad por antonomasia.

El nombre de la novela es …

En los puntos suspensivos podéis poner la obra que vosotros consideréis oportuna. ¿Tal vez la que recibió el premio Booker? ¿La del premio Pulitzer? ¿El Goncourt? ¿El Nobel (aunque esté dirigido más bien a la trayectoria del autor y no tanto a un libro concreto?). ¿El premio de algún ayuntamiento perdido?

Pero ¿los premios son una forma eficaz de escoger un buen libro, algo así como un atajo? No es mi caso: creo que nunca he leído una novela premiada con algún galardón con solera que me haya gustado lo suficiente. En diciembre de 2009, el periódico The Guardian publicó una encuesta realizada a 892 blogueros acerca del que creían que era el peor libro publicado en los últimos diez años. El resultado fue muy significativo: los encuestados escogieron como peores libros a “los ganadores más valorados de los premios Booker”. (Recordaros que el premio Booker se estableció para identificar y premiar a la “mejor novela del año”, y en la actualidad está considerado como el premio literario más importante de este tipo en Inglaterra).

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Si no lo entiendes así es que no entiendes lo que lees

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time-machine-1.jpgMe declaro a favor de Susan Sontag y de su influyente manifiesto de 1966, Contra la interpretación. El estudio académico profesionalizado de los textos literarios me agota hasta límites siderales. Tuve que soportarlo durante mis años de instituto y universidad, e incluso ahora debo esquivarlo de determinadas personas que me rodean: la mayoría gafapastas que sientan cátedra artística sobre tal o cual obra, y si no la entiendes así (o no eres suficientemente onanista para entenderlo así) es que te faltan neuronas.

Tamaña impostura sobre los textos literarios me parece un buen ejercicio mental, como hacer gimnasia o resolver crucigramas. Pero ir más allá, creando cánones estéticos o interpretaciones unívocas (o exageradamente alambicadas) a fin de que se instalen catequísticamente en todo aquel que pretenda llamarse culto, no, por ahí no paso.

Leer es, sobre todo, disfrutar. Y luego viene la empatía, la sensibilidad, el entendimiento profundo, llamadlo como querías, pero todo ello lo considero idiosincrático, personalísimo, incluso muy íntimo. Quizás sirva para plasmarlo en un examen sobre comprensión lectora, pero en ningún caso debe usarse como paradigma de que se ha entendido la obra.

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'Gabinete de curiosidades romanas', para aquellos que pasan de las batallas

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Fresco romano

Dentro de las novedades de este mes dedicadas a la No Ficción, este es uno de los que más me han llamado la atención. Claro que no tiene mérito, porque la cabra siempre tira al monte, pero este Gabinete de curiosidades romanas, escrito por J.C. McKeown, nos promete ahondar un poquitín más en la fascinante vida privada de la Roma clásica. Lo edita Crítica y su precio es 20,90 euros en tapa dura, precio que no está nada mal teniendo en cuenta cómo está el mercado…

Lo que J.C. McKeown se propone es abrirnos las puertas de la Roma más clásica, la madre del Imperio, con sus hechos extraños y sus relatos sorprendentes. Desde los opíparos banquetes de los grandes señores a las complicadas sutilidades (o la falta de las mismas) de las prácticas sexuales romanas. De los elefantes de Aníbal a las supersticiones más comunes. Un viaje en el tiempo en el que mezclarse con gladiadores, emperadores, esclavos y artesanos es posible. Y sin tener que apagar la estufa, oigan.

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Stephen Hawking levanta la polémica con 'El gran diseño'

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Órbitas binarias

Ayer día quince salía a la venta en nuestro país uno de los libros más esperados y no, no se trata de una novela. Estamos hablando de El gran diseño de Stephen Hawking y Leonard Mlodinow donde uno de los pensadores más grandes de nuestro tiempo llega a conclusiones sorprendentes acerca del origen del Universo y, por supuesto, del origen de la vida humana. Lo publica Crítica, especialista en estos temas, en una edición en tapa dura con sobrecubierta a un precio de 21,90 euros. No sé si es bueno o malo, pero ayer mismo comentándolo con un amigo nos sorprendía que fueran tan sólo 240 páginas…

En este libro Hawking pretende dar una nueva visión de la creación del universo, alejada de la tradicional e incluso lejana a la que él mismo sostenía hace unos cuantos años. Hawking y Mlodinow se enfrentan en este libro a las preguntas últimas sobre el Universo y la Vida, no tanto el cómo sino el por qué. Y aquí es donde entra la polémica, porque las conclusiones a las que han llegado no dejan especialmente en buen lugar teorías como el creacionismo o el diseño inteligente. Con ‘El gran diseño’ se llega a la conclusión de que nuestro universo, al igual que otros muchos posibles, surgió de la nada. El propio Stephen Hawking nos lo explica con sus palabras:

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¿Se puede decir que 'Hamlet' es una porquería sin parecer un ignorante?

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¿Qué es un libro bueno? ¿Puedo denostar una obra de Shakespeare o de cualquier otro autor intocable sin parecer un necio o sólo puedo determinar que no me gusta pero, todo y así, reconocerle unas cualidades inherentes?

Antes de sumergirnos en tan peliagudas cuestiones, debo advertir que para hablar de cualquier tema siempre es condición sine qua non reírse de lo intocable, ridiculizándolo, reubicándolo en el justo lugar donde deben estar todas, absolutamente todas las cosas: a ras de suelo, lejos de altares, de genuflexiones versallescas, de protocolos, de persignaciones, de viriles antibalas con alarma de seguridad y de etiquetas con los precios hinchados por la especulación, el charm de pacotilla, la inercia y la moda.

Dicho lo cual, empecemos.

En primer lugar, asombra que muchos de los llamados expertos en Literatura ignoren (y hasta desdeñen) disciplinas fundamentales para el conocimiento íntimo del arte, como pueden ser la neurobiología, la psicología evolutiva o la genética. Los expertos de este tipo, cerrados en su conocimiento, me hacen el efecto de mecánicos que sólo conocen los colores con los que se pueden pintar la carrocería de un coche pero que jamás han levantado el capó para examinar el motor.

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Relájate y disfruta (y III)

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Bien. Llegados a este punto, ¿cuál es la conclusión de toda esta arenga en términos literarios y/o artísticos? La conclusión sería, en pocas palabras, que todos somos víctimas de nuestras miserias, que somos imperfectos, que hasta Terminator, Robocop y algún robot asimoviano (mentes todas ellas matemáticamente consecuentes) han llegado alguna vez a infringir sus directrices.

Conclusión que puede ramificarse con arreglo al siguiente esquema:

Que consumir sólo papillas para bebé o cultura popular es síntoma de un gusto poco adiestrado.

Que consumir sólo caviar o alta cultura y nunca un huevo frito con patatas es síntoma de impostura.

Que creerse superior consumiendo una u otra cosa es síntoma de falta de conciencia de uno mismo y del medio que le ha tocado vivir.

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Ayer se cumplió el bicentenario del nacimiento de Mariano José de Larra

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LarraAyer se cumplieron doscientos años del nacimiento de Mariano José de Larra (1809-1837), figura clave del romanticismo español y a quien se considera padre del periodismo moderno. Su corta trayectoria literaria (no llegó a cumplir los 28 años) fue suficiente para afianzarlo como una de las plumas más lúcidas, críticas y satíricas de la España del momento.

Con motivo del bicentenario de su nacimiento, la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC) ha organizado un ciclo de conferencias, Larra en el tiempo, con la colaboración del Ministerio de Cultura y el Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. El ciclo, que se prolongará hasta el mes de diciembre, se inaugura esta misma tarde con la participación de Jesús Miranda de Larra, estudioso y descendiente del escritor, que presenta su libro Larra. Biografía de un hombre desesperado.

Mariano José de Larra nació en Madrid el 24 de marzo de 1809, en plena Guerra de la Independencia. Sus primeros años de vida los pasó en territorio francés, dado que su padre, un médico “afrancesado”, pidió formar parte del ejército de José Bonaparte como cirujano militar. En 1918, tras la amnistía de Fernando VII, la familia regresó a España y se instaló de nuevo en la capital. A los 19 años comenzó su carrera periodística en ‘El Duende Satírico’, un folleto mensual en el que escribía con ironía sobre las costumbres madrileñas, pero las quejas de algunos de los retratados lo obligaron a cerrar la publicación.

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La imposibilidad de la crítica literaria perfectamente ecuánime

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Éste es, entre otras cosas, un espacio para la crítica de obras literarias. Dejando a un lado las percepciones idiosincrásicas de cada uno de los editores de este blog, ¿es posible que exista un criterio objetivo que enumere una serie de puntos perfectamente sensatos y coherentes acerca de una obra artística? En política, dos personas inteligentes pueden mantener creencias diametralmente opuestas. Si esto ocurre en literatura, ¿significa que pueden coexistir posibles familias de explicaciones y exégesis acerca de una obra y que cada una de ellas puede ser igualmente rigurosa? ¿Tal vez sólo existe un análisis perfecto pero, a causa de limitaciones epistemológicas, nos limitamos a dar válidas cualquier exégesis porque no hay forma de impugnar lo que ignoramos?

Cuando un especialista debe traducir una obra de un idioma a otro, se enfrenta a una disyuntiva casi infinita: una frase puede interpretarse de muchas formas diferentes y no todas ellas poseen una traducción literal. De igual forma, una crítica suele escapar (o debería) de unas reglas estrictas. Por esa razón, las críticas a una misma obra deberían ser, por sistema, distintas entre sí. Esto ocurre con frecuencia, pero no tanto como pensamos. Si muchas críticas se parecen entre sí no es porque exista un código universal para valorar una obra (existe, pero las emociones suelen vulnerarlo).

Si las críticas se asemejan es debido a un efecto de solapamiento que se describe muy bien Fire the Bastards!, de Jack Green, que recoge sistemáticamente las críticas de la novela de William Gaddis The Recognitions. Green demuestra así que muchas opiniones acerca del mérito artístico de una obra son el resultado del contagio arbitrario: una persona lee una reseña de un libro; otra la lee y escribe un comentario empleando parecidos argumentos, pues las ideas se anclan en su mente de forma inconsciente (ya decía Asimov que cualquier teoría puede defenderse con el suficiente aparato retórico). En poco tiempo, aparecen cientos de críticas que, atendiendo a su contenido, se reducen a dos o tres críticas originarias.

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