Paco Ignacio Taibo llegó 1958 a las costas de México. Viajaba en compañia de su esposa, Maricarmen, y de su pequeño hijo Ignacín (al que conocemos hoy como Paco Ignacio Taibo II) en un barco que lo alejaba de su natal España pero que lo acercaba a una vida más tranquila, sin temor, sin hambre ni persecución. Allí se adaptaron de inmediato y dicen que nunca añoraron el terruño, pero su hogar se convirtó pronto en una referencia permanente para la población emigrante.
Grandes figuras fueron alojadas allí por los Taibo: Pedro Garfias, Max Aub, Joan Manuel Serrat, Luis Buñuel o Luis Alcoriza alternaban sus visitas, a veces estancias de varios días en la capital mexicana bajo el cobijo de los amigos. Bien lo recuerda Benito, otro de los hijos de la pareja:
Con la misma lógica con que México nos acogió como familia, él abrió su casa a todos aquellos perseguidos del mundo, para convertirla en un lugar de amistad a toda prueba
Paco Ignacio se dedicó a lo que mejor sabia: escribir. Y hoy, luego de 5 décadas México le reconoce como una de las figuras intelectuales más importantes del país con la concesión del Premio Nacional de Periodismo el cual le será entregado el día 15 de mayo en el Palacio Nacional de las Artes.


A raíz de la recepción del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2007, han proliferado las entrevistas y declaraciones de la escritora Elena Poniatowska, conocida por su producción literaria siempre en los bordes entre la crónica y la ficción. Y es que ciertamente para ella no habría literatura sin su contacto con la gente que es lo que que le permite nutrirse para escribir.
La crónica es un género literario que, junto con otros como las cartas y las autobiografías, se ha ganado tal título luego de una lucha que aún persiste, que es la de dar rango de “oficial” a esas formas marginales de escritura que siempre han estado presentes al lado de las grandes obras literarias. 