
¿Quién no se ha enamorado alguna vez de un cuaderno Moleskine? Y es que es imposible no dejarse llevar por uno de estos cuadernos que a veces consiguen que te pares a observarlos. Sí, es cierto, no son precisamente los más baratos, pero su calidad es incuestionable. El caso es que el otro día, mientras daba una vueltecilla por una de esas tiendas que tanto me gustan, me topé con una edición limitada basada en El principito, el inmortal clásico de Antoine de Saint-Exupéry. Y la verdad es que no puede ser más bonita.
A estas alturas hablar de ‘El principito’ no tiene casi sentido. Todos conocemos esa historia en apariencia simple, y plagada de las metáforas más profundas sobre todas las preocupaciones universales. Y todos hemos acompañado en el viaje a su protagonista, en un encuentro con los personajes más variopintos. En definitiva, un eterno relato que se puede disfrutar a cualquier edad y que, de hecho, deberíamos releer de vez en cuando. Como también sabéis, viene acompañado además de ilustraciones realizadas por el propio autor, lo que todavía lo hace más entrañable.



Y más de noticias de digitalizaciones que dan sorpresas (positivas, en este caso). Buscando información acerca de los cuadernos de apuntes, por otro post que quería escribir, me topé con el espacio que la
Paul Valéry (1871-1945) es una de las voces poéticas indispensables para entender el siglo XX. Obras como El cementerio marino lo sitúan como uno de los referentes de la teoría de la literatura, la estética y la metafísica. Dotado de una personalidad meticulosa y perfeccionista, su producción conoció una proyección exigua en comparación con su capacidad de trabajo. Durante 51 años, Valéry dedicó las primeras horas del día en fijar sus “pensamientos del alba” en unos diarios filosóficos que llegaron a ocupar 261 cuadernos de notas.