
A quién no se le ablanda el corazón cuando escucha villancicos o ve “Qué bello es vivir” en Nochebuena. O quién no recrea sus propios fantasmas del pasado haciendo balance a final de año. Pues a más de un Scrooge, seguro. ‘A Christmas Carol’ es la popular novela corta de Charles Dickens que se ha traducido al castellano como ‘Canción de Navidad’ o ‘Un cuento de Navidad’. Se trata de todo un clásico, escrito en 1843, en el que se aborda el tema del poder de la Navidad y los buenos sentimientos en esta época.
Cada año por estas fechas podemos ver en televisión alguna de las decenas de adaptaciones que han recreado este cuento, desde dibujos animados fieles al relato original a las más variadas actualizaciones del tema, incluso en clave de comedia. Pero no por ello deja de agradar al lector, que encontrará en ‘Un cuento de Navidad’ una narración amena y con un trasfondo social que nos traslada a la realidad del Reino Unido durante la revolución industrial en el siglo XIX.
Así, descubrimos la existencia miserable de los trabajadores y las capas más bajas de la sociedad, una realidad que Dickens bien conocía y deseaba cambiar. Bondad y caridad podrían remediar algunos de los grandes males de la época, como el maltrato a los niños, la explotación de los obreros, la mendicidad, la prostitución…


El cuento que nos ocupa no es uno de los más conocidos del estadounidense Edgar Allan Poe, quizá tampoco de los más notables, pero sin duda constituye una de las primeras muestras de sadismo exacerbado del autor.
Horacio Quiroga es, sin lugar a dudas, uno de los referentes más importantes de la literatura latinoamericana y es, al mismo tiempo, un caso único dentro de ella. Es, de hecho, casi imposible, no hablar de él cuando se hace la historia de la literatura del continente y sobre todo cuando se habla de la historia de la cuentística.
Como cada año desde 1982, varias organizaciones entre las que se cuentan el Instituto Cervantes y la Casa de América Latina convocan un premio de cuento y novela corta en homenaje al escritor Juan Rulfo. Este autor fue una de las figuras clave de la corriente conocida como realismo mágico y sirvió de inspiración a escritores de la talla de Gabriel García Márquez.
Raymond Carver fue un escritor americano muerto hace ya casi 20 años. Considerado como uno de los máximos exponentes del realismo sucio (estructuras minimalistas, personajes convencionales, pocos detalles…), como muchos otros sufrió el “síndrome del papel en blanco”.
El escritor coruñés José María Merino, en su intervención en Los martes literarios de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, ha lanzado varias ideas interesantes sobre la función de espacio y la extensión en la literatura. La primera es la de elevarlo al rango de personaje. Merino afirma que en sus dos próximas novelas hará de una montaña y de un espacio lacustre o fluvial personajes principales de la obra, al igual que hizo con una isla mediterránea en su última novela, El lugar sin culpa.
El Premio Tiflos de Literatura es probablemente uno de los más interesantes que existen, ya que está dirigido a premiar la producción literaria de invidentes y disminuídos visuales. 