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Cuentos de Canterbury

‘El cuento del antepasado’, de Richard Dawkins

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Éste es el último libro traducido del influyente y multipremiado Richard Dawkins (Nairobi, 1941). Hace tan poco que salió de la imprenta que aún está caliente. Su tamaño puede asustar: casi 900 páginas de letra diminuta. Y hay razones para asustarse: si no estás realmente muy interesado en temas como la evolución, la biología y la antropología, es mejor que no pierdas el tiempo, porque algunos fragmentos son densos, técnicos y prolijos. Sin embargo, aunque el interés sea medio, vale la pena el esfuerzo aunque para disfrutar de algunos de los legendarios capítulos; capítulos que demuestran cuán diversa y pluscuamperfecta puede llegar a ser la vida en la Tierra.

Este mamotreto constituye una apasionante y tremendamente erudita regresión histórica-biológica hacia el pasado, empezando por nosotros, y pasando por los chimpancés, los lobos, las aves, los delfines, los árboles, los dinosaurios, las bacterias, los líquenes, y así, animal por animal, hasta llegar al denominado por Dawkins como “El gran encuentro histórico”, las primeras células eucariotas.

Para hacer más ameno este cuento hacia atrás en el tiempo, bajando cada vez más el nivel de complejidad (aunque quizá subiendo el nivel de exotismo, singularidad y maravillosa extrañeza), Dawkins ha tomado prestada la estructura narrativa de los Cuentos de Canterbury, de Chaucer. Si en la obra de Chaucer los cuentos de los peregrinos aspiraban a ser una reflexión sobre la vida humana en general; aquí los cuentos son una poliédrica reflexión sobre la vida biológica en toda su extensa diversidad, y los peregrinos han pasado a ser los diferentes animales de los que se habla, que, como aquéllos, se reúnen alrededor de un fuego para contar su historia más íntima.

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[Un relato a la semana] El cuento del bulero, de Geoffrey Chaucer

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ChaucerChaucer escribió Los Cuentos de Canterbury entre finales del siglo XIV y principios del XV. Se trata de la primera obra escrita en inglés, ya que hasta entonces sólo se escribía en latín o francés, lenguas que sólo eran accesibles para la gente que tuviera una cierta formación cultural. Los cuentos recuperan viejas leyendas e historias populares cargados de enseñanzas que forman un conjunto cohesionado a través de un hilo conductor, a la manera de las narraciones del Decamerón o Las mil y una noches.

En este caso, el hilo conductor es una peregrinación desde Southwark a Canterbury. Por el camino, los peregrinos se encuentran con diferentes personajes que les irán relatando las historias. Cada uno de ellos es el reflejo de diferentes clases sociales y oficios de la época; así, nos encontramos con un molinero, un marino, una monja, un bulero…

Cada cuento viene precedido por un pequeño prólogo en el que se relata brevemente el encuentro entre los peregrinos y cada uno de estos personajes. En el cuento que hoy nos ocupa, el bulero presenta su oficio de vendedor de indulgencias. Sin rubor alguno, cuenta cómo engaña a todos aquellos ciudadanos temerosos de Dios para obtener limosnas a cambio de perdonarles sus pecados. Así pues, este relato es un ejemplo de la óptica crítica que adoptaba Chaucer a la hora de retratar la sociedad de la Edad Media.

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