Si hace unos días hablábamos del último libro de A. J. Jacobs, editor de la revista Esquire, en la que se proponía seguir todos los mandamientos de la Biblia durante un año, hoy vamos a ocuparnos de su primera obra, editada en 1997, una antología de cuentos muy particulares dirigidos a niños de 0 a 100 años.
Cuentos de hadas retorcidos es una irónica revisión de todos los cuentos populares que nos contaban de niños, actualizados de tal manera que no es extraño encontrar continuas referencias contemporáneas en ellos. Aquí las brujas usan dólares, los príncipes no siempre están interesados en las princesas y a los ogros puedes contratarlos por teléfono como si fueran rudos porteros de discoteca. Una cosa sí que conservan todos los personajes: una actitud bobalicona y disneyniana que, por contraste con una realidad mucho más compleja que la de antaño, produce la sonrisa continua.
En ocasiones me recordaba el fino humor de A. J. Jacobs, muy inglés él, al de los mejores gags de Shrek, una película que también se propuso dinamitar en su día todas las convenciones del género del cuento infantil. Como en toda antología, hay historias un tanto irregulares, pero en general el balance es muy positivo. Y como los cuentos nunca pasan de las 4 o 5 páginas, uno empieza con uno y ya no puede dejarlo. Gustará a adultos, pero estoy convencido de que los niños también captarán la retranca de muchas de las imágenes. Algunos títulos, como Vulgarcito y La guapa y la Bestia, ya nos dejan entrever que el autor va a tocar lo intocable.

A. J. Jacobs ya es conocido en Estados Unidos como autor de libros ingeniosos, irreverentes y polémicos. Editor de la revista Esquire, saltó a la palestra cuando escribió un curioso libro sobre su experiencia al leerse los 32 volúmenes de la Enciclopedia Británica, de la A hasta la Z, en su edición del año 2002. El libro se llamó entonces, The Know-It-All: One Man´s Humble Quest to Become the Smartest Person (El sabelotodo: la humilde búsqueda de un hombre para convertirse en la persona más lista del mundo). Por desgracia, en España aún no ha sido traducido. 