¿No queríais sopa? Pues hale, tres tazas. Es lo que está ocurriendo al otro lado del charco, en Estados Unidos, a propósito de la obsesión por proteger la industria cultural (que no la cultura). Es lo que ocurrirá el 24 de enero si se aprueba finalmente la ley SOPA (Stop Online Privacy Act, por sus siglas en inglés), a través de la cual se pretende defender los derechos de autor, regulando sitios que puedan publicar contenido sin los derechos de autor correspondientes.
La ley le cedería al Departamento de Justicia de Estados Unidos las herramientas para criminalizar a los sitios web que alojen contenidos ilegales, que no cuenten con los permisos de autor.
Vamos a simplificarlo mucho. Hasta el nacimiento de Internet, un grupo de gente ganaba mucho dinero con un modelo de negocio consistente en vender copias en serie de sus productos audiovisuales. Con la llegada de Internet, copiar se ha vuelto tan barato que seguir vendiendo copias resulta ineficaz (tal y como pasaría si alguien inventara una máquina para copiar jamones). ¿Para qué vamos a pagar (o pagar más de unos céntimos) por algo que podemos obtener de forma muchísimo más barata? Sería como obligar a la gente a seguir comprando ropa fabricada en telares manuales y no telares mecánicos. A comprar hielo traído de las montañas y no hielo concebido en nuestro frigorífico.



Vivimos en tiempos (afortunadamente cada vez menos) en los que parece que para granjearse el aplauso académico o popular hay que confesar que no se tiene televisión en casa (versión Light) o hay que despotricar contra la caja tonta (versión Premium).
Como os señalaba en
Que si “okey”. Que si “cool”. Que si WTF (popular acrónimo que significa ¡qué diablos!, What The Fuck). Que si 

5. Distanciarse. Analizar los problemas con perspectiva. Es importante conocer estadísticamente la realidad para afrontar cualquier problema. ¿De qué sirve angustiarse porque no somos capaces de volar si sabemos que nadie es capaz de hacerlo?
Sin embargo, en el ámbito académico no todo está perdido. Ya existen algunas iniciativas al respecto, como el programa conocido como “Filosofía para niños”. Olvidaos de Platón y Aristóteles o de memorizar sus vidas y años de nacimiento y muerte. El programa está orientado a pensar filosóficamente mediante cuentos que captan el interés del estudiante.