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Cultural

'Bueno para comer' de Marvin Harris

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Bueno para comer

Marvin Harris, uno de los grandes antropólogos, muestra en Bueno para comerque los alimentos preferidos son aquellos que presentan una buena relación de costes y beneficios prácticos. La arbitrariedad de los hábitos alimentarios puede explicarse mediante elecciones relacionadas con la calidad de la nutrición del grupo y con la ecología.

Para mi es uno de esos libros que considero indispensables para nutrir el librepensamiento y la capacidad de reconsiderar la pesada carga del etnocentrismo.

La obra se publica por primera vez en 1985 y la primera edición castellana data de 1989.

¿Sentís repugnancia si pensais en comeros un estofado de perro? ¿Y un buen plato de chinches fritas? ¿Saltamontes? ¿Hormigas? ¿Serpiente? ¿Carne cruda? ¿Humano? ¿Caballo?

El perro, sin embargo, es una delicia para chinos y para los indios de las praderas. Los insectos son tan sucios como cualquier otro alimento una vez han sido cocinados. Incluso la antropofagia, si no está precedida de un asesinato, lo que en realidad solía suceder, no tiene contraindicaciones alimentarias excepto si el comido padecía una enfermedad transmisible a pesar del cocinado. Los caballos, en realidad, no son tan diferentes de vacas o cerdos.

Hay culturas para las que beberse un vaso de leche de vaca sería tan repulsivo como para nosotros un trago de orines. Otros veneran las vacas y tienen prohibido su consumo. El cerdo es abobinable para los musulmanes y judios. La mayoría, por no decir todos, los tabués alimentarios tienen un orígen cultural. Los alimentos que para unos son impensables pueden ser delicias para sus vecinos.

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Literatura y Televisión: los inicios

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Aquí comienza nuestro repaso particular a la historia del binomio literatura – televisión en España. Desde Papel en Blanco deseamos que cada post de esta serie traiga buenos recuerdos a los lectores y, especialmente, invite a la reflexión. Porque televisión no es sinónimo de telebasura. ¡Feliz viaje al pasado¡

Aunque los primeros programas de este tipo empiezan a aparecer en TVE en el año 1958 no puede hablarse de una verdadera experiencia cultural, ya que en los inicios los contenidos aparecen siempre vinculados con un intento de manipulación o de transmisión de los valores propios del régimen franquista. Del mismo modo las personalidades invitadas a los programas culturales se dedican a promulgar ideas sin ningún tipo de objetividad ni crítica al gobierno. Se elaboraron “listas negras” y en líneas generales se silencia toda forma de expresión y creación crítica con el franquismo.

A pesar de esto será la España del régimen franquista la encargada de incubar la unión de un interesante binomio que propiciará la creación de un nuevo formato televisivo porque será en los años 1958 y 1959, cuando aparezcan los dos programas pioneros de este tipo de espacios. Se trata de los programas Tengo un libro en las manos y Universidad TV, iniciados por el intelectual Luis de Sosa.

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Perfomances narrativas

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AGMEl Cultural publicó la pasada semana un plus acerca de la fragmentaria y revolucionaria (en el panorama nacional) Nocilla Dream.: una entrevista con su autor, Agustín Fernández Mallo, y un fragmento de la obra. Se agradece este necesario extra al brevísimo comentario, sin embargo pesa todavía la ausencia de crítica, cuando hay libros que reciben entrevista, crítica y fragmento. La ausencia de reseña me parece, cuanto menos, sintomática y veremos si se publica en un futuro.

Más avispado parece José María Pozuelo Yvancos en su crítica al hablar de un libro vivo cuya estética responde a una percepción del mundo (o los avances tecnológicos que nos rodean). Y aunque, efectivamente, Nocilla Dream es un libro de estética blog, pero también afortunadamente mucho más.

EL SENABRE INSATISFACTORIO

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Los recuentos de los suplementos culturales patrios ya están casi todos listos (falta por ver el repaso de Babelia). Ricardo Senabre califica de insatisfactorio el 2006 para las letras españolas. Supongo que este juicio es más bien inexacto: no deja de ser una postura complaciente premiar a Eduardo Lago, premio Nadal, por “usar muchas técnicas narrativas” por una novela tan inofensiva como Llámame Brooklyn.

El problema del enfoque de Senabre sigue siendo representativo: su crítica al posmodernismo es perezosa y superficial. Cuando, por fin, parece haber cambios figurando en la lista la fragmentaria y arriesgada Nocilla Dream de Agustín Fernández Mallo, el crítico se lamenta de que sean técnicas ya usadas en los años 30. Toma engarrotamiento, dogma y mandamiento. Como si la literatura fuese un lugar de inventar cosas nuevas. Este alarmante problema de lenguaje impide que el crítico tome en consideración que, a estas alturas de la historia de la cultura humana, la gracia no estriba tanto en inventar nuevas técnicas como en explorarlas de formas que no se hayan hecho antes.

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