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David Foster Wallace

‘Cosas que hacen bum’ de Kiko Amat

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Menudo título, señores. Cosas que hacen bum tiene esa clase de títulos que te empujan a proyectar el brazo hacia la estantería para, como mínimo, leer la sinopsis. Después de leer la sinopsis, os lo garantizo, estaréis tentados de leer al menos la primera página.

La sinopsis, agárrense, es tan abracadabrante que resulta difícil de sintetizar. Un adolescente llamado Pànic Orfila, diferente, anárquico, reflexivo, obsesivo, amante de los libros y la canciones que esa masa estólida llamada humanidad ni lee ni escucha, conoce a los Vorticistas, un extraña banda de dandis revolucionarios del barrio de Gracia de Barcelona que tiene un plan secreto en el que se mezcla rebelión y hedonismo.

La primera página empieza de la siguiente manera:

La obsesión es una fiebre. Una rabia loca, enfocada hacia un solo punto, que empieza a acelerar sin que nadie pueda detenerla. La obsesión es un deseo multiplicado, y ese deseo me ha llevado hasta aquí. Estoy volando a 111 km por hora en dirección a un árbol del camping La Ballena Alegre, en la autovía de Castelldefels. Cuando impacte contra él, mi cuello se partirá como un barquillo mojado en champán, pero de momento estoy paralizado en el aire en la postura de volar. Soy una pieza de taxidermista, suspendida del cielo por hilos de oxígeno. Los ingleses tienen una expresión para eso: in mid-air. Espero que esta parálisis pasajera me dé el tiempo suficiente para contar lo que tengo que contar; es una historia bastante larga. Estoy volando a 111 km por hora porque hace uno segundo estaba subido a una Vespa 160, conduciendo sin manos. Me subí a la Vespa porque antes intenté realizar el Último Vals Salvaje, y falló. Mi Último Vals Salvaje era la única manera que encontré para extirpar la obsesión. Ésta es una historia de obsesiones.

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‘¡Vida mostrenca!’ de Jordi Costa

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Los que estamos al tanto del movimiento cultural más o menos alternativo (y también del ortodoxo), ya sea en el ámbito del cine, la música o las letras, conocemos el erudito y pluscuamperfecto bolígrafo de Jordi Costa (Barcelona, 1966), colaborador omnipresente en diversos medios de prensa escrita y televisión.

Así pues, si os gusta su forma de escribir y su visión esquinada de las cosas, no os podéis perder el libro que nos ocupa.

¡Vida mostrenca!: Contracultura en el infierno postmoderno es una recopilación de los artículos que Jordi Costa escribió en la sección semanal Vida Mostrenca en el suplemento Tentaciones del diario El País desde el 3 de diciembre de 1999 hasta que le cerraron el chiringuito.

Este no es un libro de cultura basura. O no exactamente. Es un alegato a favor de la originalidad, de los caminos poco transitados y de la lucha contra la homogeneidad, la apatía y el discurso oficial de la cultura. Aunque, sí, también es una excelente forma de conocer nuevas maneras de hacer cultura que pueden asquear o fascinar, o ambas cosas simultáneamente.

Según Costa, el término mostrenco es “aquel sujeto que no tiene casa, ni hogar, ni señor, ni amo conocido.” Es decir: ser mostrenco se parece mucho a ser libre. El arte mostrenco sería aquél que se resiste al encasillamiento taxonómico.

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‘Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer’ de David Foster Wallace

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El periodismo gonzo es un subgénero del periodismo que implica al propio periodista o reportero en la noticia, convirtiéndolo en un actor más, y que no busca tanto la noticia como el contexto donde se desarrolla la noticia. El término se usó para describir el estilo narrativo del periodista y escritor estadounidense Hunter S. Thompson. En 1970, su artículo titulado El Derby de Kentucky es Decadente y Depravado fue descrito por Bill Cardoso, del Boston Globe, de gonzo puro.

El término gonzo parece provenir de la jerga irlandesa, refiriéndose al último hombre que queda en pie después de una “maratón de alcohol”.

Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, en cierto modo, podría considerarse un ejercicio de periodismo gonzo en forma de libro de viajes. Aunque este corrosivo ensayo de David Foster Wallace en poco o en nada se parece a un libro de viajes convencional. Tal vez podría ser el primer libro de antiviajes que he leído: tras finiquitarlo, lo último que se te pasa por la cabeza es no repetir, bajo ningún concepto, el viaje que protagoniza el autor.

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Se suicidó David Foster Wallace

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David Foster Wallace RIPHe intentado varios títulos para este post pero la noticia no da para mucha poesía ni para muchas ironías. No permite rodeos: el famosos escritor David Foster Wallace de quien, por cierto, nuestro compañero Sergio Parra escribió hace muy poco una reseña, fue encontrado muerto este viernes pasado en su casa de Claremont, Los Ángeles.

No hay lugar a dudas, la causa de la muerte ha sido suicidio. Su esposa lo encontró ahorcado al llegar a su casa y asi reza el parte policial. Foster Wallace de 46 años era un escritor de culto. Luego de haber escrito La niña del pelo raro y Una broma infinita recibió en 1997 la beca Genius de la fundación Mac Arthur. Posteriormente escribió Entrevistas breves con hombres repulsivos (1999) y Extinción (2004).

Un escritor fundamental de la nueva narrativa norteamericana. Sus relatos, ensayos y su novela tendrán por seguro un lugar importante en la historia de la narrativa de finales del siglo XX y principios del XXI. La ironía ha sido llevada a sus últimas consecuencias o el autor ha llegado a convertirse en lo que habría podido ser o hacer cualquiera de sus personajes. Toda muerte es lamentable, pero ésta lo es especialmente. R.I.P. (Descanse en paz).

Vía | Los Ángeles Times
En Papel en blanco | La buena gente, ‘Entrevistas breves con hombres repulsivos’, David Foster Wallace

‘Entrevistas breves con hombres repulsivos’, David Foster Wallace

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Dicen por ahí que David Foster Wallace es uno de los escritores norteamericanos contemporáneos más brillantes y originales, además de ser ofensivamente joven (Nueva York, 1962). También fue acusado Foster Wallace de mostrar su genio sólo con cuentos cortos y ensayos, así que, cansado de tanta crítica, Foster Wallace acabó presentando una novela pantagruélica, multiforme e hipnótica titulada (quizá no tan caprichosamente) La broma infinita. Hoy no vamos a hablar de ella, sin embargo, pues requeriría de un espacio excesivo para este blog. Hoy toca su antología de cuentos con el título más llamativo de su bibliografía: Entrevistas breves con hombres repulsivos.

La antología lo componen 23 cuentos que basculan entre la lucidez y la sordidez, diagramando la psicología más secreta y abyecta de unos personajes ya de por sí marginales. Y Foster Wallace incide en esas psicologías con una precisión microscópica que da miedo. Y no estamos exagerando: parece usar un microscopio electrónico de barrido que evidencia hasta los matices más superfluos de alma, llegando a límites de precisión que rozan el aparente ridículo. El ejemplo paradigmático de este estilo obsesivo con los detalles psicológicos lo representa sin duda La persona deprimida, donde Foster Wallace se recrea hasta la extenuación en todos los procesos mentales, inferencias, autorreflexiones, autoengaños, análisis infinitos, digresiones extenuantes sobre intencionalidades de segundo, tercer y cuarto nivel del estado anímico de una mujer deprimida buscando desesperadamente un salvavidas emocional. Quizá el cuento más excepcional de esta antología irregular (irregular como corresponde a la mayoría de antologías).

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La buena gente

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fosterDavid Foster Wallace es el escritor joven que más ha dinamitado con su trayectoria el concepto de nueva promesa. ¿Por qué? Con sólo treinta y tantos ya publicó su gran (su BÍBLICA, casi) novela americana: La broma infinita (que me cuentan que es imprescindible). Antes, durante el breve reinado de Bret Easton Ellis y la novela chungosocial posthorrorífica, el señor ya se había desmarcado con una novela todavía inédita en castellano (The broom of the system) y uno de los más originales y a estas alturas obligatorios libros de relatos contemporáneos (La niña del pelo raro).

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