A ti, con mucho afecto, de mí. Con ligeras variaciones, la mayoría de las dedicatorias de los libros tienen esta estructura básica. También hay autores muy originales, que se lo curran en cada dedicatoria, pero son los menos.
Admito que yo he dedicado muy pocos libros en mi vida, y cuando lo he hecho me he sentido tremendamente incómodo. La primera vez que lo hice fue la mejor: estaba tan nervioso que escribí algo sin sentido, y luego estuve unos segundos valorando la idea de tacharlo o seguir adelante, en plan excéntrico. Al final lo taché: imaginaos el pastel. La segunda vez también fue memorable: lo escribí todo en mayúsculas por miedo a que fuera ilegible. Ya os podéis imaginar cómo me iba el pulso.
¿De dónde surgió la costumbre de dedicar libros? Lo cierto es que se ignora, pero durante siglos fue una práctica restringida al ámbito familiar o al círculo más íntimo de amigos. Como debería ser.

Desde hoy y hasta el próximo domingo puede visitarse en Madrid la exposición Dedicatorias. Un siglo de libros dedicados, organizada por el Gremio Madrileño de Libreros de Viejo en el marco del 