¿Son los intelectuales los frikis del siglo XXI?
Hace unas semanas ADN entrevistaba a Alberto Santos, editor del sello independiente del mismo nombre y responsable de traer a España literatura de terror y ciencia-ficción con un perfil muy pop: novelas sobre Star Wars, Star Trek, manuales sobre el cine gore… En un momento dado a Santos se le pregunta sobre las distinciones entre alta cultura y cultura de masas, a lo que él afirma que la separación ha quedado abolida ahora que los frikis tienen hasta su dia del orgullo. Pero a continuación lanza este pullazo:
Lo que se consumen son novelas de género, ciencia-ficción, aventuras, novela que a la gente les entretiene… novelas más serias, novelas de ambiente, pues es una literatura más… [cara de asco y desprecio mientras busca cómo decirlo] yo diría que los más raritos que éramos nosotros ahora son ellos… la literatura sesuda ha quedado marginada.
Lo que viene a diagnosticar Alberto Santos es que el término ‘friki’, que una vez fuera despectivo, ahora es trendy y fashion (ocupó una portada en el suplemento Tentaciones, no digo más) y su fascinación ha conquistado los corazones del gran público. La gente ha dejado de comprar los últimos éxitos de Kafka, Musil o Cioran y se lanzan en masa sobre las novelas de las Guerras Clon. Los lectores de Luis Mateo Díez o Juan Goytisolo son ridiculizados por las personas de bien que leen en el metro la biografía de Paul Naschy.
Obviamente es una trola. Alberto Santos miente en dos cosas. La primera, la ‘cultura friki’ no ha triunfado sobre la ‘alta’, ha triunfado sobre su propio complejo de inferioridad. Segundo, la ‘cultura alta’ no ha quedado arrinconada ahora: lo ha estado todo la vida. La diferencia es que ahora empieza a perder su arrogancia clasista.

