
Que nuestros lectores picados por la escritura lo prueben. Los diccionarios son una fuente de ficción continua siempre y cuando se usen como es debido. Ya saben ustedes que estas armas la carga el demonio. El demonio del que hablaba Vargas Llosa en su ensayo Cartas a un joven novelista o los fantasmas de los que se ocupa Ernesto Sábato en El escritor y sus fantasmas. Da igual: el diablo o fantasma que llevamos dentro carga los diccionarios para dispararle al folio en blanco. Expliquemos el asunto.
Los diccionarios son como un supermercado por el cual te puedes pasear e ir comprando ingredientes para luego guisar tus argumentos. Son una suerte de bitácora para el universo, porque desde allí las cosas van adquiriendo nombre y su textura y abandonamos, a fuerza de saber cómo se llaman las cosas o qué significan, la imprecisión y la falta de confianza con las historias que vamos a contar.

Ahora vayamos a la cultura islámica. En su forma de concebir sus diccionarios y enciclopedias también somos capaces de atisbar cómo veían y clasificaban culturalmente su mundo. Por ejemplo, la enciclopedia islámica del siglo IX Kitab ´uyun al-Akhbar (El libro de las mejores tradiciones), estaba dividido en las secciones Poder, Guerra, Nobleza, Carácter, Enseñanza y Elocuencia, Ascetismo, Amistad, Oraciones, Alimentos y Mujeres.
Varios periódicos españoles inician mañana una interesante colección para aficionados a la lectura, a la escritura o simplemente amantes y curiosos de la lengua castellana. Se trata de “Los grandes diccionarios de la lengua”.

Me he topado hoy con la existencia de este
Hay quien prefiere el castizo “bitácora” y lo celebro, pero se acabaron los días de tachar de asesinos del castellano a los que usamos cotidianamente el término ‘blog’. La tercera edición del mítico Diccionario de uso de español de María Moliner recoge y oficializa este término junto a sus nuevas incorporaciones. En total, según su coordinador Joaquín Dacosta, son 90.400 entradas, 140.000 acepciones y 4.000 gentilicios nuevos.
Hoy en día no basta con sacar una gran obra en papel. Las ventajas que supone internet para difundir la obra de un autor son absolutamente innegables, y el formato que se escoja para ese cometido puede depender mucho del resultado final.