Para un fanático de la lectura no puede haber mejor anuncio: todos los libros, tanto del pasado como del presente, serán digitalizados y estarán disponibles las 24 horas del día, los 365 días del año, y generalmente de forma gratuita. Sólo imaginar esa Biblioteca de Alejandría formada con ceros y unos consigue que al más pintado se le suba una trepidación por el pecho.
¿Os imagináis recuperar ese libro durante tantos años inencontrable? ¿Leer lo que queráis y cuando queráis? ¿Qué nada se pierda nunca jamás?
Os voy a contar la historia de cómo empezó a fraguarse ese objetivo. Y también a qué altura estamos de esa utopía. Pero, sobre todo, os voy a explicar qué riesgos comporta para la cultura que algo así acabe materializándose.
A estas alturas de la película, todo el mundo sabe quién es el mecenas beatífico que está digitalizando todos los libros del mundo: Google. Pero el problema de ese acto aparentemente altruista es que nos parece una suerte de mecenazgo cuando en realidad es una operación económica perfectamente orquestada.
Google (al menos de momento) no os va a vender libros, ni tampoco os hará pagar por leerlos. Pero Google es como ese mito del camello que se acerca a las puertas de un colegio para regalar su droga a fin de vendértela más tarde, cuando estás completamente enganchado a ella. Pero aún es más retorcido.




A fin de subir otro pequeño peldaño de la difusión cultural sin barreras, Goggle y el gobierno de Italia firmaron ayer un acuerdo, el primero del mundo de este tipo, para digitalizar hasta 1.000.000 de libros de las bibliotecas nacionales de Roma y Florencia. 


La Biblioteca Nacional de España ha digitalizado cerca de 36.224 páginas de manuscritos del Siglo de Oro español. En colaboración con la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, la Biblioteca Nacional acaba de inaugurar un 