feed

disciplina

Si puedes evitar comerte una chuchería, es posible que tengas mejores aptitudes para ser un gran novelista

7 comentarios

caramelo-nino.jpgUna de las imágenes que más daño han hecho a la profesión de novelista es aquella en la que aparece un tipo bohemio dándole a una Underwood como quien pica piedra. Clas-clas-clas. Como si la literatura fluyera por sus dedos con nervio, empuje e inspiración divina. La idea que subyace a este estereotipo es: el arte surge del interior, lo tienes o no lo tienes; la transpiración es para los obreros.

Y sí, hay inspiración, y también momentos en los que los dedos bailan solos. Pero en la mayor parte del proceso subyace la transpiración, la corrección y la disciplina. Hay autores que pueden pasarse horas sólo para cambiar el punto de una frase. Generalmente, un autor honesto admitirá que invierte más tiempo en corregir su texto que en escribirlo a vuelapluma. Escribir, muchas veces, es como practicar neurocirugía, no como tocar las maracas.

Así pues, hay dos pilares básicos en los que se sustenta la buena literatura: el esfuerzo y la disciplina.

Vayamos primero al esfuerzo. Carol Dweck, psicóloga de Stanford, ha dedicado años a demostrar que uno de los elementos fundamentales de la educación satisfactoria es la capacidad de aprender de los errores. Sin embargo, acostumbramos a enseñar justo lo contrario. Si un niño comete errores, es que no es muy listo. El listo no comete errores, y además le elogiamos precisamente por ello, por ser listo. Pocas personas son las que elogian a los demás por su esfuerzo, y no por su capacidad innata.

La imagen estereotipada del escritor, pues, contribuye justamente a ese tipo de elogios. Se elogia al escritor inspirado, loco, borracho de palabras, pero raramente al artesano, al que lee diccionarios para adquirir vocabulario, al que corrige durante años un manuscrito, a lápiz, minuciosamente, como un ingeniero trajinando en un circuito impreso.

Leer más

Anunciate aquí
Anunciate aquí

Junot Díaz, la identidad, la lectura, y el elogio de la lentitud

2 comentarios

Junot Díaz 2Junot Díaz estuvo en Madrid para presentar su novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao (Mondadori) por la cual fue ganador del Premio Pulitzer de este año. Eso de por sí ya es una noticia y seguramente alguno de ustedes pudo verlo el día de la presentación o, incluso (¡ojalá!) haya conseguido intercambiar algunas palabras con él y salir del recinto con un ejemplar firmado.

De la reseña que leo de una entrevista que brindó en esa oportunidad, quiero sin embargo, enfocarme en lo que reflexiona en torno a la naturaleza del oficio de escritor y a la relación entre velocidad y lectura. Para Díaz, nuestra cultura necesita desacelerar un poco y encontrar un punto de reencuentro con un ritmo más lento para recuperar su humanidad. La lectura y la literatura han sido algunas de las actividades más afectadas por el acelerado ritmo de nuestra contemporaneidad.

Se ha dejado de leer en parte porque no se encuentra tiempo para hacerlo. Leer es un acto solitario y necesitamos un tiempo para estar solos y poder entrar en contacto con otro ser humano a través de la lectura; es allí donde habla de la necesidad de un slow life movement como dice. Y no es el único, porque basta con una búsqueda en Google para darnos cuenta de que lo que propone ya está en boca de muchos propulsores de una forma de vivir más sosegada y creativa.

Leer más

Anunciate aquí
Anunciate aquí

WSL Weblogs SL