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Disney crea un portal para leer libros online

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Disney Digital BooksLas nuevas generaciones nacen enganchadas al tren de la tecnología, si antes se decía que un niño traía un pan bajo el brazo, ahora el kit incluye conexión ADSL, puertos USB y un perfil en el Facebook, como poco. La Walt Disney Company, esa gran fábrica de sueños habitada por patos y ratones en sus comienzos y ahora modernizada con el toque de Pixar, ha creado Disney Digital Books, un portal para que los más pequeños lean libros online.

Se trata de libros interactivos dirigidos a niños de entre 3 y 12 años. La web está organizada para que se puedan realizar búsquedas por nivel de lectura y por personaje, desde la Sirenita, Nemo y Winnie the Pooh hasta el fenómeno adolescente de Hannah Montana. Los primeros lectores disponen de la opción ‘look and listen’, en la que los cuentos son leídos en voz alta por actores, están acompañados por música y, a medida que se lee, las palabras son iluminadas a modo de karaoke. Para los niños que ya leen solos existe la opción de señalar una palabra para descubrir su significado (mediante un diccionario incorporado) o escuchar cómo se pronuncia. Otro de los objetivos del portal es potenciar el aprendizaje del inglés, especialmente en centros educativos del extranjero.

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‘No Logo’ de Naomi Klein

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El grueso y denso No Logo: el poder de las marcas, de la periodista e investigadora Naomi Klein (Canadá, 1970), personaje de gran influencia en el movimiento antiglobalización y el socialismo democrático, fue uno de los ensayos mejor vendidos y más populares (entre los que llevan antiparras de pasta) de por allá el año 2000.

La pereza y cierto prejuicio no me permitieron disfrutar de la obra por aquel entonces, así que lo hago ahora con un poco de retraso (aunque las claves que expone Klein son aplicables al ahora) y cierto rubor.

Lo confieso. Acabo de regresar de Nueva York y traigo una maleta llena de ropa de The Gap. También algo de Old Navy (el reverso popular de The Gap). He estado tentado de adquirir algún producto Apple. He tomado café en Starbucks. Una hamburguesa en Wendy´s. He comprado (de todo) en los omnipresentes Duane Reade. Me he hecho con dos libros en la superlibrería Barnes & Noble. Me apetecía probar qué se sentía al entrar en un Wal-Mart a las 4 de la mañana.

Lo confieso todo, no sin cierto rubor, sobre todo después de la lectura de No Logo. Pero el rubor no me preocupa, sino el retraso. Me arrepiento de haberme retrasado en leer un libro como éste, que con sus defectos y virtudes, es condenadamente interesante. Y no me extraña en absoluto que en tan poco tiempo se haya convertido en todo un clásico, y no sólo por el tufillo antisistema y rebelde que desprende, sino por el rigor intelectual y el alud de secretos que nunca aparecen en los medios de comunicación masivos.

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Pinocho cumple 125 años

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PinochoCarlo Collodi era amigo de las fiestas y amante de las mujeres, y también un anticlerical contumaz. Sin embargo, cuando no estaba empinando el codo o divirtiéndose en alguna alcoba, Collodi publicaba por entregas un serial infantil titulado Storia di un burattino (Historia de un títere).

Más tarde, su editor apostó por editar la historia completa, y entonces nació una de las obras más universales de la literatura infantil: Las aventuras de Pinocho. No en vano, se ha reeditado 187 veces, se ha traducido en casi todos los idiomas y se ha adaptado al cine en infinidad de ocasiones (la más célebre, la realizada por Disney en 1940); y la primera edición del cuento está valorada en nada menos que 7.500 euros.

Y es que Pinocho no sólo forjó una iconografía de la mentira reconocible en todo el mundo: el alargamiento de nariz (efecto secundario que, en cierto modo, ahora ha sido refrendado por la psicología: si mientes, sueles frotarte inconscientemente el puente de la nariz). También rompió un esquema muy rígido en los cuentos infantiles: presentaba a un niño mentiroso y travieso, quizá una proyección del propio Collodi.

Tan rompedor resultaba este nuevo concepto que, incluso, en determinados países se aplicó la censura. Sin ir más lejos, en Estados Unidos se publicó una versión de Pinocho más moderada y políticamente correcta; algo lógico, por cierto, viniendo de un país con tal exceso de puritanismo como para censurar ciertos aspectos de Barrio Sésamo o para examinar si, en sus declaraciones públicas acerca del caso Lewinsky, el ex presidente Clinton se tocaba demasiado la nariz.

Vía | Educared
Más información | Wikipedia

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