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	<title>Papel en blanco</title>
	<link>http://www.papelenblanco.com</link>
	<description>Blog sobre literatura, el arte de los libros y el apasionante mundo de la lectura.</description>
	<pubDate>Thu, 03 Jan 2008 12:25:38 GMT</pubDate>
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      <title><![CDATA['Dune', de Frank Herbert]]></title>
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      <pubDate>Wed, 02 Jan 2008 22:50:54 GMT</pubDate>
      <author>Paolo Fava</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" id=image2436 alt=Dune.jpg src="http://img.papelenblanco.com/2008/01/Dune.jpg" />Nuestro compañero <a href="http://www.papelenblanco.com/autor/luisfer">Luisfer</a> se ha despedido del año como se hace en algunos países, arrojando por la ventana los trastos que estorban, y se ha despachado con <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/01/02-libros-sobrevalorados">dos estupendas listas</a> de <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/01/02-libros-sobrevalorados-ii">libros más sobrevalorados</a> (si aún no las habéis visto, leed y comentad). Resulta que en la infausta recopilación aparece <strong>Dune </strong>de <strong>Frank Herbert</strong>, un libro del que llevo tiempo con ganas de hablar, por lo que aprovecharé ahora que me azuzan para que lo defienda un poco.</p>

	<p>A grandes rasgos se puede definir Dune como una saga dinástica de ciencia ficción producto de un autor excéntrico y brillante, un personaje cuyos intereses abarcaban desde el misticismo oriental a la ecología renovable pasando por la psicología conductista, todo ello agitado en el efervescente cóctel del utopismo psicotrópico de los sesenta. Es algo a tener en cuenta antes de penetrar en el universo de Dune, que roza con el mismo desparpajo lo sublime que lo ridículo. Tan malo es tomárselo demasiado en serio como despreciarlo de plano.</p>

	<p>Y es que mal empezamos cuando la trama trata del control por casas nobiliarias interespaciales de un planeta, <strong>Arrakis/Dune</strong>, en dónde se produce la sustancia más importante para el universo: <strong>la especia</strong>, una droga que alarga la vida y otorga la precognición. Entre medias hay conspiraciones alambicadas, complicadas religiones y artes marciales, gadgets imposibles y hasta alusiones a corridas de toros. Toda una prueba de fuego cuya recompensa acaba llegando: los muros de la incredulidad se derrumban, lo absurdo toma formas rotundas y el lector se integra en el fantástico sistema de Herbert.<a name="more"></a></p>

	<p>Es un error dejarse distraer por las subtramas aventurescas esperando encontrar en ellas el sentido del libro. Hay un único verdadero protagonista: el planeta Dune. Su sistema ecológico, su vida, sus habitantes, sus ciclos. Herbert fue un visionario con respecto a las teorías ecológicas más modernas de hoy en día. El mundo que crea es uno de los más ricos y complejos que han surgido en la literatura, poderoso en su consistencia. Política, costumbres y fe se entrelazan con redes tróficas, estaciones y ecosistemas. El universo hombre frente al universo mundo, acompasando sus movimientos hasta producir la revelación del sentido de su existencia. No son palabras vacías e infladas: es lo que ocurre en Dune.</p>

	<p>Ciertamente es la incapacidad para reproducir este primer planteamiento y desplazar el argumento hacia tramas aventureras lo que conduce al menor interés de los siguientes tomos (excluiría <strong>Dios Emperador de Dune</strong>, un ensayo brillante y a la vez delirante sobre el poder que comentaremos si queréis). Y para qué hablar de los horrores perpetrados por su hijo <strong>Brian Herbert</strong>, que continúa ordeñando la saga sin aparentemente haberla entendido muy bien. Pero estas consideraciones no afectan en nada al valor real de la obra Dune de 1966.</p>

	<p>El aspecto en el que más flaquea Dune es en cuánto a estilo. Se ha criticado con fruición los altibajos narrativos de Herbert, capaz de los mayores simplismos (los aristócratas, para demostrar altivez, constantemente <em>se envaran</em>), las elipsis más frustrantes (es casi imposible adivinar sobre qué se está conspirando exactamente en cada momento) y otros pasajes de morosidad un tanto barroca. Si, pueden hacer la obra difícil. Pero el Everest tampoco tiene escaleras mecánicas. Y aquí también hay truco.</p>

	<p>Atreides, Atridas. Herbert no sólo quiso trascender el espacio sino el tiempo, quiso la universalidad absoluta de su obra. Sus personajes están emparentados (literalmente) con los héroes homéricos. Y es a la épica clásica a lo que su prosa quiere trasladarnos. SI hoy en día abrimos la <strong>Ilíada </strong>o la <strong>Eneida </strong>pensaremos con razón que es un coñazo que nos recuerden constantemente quién es hijo de quién y porqué está ahí. Para sus primeros oyentes, sin embargo, estas repeticiones eran el estribillo de una canción en la que no había ninguna prisa por llegar al final. A los lectores del siglo XXI no tiene porqué funcionarnos; pero tampoco es tan difícil intentarlo.</p>

	<p><strong>Dune </strong>se toma entero o no se toma. Con sus aciertos y sus fallos. El libro tiene algo de viaje espiritual, y estos no vienen sin obstáculos. Si no se está dispuesto a aceptar sus reglas de juego, entonces de verdad que no vale la pena.</p>

	<p><strong>¿Has leído este libro? Nos gustaría conocer tu opinión en los comentarios.</strong></p>


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      <title><![CDATA[Libros Sobrevalorados (I)]]></title>
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      <pubDate>Wed, 02 Jan 2008 03:18:19 GMT</pubDate>
      <author>Luisfer Romero Calero</author>
      <description><![CDATA[	<p><img width="217" height="342" class="derecha_sinmarco" alt="Código da Vinci" src="http://img.papelenblanco.com/2008/01/codigodavinci.jpg" />Hay libros, que aun con sus virtudes y su calidad, han pasado a la historia con un éxito que quizás no es el que se corresponde con sus propias cualidades literarias. Bien por una campaña de promoción excelente, por la temática que aborda o por otro tipo de causas providenciales (una buena o taquillera adaptación al cine, por ejemplo), lo cierto es que existe una colección de obras, a las que quizás en otro contexto y circunstancias podrían haber pasado desapercibidas.</p>

	<p><strong>JUAN <strike>SEBASTIÁN</strike> SALVADOR GAVIOTA</strong>, de <strong>Richard Bach</strong>. Una fábula sobre una gaviota que, con esfuerzo, aprende a volar. Un éxito que alertaba del emergente auge de los libros sobre espiritualidad y autoayuda de <em>al uso</em>, disfrazados bajo el aspecto amable de un cuentecillo tierno y sencillo. Sin embargo, carece de grandes frases que pasen a la historia o un mensaje claro y directo que pueda influir en un lector que pueda encontrarse al año decenas de libros de este tipo.<a name="more"></a></p>

	<p><strong>EL PRINCIPITO</strong>, <strong>Antoine de Saint-Exupery</strong>. Encumbrada hasta el infinito, no puede dudarse de su arrolladora imaginación, su firme propuesta y su emotividad. No obstante, parece quedarse a medias de todo aquello que quiere transmitir, con una extensión muy ajustada, lanzando aleatoriamente conceptos como el de domesticación o formas de vida como las visitas del Principito a los planetas. Un canto a la infancia que no es una obra maestra, y que parece serlo para todo aquel que lo tiene en la estantería de su casa.</p>

	<p><strong>EL CÓDIGO DA VINCI</strong>, <strong>Dan Brown</strong>. Puedo ponerme a muchas personas en contra, pero El Código da Vinci representa para un servidor el gran engaño literario de los últimos tiempos. Con un estilo tosco y esquemático, Dan Brown erige una historia arquetípica, bajo un acontecimiento tan revolucionario como risible e indocumentado: el Santo Cáliz es una representación de María Magdalena, amante de Jesucristo. Capítulos cortos, una prosa que engancha incluso al más escéptico, y un argumento olvidable, a base de millones de euros embolsados por su autor a base de hordas de ávidos lectores. Prueba de ello es su plúmbea adaptación al cine, que ni Tom Hanks es capaz de salvar. Por no hablar de otras obras infumables de su autor, como <strong>La Fortaleza Digital</strong> o <strong>Ángeles y Demonios</strong>, no recomendables ni al peor enemigo, y sin embargo encontrables en cualquier tienda en un sitio bien visible.</p>

	<p><strong>DUNE</strong>, <strong>Frank Herbert</strong>. Ocupa un lugar entre las grandes obras de ciencia-ficción y, entre los que realmente la han leído de principio a fin, muchos coinciden en una afirmación rotunda y controvertida: Dune es un tostón. Innecesariamente alargada, con ornamentos estéticos y narrativos que parecen ir en contra de la claridad de su lectura. Unos personajes que no evocan interés alguno, excepto los malvados Harkonnen sólo en ocasiones. El éxito de este libro llevó a continuar hasta decir basta una serie de secuelas prescindibles, tanto por el propio autor como por su hijo, que continuó un legado procedente de unos cimientos poco sólidos.</p>

	<p>Todos los libros de <strong>Jorge Bucay</strong>. Una cosa sí puedo decir: Jorge Bucay, psicólogo argentino de la rama de Gestalt, es más listo que la inmensa mayoría de los mortales. Se dedicó, entre otras cosas, a reunir cuentecillos de sabiduría popular (algunos logrados, otros insalvables), a incluirlos en unos diálogos intrascendentales, copiar párrafos enteros de otros autores (como <strong>Ángela Vallvey</strong>), y a vivir del cuento a partir de entonces. No recuerdo uno sólo de sus títulos en este momento, pero el tiempo que han ocupado lugares preferentes en las librerías ha constituido un periodo desconcertante y desesperanzador.</p>

	<p>La saga de <strong>Harry Potter</strong>, <strong>J. K. Rowling</strong>. No me malinterpreten: he leído con disfrute a Harry Potter. El primero me pareció magnífico; el segundo, aun con sus irregularidades, no estaba mal; el tercero volvía a estar logrado. A partir del cuarto, la cosa cambiaba: ciento y pico páginas y todavía no había empezado el curso en Hogwarts. Para colmo el devenir de las aventuras del joven mago empezaba a no ser tanto la lucha entre el bien y el mal, sino si Ron y Hermione están saliendo juntos o qué chica le gusta a Harry Potter. El declive de la saga es evidente incluso para los que se consideren a sí mismos fans incondicionales. Una monotonía paulatina que hace recordar los buenos momentos durante la lectura de los primeros títulos, con nostalgia y hastío.</p>

	<p><strong>CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA</strong>, <strong>Gabriel García Márquez</strong>. Novela de duradero éxito cuyo mayor reclamo es que todo gira en torno a una muerte que es mencionada en la primera frase: &#8220;El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar&#8230;&#8221;. Sin duda una obra menor de su autor, que reluce pedantería y autocomplaciencia, con una historia enmarañada hasta tal punto que se hace difícilmente digerible. Podría verse como un thriller sin ritmo. Aplicado al cine sería como una película de Hitchcock sin rastro alguno de inspiración.</p>

	<p><strong>EL MUNDO DE SOFÍA</strong>, <strong>Jostein Gaarder</strong>. La obra cumbre de la historia de la filosofía es un libro agradable y con una función loable: acercar la filosofía al gran público. Para ello, auna un relato sobre una niña noruega llamada Sofía, con unos fascículos sobre los pensadores desde la Antigua Grecia. Si bien dichos fascículos son extraordinarios (atención al de Freud) y contienen maravillas como aquello de &#8220;la capacidad de asombro&#8221;, la historia de Sofía es mediocre, confusa y en ocasiones extremadamente comercial.</p>

	<p><span style="font-weight: bold">¿Cuáles son para tí los libros más sobrevalorados?</span></p>


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