Además de los hipervínculos, la lectura digital está lastrada por otros factores que sólo se dan en ésta y no en la tradicional, es decir, en la versión impresa.
Eso sucede porque la Red promueve la lectura fragmentada y selectiva. Es decir: que cada vez leemos menos textos completos (y si lo hacemos, nos saltamos párrafos con más facilidad). Si aspiro a que el lector se lea todo lo que escribo por aquí, deberé reducir a la mínima expresión el artículo: jamás pasarme de determinado número de páginas, jamás entrar en disquisiciones demasiado densas. La Red no permite la lectura sostenida.
Además, muchos de los lectores de este artículo llegarán aquí mediante búsquedas en motores como Google. Por ejemplo, alguien andará buscando información sobre lo que son hipervínculos, el buscador le traerá a este artículo, y el lector probablemente leerá sólo el fragmento donde hablo de los hipervínculos. No puede perder demasiado tiempo en el texto completo porque a él le interesan sólo los hipervínculos y, además, Google le ha indicado que hay otras dos millones de páginas en las que también se habla de ello.

Como os señalaba en
Aún recuerdo la trepidación que sentí cuando leí mi primer correo electrónico. Venía de lejos, de otro continente, y se me antojaba casi como un mensaje dentro de una botella, por lo exótico del medio: era la primera persona de mi clase que tenía Internet. Algo que, por aquél entonces, sonaba a chino.
Ha salido a la luz otra plataforma de ventas de libros electrónicos (sin duda, los e-books han llegado para quedarse) que, en esta ocasión se centra en la narrativa de ciencia ficción y fantasía: 
Sí, suena extraño pero es exactamente cierto. Google, que ya nos tiene acostumbrados a publicar millones de libros a través de su plataforma Google libros ha iniciado una nueva aventura, a saber, la de ser editor de sus propios libros. Es así como ha aparecido el libro
A pesar de la creencia de que la era digital acabaría con el papel, o al menos haría disminuir su consumo, lo cierto es que la necesidad de papel crece de manera continua. No sólo en el uso general, como la fabricación de servilletas, embalajes, bolsas o papel higiénico, sino a la hora de plasmar textos: cuadernos, papel para impresora y libros.


