Para algunos son filtros de la excelencia literaria, megáfonos para las voces más interesantes, dispensadores de letras capaces emocionarnos. Para otros sólo son negocios, comerciantes de jamones, aduanas en las que los autores deben dejar los signos distintivos del talento más heterodoxo. Por supuesto, hablo de las editoriales.
Lejos de polémicas acerbas, lo que es cierto es que las editoriales se han constituido como marcas. Consumir libros de determinada editorial es como calzarse unas Nike: unos lo harán por distinción, otros porque han depositado su confianza en su calidad.
Pero hubo un tiempo en el que nadie se devanaba los sesos con estas consideraciones. Un tiempo en que sólo existía una editorial, así que no había más cera que la que ardía. Pero ¿cuál fue esa primera editorial y qué legado nos ha dejado?
Vamos a situarnos un poco. Démosle a la palanca de nuestra máquina del tiempo y, ¡chas!, plantémonos en la China del siglo VI. Allí surgió la impresión sobre plancha de madera. ¡Chas! En 1040 el chino Pi Sheng ya fabricaba imprentas de tipos móviles. ¡Chas! Cuatrocientos años más tarde, los coreanos mejoraron el invento, desarrollando la tecnología de los tipos móviles de metal.
¿Y Gutenberg? Pues no imprimió el primer libro (la Biblia de 42 líneas) hasta 1455. Con todo, se acepta que Gutenberg descubrió por sí mismo la imprenta de tipos móviles de metal y no recibió ningún chivatazo oriental. Pero eso no es lo importante. Bueno, sí que es importante porque la imprenta supuso el click que necesitaba el mundo a fin de que las ideas circularan libremente.

José únicamente tenía que sentarse y abordar los folios en blanco con tal énfasis, con tal nervio, que sus textos semejaban mensajes cifrados por una máquina Enigma que ni el mismo Alan Turing ni una piedra Rosetta, al alimón, descifrarían. 

Así como en algunos sectores la actual crisis económica está teniendo contundentes efectos negativos, el mundo editorial parece no tener claro todavía con qué fuerza se verá azotado. Mientras algunas casas editoriales afirman sentir ya un descenso en las ventas (de momento, dejamos al margen los obstáculos económicos derivados de otros factores), otras se muestran esperanzadas de que el libro sufra menos que otros productos. Como más vale prevenir que curar y la situación presente no es para tirar cohetes, ya se están apuntando algunos recortes en la producción de los próximos meses (contención en la cantidad de novedades, tiradas más ajustadas, ediciones más baratas, etc.). Pero el que parece más claro, lógico y seguro es la apuesta por el libro de bolsillo.
Comienza el 2009 y abundan los balances de cierre del año pasado y de comienzos del éste. El 2008 fue un año interesante en el que vimos crecer paulatinamente el mercado de la edición digital, tanto a través de la venta de los lectores como de la producción de libros digitales y de la apuesta cada vez más franca de los grupos editoriales por el mundo de la web y, sobre todo su entrada en las redes sociales. En este sentido, parece que el medio escuchó las 
Lo dijimos hace un tiempo,
Ya hablamos en otra entrada de la exposición que está teniendo lugar en Nueva York de tres versiones distintas de las Biblias impresas por Gutenberg. Pero ahora me entero que no hay que moverse hasta allá para poder hacer una comparativa detallada de al menos dos de ellas, ya que la Biblioteca Británica nos permite explorar y comparar las versiones digitales de un ejemplar en papiro y otro de papel. 