Nuestros hijos pueden ser sensibles a la estética incluso en el interior del claustro materno. Así que no es tan descabellado leerle cuentos antes de que nazca, tal y como sugieren dos psicólogos.
Anthony DeCasper y Melanie Spence solicitaron a futuras madres que, durante el último trimestre de embarazo, leyesen diariamente en voz alta durante tres minutos un pasaje de The Cat in the Hat, del doctor Seuss, o The King, the Mice, and the Cheese, de Nancy y Eric Gurney.
Examinados sólo un día o dos después de nacer, los bebés que habían estado expuestos a Seuss en el útero preferían a Seuss, y los que habían oído The King preferían The King, incluso cuando era otra persona quien leía las historias. Esto no equivale a decir que en el último trimestre los niños “entendieran” realmente el cuento del Gato, pero al parecer sí percibieron su ritmo característico.

Sobre educación y niños hay quintales de mitos populares sustentados en hipótesis endebles que, además, contradicen los últimos descubrimientos acerca de cómo funciona la naturaleza humana.
Como os dije en la anterior entrega de este artículo, hoy os hablaré de dos autores biológicamente muy próximos pero culturalmente muy alejados.
A veces, fijar la atención en cosas nimias, incluso cotidianas, permite extraer conclusiones que en absoluto resultan nimias ni cotidianas. Así que sigamos el consejo, y fijémonos en un rasgo nimio en una novela: la primera frase. La primera frase de una novela puede hacer muchas cosas: puede instigarnos a continuar la lectura, o puede desalentarnos.
Este es el enésimo ensayo del prolífico y popular José Antonio Marina. Lo cual resulta insólito por dos motivos. El primero, que Marina sea capaz de pergeñar libros tan eruditos, interesantes y exquisitos a una velocidad de vértigo. Y el segundo, que precisamente esos libros sean del agrado de un gran número de lectores, estando como están poblados los anaqueles de las librerías de volúmenes que cada vez más se ajusten a la ley del mínimo esfuerzo: tanto de creación como de consumo.
Con el tiempo me he dado cuenta de que, en cierto modo, gran parte de mi vida la he dedicado a desaprender lo que aprendí en el colegio. Ello denota dos cosas. La primera: que en el colegio aprendí muchas cosas inútiles y/o erróneas. La segunda: que adquirir cultura, en este contexto, requiere de esfuerzo personal y una humildad que permita aceptar que uno, por saber muchas cosas, no es automáticamente culto, y mucho menos si esas cosas proceden de una única fuente.


Comienza el 2009 y abundan los balances de cierre del año pasado y de comienzos del éste. El 2008 fue un año interesante en el que vimos crecer paulatinamente el mercado de la edición digital, tanto a través de la venta de los lectores como de la producción de libros digitales y de la apuesta cada vez más franca de los grupos editoriales por el mundo de la web y, sobre todo su entrada en las redes sociales. En este sentido, parece que el medio escuchó las 