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El almuerzo desnudo

Los 10 clásicos de culto según el Times

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Fear_and_Loathing_in_Las_Vegas.jpg1) ‘La trilogía de Nueva York’, de Paul Auster. Tres escritores-detectives o detectives-escritores se enfrentan a las paradojas sobre la creación y la relación entre realidad y arte con la Gran Manzana de fondo. Un experimento metaliterario en el que el narrador juega a ser narrado. La trilogía de Nueva York catapultó a Auster a la fama en 1987 y todavía ofrece nuevas lecturas.

2) ‘Noches de cocaína’, de J. G. Ballard. Nadie ha estado más dispuesto que Ballard a diagnosticar las patologías y adicciones del individuo moderno, ofreciéndose como conejillo de indias. El narrador de esta novela se encuentra atrapado en un ‘resort’ de vacaciones aparentemente idílico en donde una red subterránea dedicada a la satisfacción de placeres tiende sus tentáculos.

3) ‘El almuerzo desnudo’, de William Burroughs. ‘El deber de un escritor es de narrar el mundo como lo percibe’, dice Burroughs en el prefacio a la novela. El almuerzo desnudo es el recuento alucinatorio de la vida errabunda de un yonki, con sus obsesiones recurrentes sobre sexo, droga y los movimientos íntimos del cuerpo. Un paseo por el universo inquietante y repulsivo del hombre encerrado en su propia enfermedad.

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Las extravagancias de Burroughs

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Junto a Jack Kerouac y Allen Ginsberg, William S. Burroughs fue uno de los apóstoles de la contracultura de los años 60, y también perteneció literariamente a la Generación Beat, aquélla apegada a los garitos de jazz decadentes, a las calles, a lo sórdido.

Aprovechando que se cumplen 10 años de la muerte del autor de obras tan marcianas como El almuerzo desnudo, describiremos algunos de sus episodios personales que demuestran que Burroughs podría haber pasado perfectamente por uno de los personajes de sus novelas.

Su obsesión quizá más conocida sea la del número 23, que cuenta ya con toda una legión de seguidores (como ya demostró el estreno de una película reciente de Jim Carrey precisamente titulada El número 23). Al parecer, Burroughs conoció en un ferry a un tal capitán Clark, que le contó a Burroughs que navegar de una orilla a otra había sido su ocupación durante 23 años y que nunca había tenido un accidente. Ese mismo día el ferry naufragó muriendo él y todos los ocupantes.

Esa misma noche, Burroughs oyó por la radio que un avión que volaba de Nueva York a Miami se había estrellado. El capitán del avión se apellidaba Clark y el vuelo era el número 23.

Desde entonces, Burroughs incorporaría un personaje llamado capitán Clark en todas sus novelas sus novelas, un personaje relacionado con la fatalidad y que tenía por obsesión el investigar el enigma del número 23.

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