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El lector

'El lector', de B. Schlink: una tragedia con tintes clásicos y el sentimiento de culpa (y II)

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El segundo bloque de la obra es el nudo de la trama, su parte central, y supone el desarrollo de la tragedia de Hanna y, con ella, la del propio Michael. Ahora, unos años después de la marcha de su amada, Michael es un joven veinteañero estudiante de leyes. En su niñez había sido un crío con pocos amigos, que vivía en un ambiente muy familiar y con cierta fragilidad de salud, lo que aún incrementaba más, si cabe, la excesiva protección materna. Ahora lo encontramos fuerte, saludable y su vida social es rica: se relaciona con un gran grupo de gente, hace nuevos colegas en sus clases universitarias e, incluso, comienza a llamar la atención de una hermosa amiga. Por el otro lado, sus vínculos familiares se han ido diluyendo. Y es que éste es otro de los temas centrales de la novela: la ruptura generacional entre los jóvenes post-nazismo con sus padres.

En los años 50, se fue extendiendo entre muchos jóvenes germanos la creencia, desde una conciencia más o menos crítica, de que lo que había ocurrido en (y por culpa de) Alemania no había sido sólo una labor de unos pocos iluminados, sino que, obligatoriamente, había sido necesaria la cobarde equidistancia de muchos e incluso el colaboracionismo de otros tantos. Ésto aparece en la novela dentro de algunas de las interesantísimas discusiones entre los compañeros de proyecto universitario de Michael, moderadas por su profesor, uno de esos maestros que marcan la vida de sus estudiantes y, visto con ojos de narratario, un excelentemente dibujado personaje secundario. Sin embargo, el distanciamiento de Michael con sus padres no responde a causas políticas o morales, sino más a una necesidad vital, pues su madre es un torrente que lo ahoga y su padre, con el que apenas habla, hace mucho que dejó de ser una figura paterna y, mucho menos, un ejemplo a seguir.

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'El lector', de B. Schlink: los placeres de la carne y la lectura (I)

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El lector (‘Der Vorleser’ en alemán, literalmente: ‘El lector en voz alta’) es una novela escrita por Bernhard Schlink, publicada en 1995 (y traducida a treinta y nueve idiomas) y que nos cuenta, en un primer plano, la relación entre el joven Michael Berg, narrador y personaje principal, y su amada Hanna Schmitz. La trama está dividida en tres actos: los primeros tiempos de su relación amorosa, su reencuentro unos años después durante los juicios contra los criminales nazis y su nueva toma de contacto dos décadas más tarde.

Su historia comienza en 1958 cuando él es un estudiante de 15 años y ella una cobradora del tranvía de 36. A partir de un encuentro fortuito, comienzan una relación íntima que crece alimentada por un pacto no escrito: ella lo introduce y tutela en el mundo del placer carnal y él, por su parte, le lee libros en la cama.

Durante este primer acto, vivimos en primera persona el impacto vital que supone para Michael (pronúnciese en alemán, no en inglés) su amanecer sexual: va y viene de casa al colegio y de éste al lecho de Hanna. Para él, ella no sólo es un lujo, un placer inimaginable para un adolescente, sino que se convierte en una motivación en su proceso de madurez (se aplica en sus estudios, se aleja del nido familiar…). Sin embargo, no todo es tan sencillo y acaba viéndose obligado a soportar los cambios de humor de su mentora, incomprensibles para el joven Michael, que se ve sumergido en un mundo más complejo de lo que pensaba: el mundo de los adultos, con su irracionalidad, su cambiante sentido del bien y el mal y sus inesperados actos infantiles.

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