<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom">

	<channel>
		<title>Papelenblanco</title>
		<link>http://www.papelenblanco.com</link>
		<description>
Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 06:38:17 +0000</pubDate>

		<generator>http://www.papelenblanco.com</generator>
                    <item>
      <title><![CDATA['El lector', de B. Schlink: una tragedia con tintes clásicos y el sentimiento de culpa (y II)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/novela/el-lector-de-b-schlink-una-tragedia-con-tintes-clasicos-y-el-sentimiento-de-culpa-y-ii</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/novela/el-lector-de-b-schlink-una-tragedia-con-tintes-clasicos-y-el-sentimiento-de-culpa-y-ii</guid>
      <pubDate>Tue, 04 Aug 2009 12:02:32 +0000</pubDate>

      <author>Miguel Ortiz</author>
      <description><![CDATA[
<img src="http://secure-uk.imrworldwide.com/cgi-bin/m?ci=es-rssweblogs&amp;cg=0&amp;si=http://www.papelenblanco.com/index.xml" alt=""/> 
      <p><img id="image5557" src="http://img.papelenblanco.com/2009/07/el-lector-vo_250.jpg" class="izquierda" alt="el-lector-vo.jpg" /><strong>No leer si no se ha leído la obra<br />
</strong><br />
El segundo bloque de la obra es el nudo de la trama, su parte central, y supone el desarrollo de <strong>la tragedia de Hanna</strong> y, con ella, la del propio Michael. Ahora, unos años después de la marcha de su amada, Michael es un joven veinteañero estudiante de leyes. En su niñez había sido un crío con pocos amigos, que vivía en un ambiente muy familiar y con cierta fragilidad de salud, lo que aún incrementaba más, si cabe, la excesiva protección materna. Ahora lo encontramos fuerte, saludable y su vida social es rica: se relaciona con un gran grupo de gente, hace nuevos colegas en sus clases universitarias e, incluso, comienza a llamar la atención de una hermosa amiga. Por el otro lado, sus vínculos familiares se han ido diluyendo. Y es que éste es otro de los temas centrales de la novela: <strong>la ruptura generacional entre los jóvenes post-nazismo con sus padres</strong>.</p>

	<p>En los años 50, se fue extendiendo entre muchos jóvenes germanos la creencia, desde una conciencia más o menos crítica, de que lo que había ocurrido en (y por culpa de) Alemania no había sido sólo una labor de unos pocos iluminados, sino que, obligatoriamente, había sido necesaria la cobarde equidistancia de muchos e incluso el colaboracionismo de otros tantos. Ésto aparece en la novela dentro de algunas de las <strong>interesantísimas discusiones entre los compañeros de proyecto universitario de Michael, moderadas por su profesor</strong>, uno de esos maestros que marcan la vida de sus estudiantes y, visto con ojos de narratario, un excelentemente dibujado personaje secundario. Sin embargo, el distanciamiento de Michael con sus padres no responde a causas políticas o morales, sino más a una necesidad vital, pues su madre es un torrente que lo ahoga y su padre, con el que apenas habla, hace mucho que dejó de ser una figura paterna y, mucho menos, un ejemplo a seguir.<br />
<!--more--><br />
Sus prácticas universitarias lo llevan a asistir, junto a ese admirado profesor y sus compañeros, a los juicios contra las guardias de un campo de concentración nazi, acusadas (además de por formar parte del equipo de selección de reos que debían morir o ser enviadas a Auschwitz) de dejar que unas presas se quemaran por encontrarse encerradas en una iglesia que comienza a arder. Y allí, <strong>como si se tratara de un fantasma del pasado</strong>, se encuentra a Hanna en el banquillo de acusados. Michael vive los días del proceso con un agobiante desasosiego (que no pasa inadvertido para su profesor): le llueven los recuerdos del pasado mientras conoce como el amor de su vida fue una jefa de carceleras nazis. Aprovechando el testimonio de una superviviente, las compañeras de Hanna planean un complot (apoyado en una supuesta prueba escrita) y ésta se convierte en la principal acusada. Michael entiende que no puede ser cierto, pues <strong>ahora ya sabe que Hanna es analfabeta</strong>, y descubre con horror como ella prefiere acarrear con toda la culpa antes que revelar la vergonzosa realidad. Está muy cerca de intervenir para evitarlo, pero tras una conversación con su padre (que no es que le ayude mucho, mas es el único momento en que acude a él), acaba reflexionando que no ha de inmiscuirse; primero porque sería actuar en contra de los deseos de otra persona y, segundo y más importante, porque <strong>la propia Hanna había decidido hace mucho separar sus caminos y él no iba a saltar delante del tren que estaba a punto de arrollarla</strong>. Además, ella no sabía que él estaba contemplando el proceso desde las gradas; o eso creía, hasta que el día de la sentencia, Hanna busca su mirada, petrificando a un todavía ingenuo Michael.</p>

	<p>En este acto central se nos presenta la tragedia mediante una serie de elementos clásicos. El principal es la causa que lleva a Hanna a la cárcel. Su error (mantener bloqueadas las puertas de la iglesia a pesar de que las presas estaban siendo comidas por el fuego) no nace de la maldad, sino del desconocimiento, de la ignorancia. Es lo que en la tragedia clásica se conoce como <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Hamartia">hamartía</a>, el error fatal que lleva al héroe a sufrir un destino aciago. Hanna no se involucra en el Holocausto empujada por una ideología, sino que acaba trabajando en Auschwitz por un contrato laboral. Y no deja que las presas mueran porque no le importen, como demuestra que ayudara a las más débiles utilizándolas (igual que a Michael) como lectoras. Simplemente, su código de valores (alimentado por su analfabetismo, su ignorancia, su incultura) le dicta que su deber es seguir las órdenes. Luego, cuando le llega la hora del juicio, es otra mujer, que durante un tiempo fue feliz oyendo leer a su joven amante, y <strong>acepta su destino con resignación</strong>, lo que, llegado el momento de la sentencia y sus consecuencias, nos empuja a la catarsis porque, de alguna manera, nos apiadamos de ella. Se cumplen, luego, parte de los parámetros de la tragedia clásica: hamartía, aceptación del destino y catarsis (por compasión) del lector.</p>

	<p>Entre la comisión de su error y la aceptación de sus consecuencias, Hanna vive su historia con Michael. Y el momento más perfecto de su relación amorosa es su viaje al campo. Allí, rodeados de un ambiente bucólico, en un escenario donde sólo existen el uno para el otro, Schlink enmarca su amor en un verdadero <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Locus_amoenus">locus amoenus</a>, lo que supone otro fundamento clásico. Además, me parece bastante significativo el hecho de que uno de los libros que Michael le lee a Hanna es <strong>La Odisea</strong>: parece una pista, un guiño de Schlink para los lectores.</p>

	<p>‘El lector’ es una maravillosa novela trágica compuesta en tres actos (más el innecesario epílogo) y estructurada alrededor de dos personajes que que se ven inevitablemente vinculados al otro para siempre. Cada uno a su manera, luchan contra su realidad, contra lo que les ha dado la vida, tomando decisiones en las que deseo y responsabilidad pugnan entre sí. Pero, sobre todo, <strong>movidos por la culpa, el sentimiento que se apodera irremediablemente de sus corazones</strong>. Schlink maneja con precisión los resortes que nos hacen reflexionar sobre la naturaleza de la culpabilidad, presentándonosla de múltiples maneras: la que siente Hanna por no saber leer y la de el quinceañero Michael por haber dejado escapar al amor de su vida; la que sufre ella por sus actos durante el Holocausto y la que tienen que acarrear los jóvenes alemanes por lo que hicieron sus padres; la que se autoimpone el joven por callar el secreto de su analfabeta amada y la de ella al ver como el estudiante descubre lo que hizo; la de un ya cuarentón Michael que se arrepiente de haber dejado atrás a una mujer que siempre amará cuando más le necesitaba y, finalmente, la de la anciana Hanna cuando entiende, justo antes de salir de la cárcel, que si no se va de una vez por todas, seguirá condicionando toda la vida de aquel hombre.</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_379">Editorial Anagrama</a><br />
En Papel en blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/novela/el-lector-de-b-schlink-los-placeres-de-la-carne-y-la-lectura-i">&#8216;El lector&#8217;, de B. Schlink: los placeres de la carne y la lectura (I)</a><br />
En Blogdecine | <a href="http://www.blogdecine.com/tag/the+reader">&#8216;The reader&#8217;, de Stephen Daldry</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['El lector', de B. Schlink: los placeres de la carne y la lectura (I)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/novela/el-lector-de-b-schlink-los-placeres-de-la-carne-y-la-lectura-i</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/novela/el-lector-de-b-schlink-los-placeres-de-la-carne-y-la-lectura-i</guid>
      <pubDate>Fri, 31 Jul 2009 14:12:20 +0000</pubDate>

      <author>Miguel Ortiz</author>
      <description><![CDATA[
<img src="http://secure-uk.imrworldwide.com/cgi-bin/m?ci=es-rssweblogs&amp;cg=0&amp;si=http://www.papelenblanco.com/index.xml" alt=""/> 
      <p><img id="image5553" src="http://img.papelenblanco.com/2009/07/el-lector_250.jpg" class="derecha" alt="el-lector.jpg" /><strong>No leer si no se ha leído la obra<br />

</strong><br />

<strong>El lector</strong> (‘Der Vorleser’ en alemán, literalmente: ‘El lector en voz alta’) es una novela escrita por <strong>Bernhard Schlink</strong>, publicada en 1995 (y traducida a treinta y nueve idiomas) y que nos cuenta, en un primer plano, la relación entre el joven Michael Berg, narrador y personaje principal, y su amada Hanna Schmitz. La trama está dividida en tres actos: los primeros tiempos de su relación amorosa, su reencuentro unos años después durante los juicios contra los criminales nazis y su nueva toma de contacto dos décadas más tarde.</p>

	<p>Su historia comienza en 1958 cuando él es un estudiante de 15 años y ella una cobradora del tranvía de 36. A partir de un encuentro fortuito, comienzan una relación íntima que crece alimentada por un pacto no escrito: <strong>ella lo introduce y tutela en el mundo del placer carnal y él, por su parte, le lee libros en la cama</strong>.</p>

	<p>Durante este primer acto, vivimos en primera persona el impacto vital que supone para Michael (pronúnciese en alemán, no en inglés) su amanecer sexual: va y viene de casa al colegio y de éste al lecho de Hanna. Para él, ella no sólo es un lujo, un placer inimaginable para un adolescente, sino que se convierte en una motivación en su proceso de madurez (se aplica en sus estudios, se aleja del nido familiar…). Sin embargo, no todo es tan sencillo y acaba viéndose obligado a soportar los cambios de humor de su mentora, incomprensibles para el joven Michael, que se ve sumergido en un mundo más complejo de lo que pensaba: el mundo de los adultos, con su irracionalidad, su cambiante sentido del bien y el mal y sus inesperados actos infantiles.<br />

<!--more--><br />

A medida que la relación avanza, Michael comienza a distanciarse de sus padres e incluso acaba logrando convencer a Hanna para pasar un fin de semana juntos en un bonito pueblo germano, lo que supone el punto más álgido de su relación. Durante todo el tiempo que permanecen unidos, <strong>el vínculo establecido se fortalece por las lecturas que el adolescente hace en voz alta para su madura compañera de cama</strong>; Michael es perfectamente consciente de que sin ellas, no existiría lo demás, pero le parece un precio asequible ya que, para él, leer es un sencillo ejercicio natural. Hanna, como descubriremos más tarde con Michael, es analfabeta y por ello recibe las narraciones de su lampiño amante con verdadero fervor, escuchando atentamente, riendo, llorando, como un ser puro que disfruta por primera vez de poder alejarse de la realidad a través de la ficción.</p>

	<p>Un tiempo después, ya de vuelta a la ciudad, Hanna ve por la calle a Michael con sus amigos y decide que, por su bien, debe desaparecer de su vida. El joven llega una tarde a su apartamento y no hay rastro de ella. Vuelve otro día y nada: se ha esfumado. Su corazón y, por extensión, su mundo, se rompen. Y ese dolor supone el primer gran cambio en su devenir vital. El segundo bloque de la obra comienza unos años después, cuando Michael es ya un universitario estudiante de leyes que, por sus prácticas, asiste a un juicio contra carceleras nazis, entre las que está la propia Hanna. Sobre ello hablaré en el siguiente post y, siguiendo con lo que trata éste, salto al tercer acto.</p>

	<p>Veinte años después de su reencuentro en el juicio, nos encontramos a un Michael en la cuarentena, divorciado y padre de una hija que, en un momento de reflexión sobre su pasado, se da cuenta de que no puede seguir haciendo como que Hanna no existe. Entonces comienza a mandarle unos <strong>casettes de audiolibros</strong> a una ya anciana Hanna, con la intención de que ésta encuentre un consuelo dentro de su privación de libertad. Se convierte en una imperiosa necesidad para él, casi una obsesión, y noche tras noche se dedica a leer, de nuevo en voz alta, para el amor de su vida. Ésta recibe las cintas no sólo como un inesperado regalo, sino casi como <strong>un alimento para un alma que hace ya mucho había dejado de nutrirse de algo tan bello como la literatura</strong>. Pero no se queda ahí: Hanna, en un primer y último acto de rebeldía contra su sino, acaba empezando a recopilar todas las herramientas a su alcance para ponerse ahora, en el ocaso de su vida, a aprender a leer y a escribir. A medida que avanza (de modo autodidacta y utilizando las narraciones de su amigo) empieza a escribirle cartas a Michael; ello coge a éste de sorpresa y le coloca en una situación que le incomoda: de su casi poético e unidireccional acto de envíos literarios, Hanna quiere evolucionar a una comunicación terrenal y recíproca. Presa de emociones y sentimientos contradictorios, esta vez es él quien rompe los lazos. Hasta que, tiempo después, recibe la noticia de que Hanna está pronta a recibir su libertad y él, como único contacto con el mundo exterior de la prisión, se ve casi forzado a hacer acto de presencia unos días antes.</p>

	<p><img id="image5558" src="http://img.papelenblanco.com/2009/07/2575089151_4681bc6049_250.jpg" class="izquierda_sinmarco" alt="2575089151_4681bc6049.jpg" />Por fin vuelven a verse cara a cara y <strong>el encuentro resume todo lo que han sido</strong>: se sienten fuertemente ligados el uno al otro, pero sin embargo hay algo que los separa. Michael vislumbra entre las arrugas de Hanna todo lo que ha amado y odiado de ella, mientras ella se encuentra de nuevo a ese niño con un corazón gigante, pero débil y dubitativo, y se da cuenta de que ha condicionado (y condiciona aún) toda su vida. Un día después, la anciana se suicida en su celda.</p>

	<p>De nuevo Michael se ve tambaleado por la onda expansiva de los actos de Hanna, pero acepta convertirse en el albacea de su última voluntad. A petición de su amada fallecida, Michael busca a la superviviente del incendio para darle el dinero que Hanna había ahorrado durante su vida. Ésta no lo acepta pero da el visto bueno a Michael para que éste lo done a una organización de ayuda a los judíos con un proyecto de alfabetización. <strong>Un epílogo que</strong>, desde mi punto de vista, <strong>le sobra a la historia</strong>; al menos, contado tan pormenorizadamente. Hubiera preferido un desenlace más centrado en lo que supone el suicido de Hanna y creo innecesario que se nos cuente el resto: con una alusión a los deseos de ella hubiera bastado.</p>

	<p><strong>Una novela por lo demás excelente</strong>, narrada con grandes dosis de pasión y que nos acerca con increíble verosimilitud al devenir vital de un hombre, desde la adolescencia hasta la madurez; un proceso que a veces es lento y difícil de sentir y otras, se nos revela como un paso agigantado que se da en un segundo. Pero lo que más me ha gustado de Schlink es que, teniendo en cuenta que nos narrará una tragedia, haga uso de elementos y patrones clásicos que comentaré en el siguiente post.</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_379">Editorial Anagrama</a><br />

En Blogdecine | <a href="http://www.blogdecine.com/tag/the+reader">&#8216;The reader&#8217;, de Stephen Daldry</a></p>      ]]></description>
      </item>
        	  <atom:link href="http://www.papelenblanco.com/tag/el-lector/rss2.xml" rel="self" type="application/rss+xml" />
	</channel>

</rss>


