El séptimo velo fue galardonada con el Premio Biblioteca Breve 2007 y tiene hechuras de guía telefónica. Incluso, lo que se narra en la novela que nos ocupa se parece bastante a lo que hay en una guía telefónica (al menos en el 50 por ciento de sus páginas): mucha letra y poca historia. Y lo que es peor: todo lo que se presenta, por nimio que sea, se hace de forma tan épica y pomposa como una odisea homérica, o algo así.
En resumen: 650 páginas que habrían podido resumirse en 200. En 100, si me apuráis. Porque la novela incurre en el exceso, en el exceso de páginas, en el exceso de metáforas, en el exceso de frases preciosistas trufadas de subordinadas, en el exceso de… todo. Todo se explica, todo se detalla al milímetro, todo se menciona hasta la saciedad. No es extraño, pues, que el mero acto de tirarse un pedo requiera varias líneas de texto y tres o cuatro imágenes poéticas sobre los intestinos (el ejemplo es mío, a Dios gracias, pero los tiros van por ahí).
Me recuerdan estas muestras de descripciones minuciosísimas a un divertido texto de Julio Cortázar, en el describe pormenorizadamente cómo se sube una escalera.

