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El tercer policía

Lectura para el Día del Orgullo Friki: 'El tercer policía' de Flann O'Brien

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Como la existencia humana es una alucinación que contiene las alucinaciones secundarias del día y de la noche (esta última una insalubre condición de la atmósfera debida a la acumulación de aire negro) difícilmente es propio de todo hombre juicioso preocuparse por la ilusoria aproximación de la alucinación suprema conocida como la muerte.

En este día de regocijo, enarbolamiento de sables láser y espadas Dardo, y en dónde cada cuál se abre a las teorías más peregrinas sobre la existencia y los mundos posibles, permitanme que contribuya con El tercer policía del proteico y genial irlandés Flann O’Brien.

No se trata sólo de fantasía, que hay mucha y muy buena. No se trata sólo de humor y sátira, que está por todas partes. No se trata sólo de fábula, metafísica, literatura del absurdo e incluso ciencia-ficción. Es todo ello en un único y vigoroso movimiento, en una socavación de todos y cada uno de los tópicos de la realidad sobre la que asentamos el culo. Es la primera escritura cuántica, anterior a Vonnegut, Carlos Fuentes y otros ilustres próceres.

Es la historia de un hombre con pata de palo y sin bicicleta que comete un crimen y descubre que tiene un alma, llamada Joe. Es la historia de un filósofo absurdo llamado De Selby que intenta trascender la fatal estructura de la tierra en forma salchicha (anhelando recorrer el tubo de la salchicha, verdadero paradigma de espacio-tiempo). Es la historia de tres policías (que bien pudieran ser dos o ninguno) preocupados por la creciente confusión a nivel atómico entre hombres y bicicletas, y pendientes del correcto ajuste de los mecanismos de relojería de la eternidad.

Pero sobre todo, es la única manera de entender esa endiablada serie llamada Perdidos:

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Las novelas más difíciles de rodar

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Quijote Orson WellesLa relación entre cine y literatura es estrecha desde el comienzo de la andadura de los fotogramas. Hoy día, las versiones cinematográficas de novelas constituyen gran parte del producto fílmico que se puede ver en las pantallas de todo el mundo.

¿Interés por las letras, o más bien falta de ideas propias? En cualquier caso, bienvenidas las adaptaciones que provocan aquello de… “Me ha gustado, voy a leer el libro”. Ahora bien, no siempre es fácil trasladar una novela al cine, y en no pocas ocasiones un guionista puede derrumbarse en el intento…

En Screenhead han elaborado un listado con las novelas más difíciles de volcar en imágenes. Dos obras cumbre de las letras hispanas se sitúan entre ellas.


  • El Ulises, de James Joyce. ¿No os parece difícil encontrar un Leopold Bloom para la pantalla? Dos películas irlandesas lo intentaron, una en 1967 y otra más reciente, llamada Bloom (2003), y ambas fueron fracasos absolutos. Intentar trasladar el flujo de consciencia, el torrente de palabras y sensaciones del interno discurrir de la mente humana, a la pantalla, es una tarea ardua. La ausencia de desarrollo lineal de la obra es otra prueba a la que cualquier guionista y director se deberían enfrentar cuidadosamente.

  • Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Una obra inmensa por su cronología interna en la que presente, pasado y futuro conviven de una manera natural, e inmensa por sus personajes más o menos mágicamente reales. Una novela hiperbólica y uno de los pocos libros de esta lista que hasta ahora nadie ha intentado filmar. Según Screenhead, si alguien puede hacerlo, son Almodóvar (¡no, por favor, Cien años de soledad, no!) o Julio Medem…

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