Esta es una de las típicas noticias de relleno con una encuesta delirante que da lugar a un titular impactante, del tipo uno de cada cuatro ingleses cree que Winston Churchill nunca existió. Es llamativo, sin duda alguna, tratándose del político más célebre de la Gran Bretaña. Sin embargo, un detalle menor de la encuesta realizada por el canal UKTV Gold nos da que pensar a los que tratamos de libros: casi la mitad de los 3.000 consultados cree que Ricardo Corazón de León es sólo un personaje de novela, mientras que el 58% está convencido de que Sherlock Holmes realmente existió.
La primera reacción es la de troncharse ante la necedad ajena pero, si pensamos unos minutos sobre ello: ¿de quién tenemos una imagen más sólida, de Ricardo Corazón de León o de Sherlock Holmes? Porque cualquiera que visite Londres podrá encontrar el el 22 B de Baker Street la oficina de Holmes, y verá su gorro y pipa en el lugar en el que los dejó. ¿Un montaje? Quizá, pero no lo es la nota colgada en la puerta, fechada en 1888, alertando sobre los asesinatos en Whitechapel. Esos asesinatos ocurrieron. ¿No fue Jack el Destripador un criminal real? ¿Pero qué sabemos de él? ¿No recordamos una aventura en la que Sherlock Holmes trataba de detenerlo, o la hemos imaginado? ¿Cuánto de ficticio hay en el destripador real y cuánto de real en el detective ficticio?
Sin embargo, a Ricardo Corazón de León es más difícil seguirle la pista. Sin duda se oculta en tomos de historia y novelas históricas, o ha dejado una tenue huella en las ruina de la vieja Europa. Pero lo más frecuente es asociarlo a la leyenda de Robin Hood. ¿Y Robin Hood? ¿Fue un personaje real, un bandolero sajón que se enfrentó al poder normando? ¿O ese es otro, y el verdadero Robin Hood es el que ha sido Errol Flynn, Kevin Costner, un personaje de Disney y una teleserie de adolescentes en estos momentos?

Ha sido presentado el informe de la
Al menos, eso se desprende de una encuesta realizada por una televisión del país, el canal ITV3.
Txetxu Barandiarán, el editor de
Hacer listas es algo tan personal que probablemente cada uno tendríamos una; en parte porque los gustos varían, y en parte porque no todos leemos lo mismo (afortunadamente).
Confesar que hay libros que nos dejamos a medias a veces nos duele. Yo, como lector, confieso que alguna vez me dejo sin terminar alguna obra, aunque suelen ser pocas y las acabo con rapidez simplemente por una cuestión de superioridad: tengo que ganar la batalla, o vencedor o vencido.