
El término “anagnórisis” es un helenismo cuyo significado es “revelación”, “reconocimiento” o “descubrimiento”. Este concepto fue mencionado por primera vez por Aristóteles en su ‘Poética’. Describe el instante de revelación en que la ignorancia da paso al conocimiento.
También se llama agnición, “agnitio” en latín, al paso de la ignorancia al conocimiento que un personaje experimenta acerca de la identidad de alguno o varios de los demás o del personaje acerca de algún hecho. “Anagnórisis” significa lo mismo que agnitio: reconocimiento. Ambas son intercambiables, su uso depende de la tradición lingüística del usuario.
Desde la ‘Poética’ de Aristóteles el reconocimiento o anagnórisis ha sido caracterizado como uno de los puntos esenciales de la trama literaria, en particular en el teatro. Y es que, aunque la anagnórisis es un recurso frecuente en muchos géneros, Aristóteles la describió en relación con la tragedia clásica griega, con la que está asociada de modo especial.


Antes de la época de las películas de acción y los videoclips de rap el entretenimiento más viril conocido era la literatura. A los machos del pasado nada les gustaba más que juntarse con un grupo de amigos y desaparecer monte arriba a cazar, o sudar juntos en el gimnasio a base de llaves de lucha y relajarse después en una terma escuchando los cantares de un aedo. Esto tiene dos implicaciones: una, que como siempre he dicho, la Historia es tremendamente gay; dos, que los poetas conocían a su público e introdujeron tipos tan duros con frases tan lapidarias que dejan a John McLane a la altura de Hello Kitty.
Hace unos días
A partir de hoy el Cantar del Mio Cid es más grande que nunca. La nueva edición presentada por el profesor y poeta Alberto Montaner contiene fragmentos de texto que hasta ahora se habían considerado ilegibles. Montaner ha conseguido descifrarlos aplicando una técnica de microscopio y vídeo al único manuscrito que se conserva, el de Per Abbat de 1207. Un trabajo que describe el catedrático y académico Francisco Rico como tan minucioso y exhaustivo como quijotesco y disparatado.
El Cid Campeador, que fue protagonista de las ondas radiofónicas 

