
Cada día que pasa percibimos que los libros electrónicos han dejado de ser algo de unos pocos para convertirse en una realidad palpable. El nuevo formato conlleva forzosamente una nueva forma de negocio y qué mejor momento que este para reflexionar sobre la escritura, los escritores y el negocio editorial. De esta manera, se publica ahora Un arte espectral del insigne Norman Mailer, que se estrena en nuestras librerías como novedad. Lo publica Backlist y tiene un precio de 19,50 euros en edición rústica con solapas.
‘Un arte espectral’ reúne una gran cantidad de textos ya publicados y material inédito para darnos a conocer el peculiar punto de vista del escritor sobre su trabajo y el negocio de las editoriales. Prólogos, introducciones, entrevistas, además de un análisis personal de los que él considera sus gigantes literarios conforman este libro tan especial. Autores como John Updike, Joyce Carol Oates o el mismísimo Tolstoi recorren estas páginas que nos permiten asomarnos a la realidad del escritor, a su trabajo diario, sus problemas y sus alegrías. Y todo ello, por supuesto, salpicado de perlas como esta:


Hoy le dices a un adolescente que se ponga a leer y se siente como un condenado a las galeras, tam, tam, tam. Pero leer, en la actualidad, es una actividad muy asequible si la comparamos con la scriptura continua, la escritura temprana en la que no se usaban espacios para separar las palabras.
José únicamente tenía que sentarse y abordar los folios en blanco con tal énfasis, con tal nervio, que sus textos semejaban mensajes cifrados por una máquina Enigma que ni el mismo Alan Turing ni una piedra Rosetta, al alimón, descifrarían. 
No, no se equivocan de página: esta no es una web de deportes de invierno por muy blanca que sea la página y por mucho blanco que tenga el título de este artículo. Tranquilos. Ya decía Alfonso Ussía en el segundo tomo de ‘El tratado de la buenas maneras’ que lo de esquiar puede resultar ser un pelín hortera y cursi. Eso decía él.
¿A qué edad escribió Mark Twain Las aventuras de Huckleberry Finn? A los 49 años. El crítico literario Franklin Rogers escribió sobre la técnica de Twain: “Su procedimiento rutinario parece haber sido comenzar una novela con algún plan estructural que generalmente pronto se demostraba defectuoso, con lo cual él buscaba un nuevo hilo argumental que vencería la dificultad, volvía a escribir lo ya escrito y luego seguía adelante hasta que algún nuevo defecto le forzaba a repetir el proceso.”
Los genios precoces llaman tanto la atención que eclipsan la realidad de la excelencia: que la excelencia, en mayoría de casos, aparece tras frotar la lámpara de Aladino hasta que te sangren las yemas de los dedos… y luego seguir frotando.

