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Norman Mailer reflexiona sobre la escritura en 'Un arte espectral'

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norman mailer

Cada día que pasa percibimos que los libros electrónicos han dejado de ser algo de unos pocos para convertirse en una realidad palpable. El nuevo formato conlleva forzosamente una nueva forma de negocio y qué mejor momento que este para reflexionar sobre la escritura, los escritores y el negocio editorial. De esta manera, se publica ahora Un arte espectral del insigne Norman Mailer, que se estrena en nuestras librerías como novedad. Lo publica Backlist y tiene un precio de 19,50 euros en edición rústica con solapas.

‘Un arte espectral’ reúne una gran cantidad de textos ya publicados y material inédito para darnos a conocer el peculiar punto de vista del escritor sobre su trabajo y el negocio de las editoriales. Prólogos, introducciones, entrevistas, además de un análisis personal de los que él considera sus gigantes literarios conforman este libro tan especial. Autores como John Updike, Joyce Carol Oates o el mismísimo Tolstoi recorren estas páginas que nos permiten asomarnos a la realidad del escritor, a su trabajo diario, sus problemas y sus alegrías. Y todo ello, por supuesto, salpicado de perlas como esta:

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Escritura Creativa: Diccionarios, ficción continua.

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Que nuestros lectores picados por la escritura lo prueben. Los diccionarios son una fuente de ficción continua siempre y cuando se usen como es debido. Ya saben ustedes que estas armas la carga el demonio. El demonio del que hablaba Vargas Llosa en su ensayo Cartas a un joven novelista o los fantasmas de los que se ocupa Ernesto Sábato en El escritor y sus fantasmas. Da igual: el diablo o fantasma que llevamos dentro carga los diccionarios para dispararle al folio en blanco. Expliquemos el asunto.

Los diccionarios son como un supermercado por el cual te puedes pasear e ir comprando ingredientes para luego guisar tus argumentos. Son una suerte de bitácora para el universo, porque desde allí las cosas van adquiriendo nombre y su textura y abandonamos, a fuerza de saber cómo se llaman las cosas o qué significan, la imprecisión y la falta de confianza con las historias que vamos a contar.

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Scriptura continua: cuando no había separaciones entre palabras y leer era como resolver un rompecabezas

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escribano1.jpgHoy le dices a un adolescente que se ponga a leer y se siente como un condenado a las galeras, tam, tam, tam. Pero leer, en la actualidad, es una actividad muy asequible si la comparamos con la scriptura continua, la escritura temprana en la que no se usaban espacios para separar las palabras.

En los libros de los escribas, las palabras se sucedían ininterrumpidamente en toda línea de toda página. Esta falta de separación reflejaba los orígenes orales del lenguaje escrito: cuando hablamos no hacemos pausas entre dos palabras: las sílabas fluyen continuamente de nuestros labios.

Así que leer en aquellos tiempos suponía una carga cognoscitiva que no era moco de pavo, como explica John Saenger en Space Between Words (Espacio entre palabras): los ojos de los lectores, entonces, debían moverse lentamente, minuciosamente, como si observaran una colección de insectos aplastados en el libro, teniendo con frecuencia que detenerse a recapitular al comienzo de cada oración, ya que la mente luchaba por entender dónde acababa una palabra y empezaba otra nueva, así como la función de cada palabra en el sentido de la frase.

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La fe en lo que escribo

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José únicamente tenía que sentarse y abordar los folios en blanco con tal énfasis, con tal nervio, que sus textos semejaban mensajes cifrados por una máquina Enigma que ni el mismo Alan Turing ni una piedra Rosetta, al alimón, descifrarían.

“Escribe, escribe, escribe”, le exhortaba su voz interior. “No importa lo que escribas, sólo escribe”. Y se esforzaba tanto en cumplir ese mandato, tan astronómica era la monumentalidad de aquel proyecto, que una suerte de jurado imaginario había creado unas expectativas demasiado elevadas entorno de su obra y el miedo a no complacerlas le impelía a redoblar el sacrificio, retroalimentando las mismas expectativas en un círculo sin fin que sólo culminaría en la obra perfecta, la obra que desbancaría a clásicos y modernos, a consagrados y noveles.

Tan legendaria y prometedora se le antojaba su ambición que ya era en sí misma era una garantía de éxito fulgurante, o al menos de que iba a ser alguien tocado por un destino singular.

A veces, sin embargo, en un instante de lucidez y parálisis en aquel fragor del bolígrafo rasgando las hojas, se acordaba de que el mundo lo poblaba mucha gente, que los premios literarios recibían demasiados originales y que existían tantos manuscritos por descubrir como seres humanos; que quizá sería más probable que encontrase a su paso un maletín atestado de millones que un reconocimiento a un esfuerzo tal vez baldío.

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Virginia Woolf a 70 años de su último paseo a lo largo del río Ouse

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Virginia Woolf

Ayer 28 de marzo se cumplieron 70 años de aquel frío día primaveral en el que la escritora inglesa Virginia Woolf llenó con piedras los bolsillos de su abrigo y se sumergió en las aguas del río Ouse sabiendo que no sobreviviría. Pocas horas antes había tenido el cuidado de dejar un par de cartas para su esposo y una a su hermana Vanessa. En una de ellas le escribió a su amado Leonard:

Siento que voy a enloquecer de nuevo. Creo que no podemos pasar otra vez por una de esas épocas terribles. Y no puedo recuperarme esta vez. Comienzo a oír voces, y no puedo concentrarme. Así que hago lo que me parece lo mejor que puedo hacer.

La locura era la compañía permanente de Virginia. Si les parece muy duro o cruel, no hablemos de locura, sino de las voces que la acompañaban el vacío de creatividad que regularmente experimentaba entre libro y libro. Y es que de los limbos de la no escritura emergían ecos angustiosamente premonitorios de un período de angustia y sobresaltos que cada vez se hacían más insorportables para ella.

Virginia habia nacido en Londres el 25 de enero de 1882, y era la tercera hija de Leslie Stephen y Julia Jackson, quienes tuvieron juntos cuatro hijos, además de Virginia estaban: Vanessa, Thoby y Adrian. El grupo familiar, sin embargo, era numeroso si contamos los hijos de los primeros matrimonios de los padres: George, Stella y Gerald Duckworth eran hijos del primer matrimonio de Julia con Herbert Duckworth mientras que Laura Makepeace Stephen era hija de Leslie y Minny Thackeray.

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Escritura creativa: Miedo blanco.

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hoja-en-blanco.pngNo, no se equivocan de página: esta no es una web de deportes de invierno por muy blanca que sea la página y por mucho blanco que tenga el título de este artículo. Tranquilos. Ya decía Alfonso Ussía en el segundo tomo de ‘El tratado de la buenas maneras’ que lo de esquiar puede resultar ser un pelín hortera y cursi. Eso decía él.

Pero al igual que uno que se tira con esquíes por una pendiente blanca, con esa misma locura se lanza el escritor sobre la página en blanco. Y no nos pongamos tiquismiquis con el color: si la pantalla fuera verde pistacho, azul cobalto o rosa chicle, la sensación sería la misma: blanco vacío, vértigo blanco. Arrancar no es fácil, ni para esquiar ni para escribir.

Por eso, los que quieran comenzar a escribir tienen que aprender esto primero: la literatura es un desafío y es hija de la victoria del buen oficio contra la nada, contra el no ser, contra la inexistencia. Porque nada de lo que escribimos es cierto y ciertamente nada de ello será nunca verdad, aunque te compren los derechos de tu novela para hacer una película.

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¿Cuál es el mayor secreto para convertirse en escritor? Transpiración, transpiración y más transpiración (y III)

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¿A qué edad escribió Mark Twain Las aventuras de Huckleberry Finn? A los 49 años. El crítico literario Franklin Rogers escribió sobre la técnica de Twain: “Su procedimiento rutinario parece haber sido comenzar una novela con algún plan estructural que generalmente pronto se demostraba defectuoso, con lo cual él buscaba un nuevo hilo argumental que vencería la dificultad, volvía a escribir lo ya escrito y luego seguía adelante hasta que algún nuevo defecto le forzaba a repetir el proceso.

No en vano, Twain tardó 10 años en terminar su libro.

Por su parte, Daniel Defoe escribió Robinson Crusoe con 58 años.

Alfred Hitchcock tuvo su mejor racha cinematográfica (Crimen perfecto, La ventana indiscreta, Vértigo, Con la muerte en los talones y Psicosis) entre la edad de 54 y 61 años.

La idea de Galeson de que la creatividad puede dividirse en dos tipos, conceptual y experimental, tiene un número de implicaciones importantes. Por ejemplo, a veces pensamos que lo que les pasa a los de maduración tardía es que tardan en arrancar. Como no comprenden que algo se les da bien hasta que cumplen los cincuenta, lógicamente alcanzan el éxito tarde en la vida. Pero esto no es exactamente así. (…) También pensamos a veces que, cuando a un artista se le descubre tarde, fue porque el mundo tardó en apreciar sus dones. En ambos casos se presume que el prodigio y el maduro tardío son fundamentalmente lo mismo, y que un florecimiento tardío es sencillamente un genio bajo condiciones de fracaso en el mercado. Lo que el argumento de Galenson sugiere es algo más: que los tardíos florecen tarde porque, hasta un momento tardío de sus carreras, sencillamente no son muy buenos.

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¿Cuál es el mayor secreto para convertirse en escritor? Transpiración, transpiración y más transpiración (II)

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Los genios precoces llaman tanto la atención que eclipsan la realidad de la excelencia: que la excelencia, en mayoría de casos, aparece tras frotar la lámpara de Aladino hasta que te sangren las yemas de los dedos… y luego seguir frotando.

Cierto es que existen los enchufes, los autores mediáticos o esas excepciones como Herman Melville, que escribió un libro por año desde sus veintitantos, o Ciudadano Kane, que nació de un Orson Welles de sólo 25 años.

Pero las estadísticas ponen las cosas en su sitio, como demostró un economista de la Universidad de Chicago llamado David Galenson.

Examinó cuarenta y siete antologías de poesía principales publicadas desde 1980 y contó los poemas que aparecían con más frecuencia. Algunas personas, desde luego, discutirían la noción de que el mérito literario pueda cuantificarse. Pero Galenson sencillamente pretendía hacer un sondeo cruzado sobre una amplia sección de poemas que, según los eruditos literarios, conformaban lo más granado del canon estadounidense.

¿Cuál fue el resultado? Veamos los primeros 11 en orden, con la edad de sus creadores cuando publicaron la antología:

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Leoyescribo.com, un nuevo portal para promocionar la literatura entre los universitarios

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Escribiendo

Ya sabéis cuanto me gustan a mí las campañas para promocionar la lectura y la escritura, por eso me alegra muchísimo presentaros este nuevo portal, Leoyescribo.com. Ha sido creado para promover la lectura y la creación literaria en un colectivo concreto, los universitarios, por lo que puede que muchos de nuestros lectores se queden fuera de esta iniciativa.

Leoyescribo.com propone diferentes concursos con distintos niveles y tipos de creatividad, pero todos ellos están relacionados con la literatura. Así, encontramos un concurso de microrrelatos, otro de relatos en cadena en los que también participan autores de renombre como Lorenzo Silva o Ángela Vallvey; un concurso de fotografía, o de vídeos que estimulen la lectura, hasta llegar al más importante, el VIII Certámen de relato corto Jóvenes Talentos que todos los años presentan Booket y Ámbito Cultural. Los premios varían desde lotes de libros hasta seis mil euros del certámen Jóvenes Talentos, por lo que, como siempre, os aconsejo leer bien todas las bases de los concursos, para que después no haya sorpresas desagradables. Eso sí, tened en cuenta que para participar hay que estar matriculado en alguna universidad española, sea cual sea el tipo de estudio que estéis realizando.

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NaNoWriMo: cincuenta mil palabras en treinta días, ¿te atreves?

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Wrting Machine

Noviembre está a la vuelta de la esquina y resulta ser un mes muy especial. Cambian la hora, hace más frío, en la televisión sólo pasan anuncios de juguetes… y además, se celebra el NaNoWriMo. en castellano y para que nos entendamos todos, el Mes Nacional de Escritura de Novela. Sí, eso mismo. Una locura como cualquier otra, divertidísima y gratis, como pocas cosas quedan ya.

El NaNoWriMo te propone un suicidio social y/o familiar. Está dirigido a aquellas personas que alguna vez pensaron vagamente en escribir una novela y prácticamente las obliga a hacerlo. ¿El reto? Escribir cincuenta mil palabras en tan sólo treinta días. Escribir, escribir y escribir. Cantidad sobre calidad. Tienes otros once meses para revisar y corregir lo que hayas escrito, pero en estos treinta días vas a escribir cincuenta mil palabras. ¡He dicho!

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