Hoy me prometí a mi misma iniciar una pequeña investigación sobre el impacto ambiental que tiene la industria editorial, más específicamente, el que tiene la edición de los libros en papel.
El origen fue la preocupación que me generó una noticia que leí en Teleread y que habla de que la producción anual de libros en los Estados Unidos consume el equivalente a 1.135 veces la cantidad de árboles que integran el parque Central de Nueva York.
La cifra es aterrorizante y me llevó a iniciar búsquedas en la web. El primer resultado fue reconfortante ya que me condujo a la foto que ilustra este post. Ella pertenece a una campaña iniciada por Greenpeace en la que el propio Saramago se ha vuelto un activo promotor.
Una de las anécdotas más hermosas es la del rescate de un parque natural en Puerto Rico y que tuvo una de sus principales fuentes de inspiración en el libro autobiográfico del premio Nobel portugués, en el que relata que su abuelo, al sentir cerca su muerte, fue al huerto y abrazó uno a uno los troncos de los árboles agradeciendo su sombra y los frutos que le dieron en vida. El lema de la campaña fue “Todos somos el abuelo de Saramago” y lograron detener la tala indiscriminada del parque.
Tenemos que talar árboles, pero no de un bosque virgen

