Uno de los defectos que con mayor facilidad deja en evidencia las pocas mañas literarias de un escritor es la puntuación incorrecta. Sobre todo a la hora de poner las comas donde toca. Sin embargo, hay autores que, en un arranque de rebeldía, se negaron a puntuar sus textos, aunque ello supusiera asfixiar a un lector que los leyera en voz alta.
Por ejemplo, el escritor polaco Jerzy Andrzejewski (1909-1980) publicó en 1962 una novela escrita por entero con una sola frase, cuyas primeras 40.000 palabras se suceden sin ser interrumpidas por ningún signo de puntuación.
La obra es nada menos que una descripción de una de las Cruzadas Cristianas, la llamada “De los Niños” (1212), en la que miles de chicos alemanes y franceses que formaban parte de los ejércitos cruzados fueron vendidos como esclavos después de llegar a Oriente. La obra desarrolla la tesis de que la verdadera motivación de los cruzados no era tanto el amor cristiano o la atrición como la pederastia.

Y cuidado. No estoy sugiriendo en ningún momento que una persona que muestre una mayor solvencia con la pluma sea más inteligente o culta que otra que no sabe más que expresarse con tópicos e incorrecciones o al estilo indio, “jau, tú hombre blanco”. Conozco a personas que escriben como disléxicos que, sin embargo, poseen una inteligencia (que a saber lo que es eso) y una claridad de ideas que ya quisieran muchos. Hablo de auténticos 