Lugares que excitan nuestras retinas, que nos hacen creer de nuevo que en las hadas, los unicornios y el País de Nunca Jamás. Lugares que huelen a genciana, a lavanda, a malvavisco y a cualquiera de esas flores que todos estamos de acuerdo que huelen bien. Lugares donde también ocurren fenómenos literalmente mágicos, todavía más espectaculares que los mostrados en las películas con un gran presupuesto en efectos especiales. Lugares resplandecientes, como si fueran fragmentos caídos del cielo para deleitar nuestros sentidos, con superávit belleza, con esa belleza serena y sobrenatural que nuestro acervo cultural asocia al rostro de Cleopatra. Lugares feéricos, puros e intocados. Lugares oníricos y coloristas, como si se hubieran tragado un arcoiris.
Lugares celestiales, como la Europa que percibían los habitantes de Guinea Bissau en la década de 1970 y 1980: los relatos que los aventureros (los emigrantes) narraban sobre Europa la convertían en otro mundo, un mundo que muchos asociaban al Cielo, pues allí hacía frío, un agradable frío que debía ser obligatoriamente el prometido estado de gloria que según el imaginario mandinga musulmán sucedía a la tórrida vida terrenal; por eso muchos aventureros partían hacia Europa convencidos de que viajaban a la gloria.

Sí, los libros son importantes. Pero a menudo los grandes lectores confunden la función de los libros. Porque los libros no son más interesantes que la realidad sino que nos enseñan a registrar mejor la realidad, como ya esbocé en
Conocemos la existencia de numerosos lugares que no figuran en los mapas y, sin embargo, se nos dice que existen. Uno de los ejemplos más conocidos actualmente es el andén 9 ¾ de la estación de trenes de King´s Cross, en Londres, que aparece referenciada en los libros de Harry Potter, de J. K. Rowling.
El otro día tuvieron la gentileza de invitarme a subir al
Tenía ganas de posar mis ojos en algún texto de Ismael Martínez Biurrun (Pamplona, 1972), pues su nombre lleva un buen tiempo sonando como la nueva promesa del fandom. Y lo que se dice de él es cierto. Completamente.
Gracias a mi compañera 



