'Tamsin', de Peter S. Beagle

Tamsin, de Peter S. Beagle, es de esos libros que lees una recomendación en alguna parte y ya no te puedes olvidar de él. Para ser sinceros, no recuerdo exactamente dónde lo leí, pero eso ahora ya no importa… Lo que de verdad importa es que hacía mucho tiempo que no leía un libro que me recordara tanto a mi infancia. Probablemente, si hubiera leído esta novela con diez años ahora sería una fan ultrarradical de Beagle, porque yo a esas edades solía ser así de extrema.
La historia comienza en Nueva York. Jenny, una adolescente de trece años bastante impopular, se entera que su madre vuelve a casarse, por lo que tendrán que mudarse a Inglaterra junto con su padrastro y sus dos nuevos hermanastros. Por supuesto, todo esto supone un drama y cualquiera que haya tenido trece años alguna vez en su vida (ejem) sabrá a lo que me refiero.
Para empeorar las cosas, no van a vivir en Londres, como ella creía en un principio. La realidad suele ser bastante más cruel en estos casos. Así que, de repente, Jenny se encuentra viviendo en la campiña inglesa, en una mansión victoriana casi en ruinas, acompañada por su nueva familia y su inseparable Señor Gato. Y entonces conocerá a Tamsin y a otras criaturas no tan amigables…
A
La isla como microcosmos deriva de un elemento mítico anterior: el de la simbiosis entre la isla y su dueño, o según marca el arquetipo, su dueña la maga. Se ha demostrado suficientemente en la Odisea de Homero que, en las islas en las que no se manifiesta la monstruosidad o el poder olímpico, son las mujeres las que cautivan y encierran a Ulises. Las dos magas, Circe y Calipso, y Nausicaa la princesa Feacia que tiene en su mano el retorno del héroe. A través de la magia, la isla y la maga son una.
El mito de la isla como espacio maravilloso aparece con frecuencia en la tradición ya formalizada de las mitologías y conoce una evolución que marcha al paso de las transformaciones en el paradigma literario. Con la llegada del fantástico moderno, la insularidad se convierte en uno de los principales referentes para el desarrollo de ficciones inverosímiles o hiperbólicas en múltiples niveles de la cultura, yendo desde los productos de masas y entretenimiento (las novelas de piratas o las series de ciencia-ficción) a expresiones figurativas de temas tales como el exilio forzado o voluntario, el solipsismo humano, la experimentación de una “sociedad natural” o la emergencia del inconsciente frente a la identidad.
Tras pensar un poco en el asunto, creo que el concepto de ‘fantástico’ difiere enteramente cuando se aborda en literatura infantil frente a la adulta. Y no me refiero sólo a los temas, que quizás tampoco estén tan alejados después de todo. Es una cuestión de base. 