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'Tamsin', de Peter S. Beagle

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Tamsin, de Peter S. Beagle, es de esos libros que lees una recomendación en alguna parte y ya no te puedes olvidar de él. Para ser sinceros, no recuerdo exactamente dónde lo leí, pero eso ahora ya no importa… Lo que de verdad importa es que hacía mucho tiempo que no leía un libro que me recordara tanto a mi infancia. Probablemente, si hubiera leído esta novela con diez años ahora sería una fan ultrarradical de Beagle, porque yo a esas edades solía ser así de extrema.

La historia comienza en Nueva York. Jenny, una adolescente de trece años bastante impopular, se entera que su madre vuelve a casarse, por lo que tendrán que mudarse a Inglaterra junto con su padrastro y sus dos nuevos hermanastros. Por supuesto, todo esto supone un drama y cualquiera que haya tenido trece años alguna vez en su vida (ejem) sabrá a lo que me refiero.

Para empeorar las cosas, no van a vivir en Londres, como ella creía en un principio. La realidad suele ser bastante más cruel en estos casos. Así que, de repente, Jenny se encuentra viviendo en la campiña inglesa, en una mansión victoriana casi en ruinas, acompañada por su nueva familia y su inseparable Señor Gato. Y entonces conocerá a Tamsin y a otras criaturas no tan amigables…

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Tzvetan Todorov y la literatura fantástica

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robinson-crusoe2.jpgA Todorov se le reconoce como gran aportación a la Teoría de la Literatura su Introducción a la literatura fantástica de 1970, quizás porque es es la obra que mejor condensa en un brevísimo espacio las ideas para llegar a definir lo que es el fantástico literario. Para empezar, Todorov descarta que la literatura fantástica sea un género, por mucho que lo utilicemos como tal. El fantástico se puede manifestar en cualquier tipo de obra y ocurre cuando el lector es incapaz de descartar completamente lo inverosímil. Esta es su definición:

La ambigüedad se mantiene hasta el final de la aventura: ¿Realidad o sueño? ¿Verdad o ilusión? De este modo nos vemos arrastrados al corazón de lo fantástico. El fantástico ocupa el tiempo de esta incertitumbre. Desde el momento que escogemos una o la otra, abandonamos lo fantástico para entrar en un género vecino, lo extraño o lo maravilloso. El fantástico es la duda experimentada por un ser que sólo conoce las leyes naturales, frente a un acontecimiento aparentemente sobrenatural.

Lo fantástico es según Todorov un espacio en equilibrio entre lo extraño, pero realista, y lo maravilloso. Los crímenes de la calle Morgue de Edgar Allan Poe están el ámbito de lo extraño. Por truculentas que sean las soluciones a las que llega el agudo Auguste Dupin, todas entran dentro de lo excepcional pero posible. El extraño caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde es completamente maravilloso, por el contrario, ya que todo gira entorno a un fórmula alquímica y por ende mágica. Pero leamos La caída de la casa de Usher y busquémosle una explicación. ¿Accidente fortuito o vengativo regreso de la muerte? La técnica del relato atrapa al lector en una duda sin resolver y lo sumerge en el reino nebuloso de lo fantástico.

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Primer capítulo de 'Las puertas de lo posible', de José María Merino

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Siempre es agradable volver oír hablar de José María Merino, saber que sigue ahí al pìe del cañón sin que su prolífica producción dé muestras de flaqueza. Si todos los demás escritores españoles contemporáneos desaparecieran del mapa, bastarían Merino y Luis Mateo Díez, mano a mano como vienen haciendo, para que lo mejor de la tradición literaria española sobreviviera. Son de los escasos escritores que todavía escriben con visos a la eternidad.

En su último trabajo Merino aborda el relato futurista, un salto hacia adelante en su conocido mundo fantástico. El libro Las puertas de lo posible navega a medias entre la fantasía gótica, explícita en el prólogo lovecraftiano que sirve de marco a los relatos, presentados como pruebas experimentales extraídas del futuro por un ingenio de la Universidad de Miskatonic.

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La isla en la literatura como espacio de la fantasía (II)

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robinson-crusoe2.jpgLa isla como microcosmos deriva de un elemento mítico anterior: el de la simbiosis entre la isla y su dueño, o según marca el arquetipo, su dueña la maga. Se ha demostrado suficientemente en la Odisea de Homero que, en las islas en las que no se manifiesta la monstruosidad o el poder olímpico, son las mujeres las que cautivan y encierran a Ulises. Las dos magas, Circe y Calipso, y Nausicaa la princesa Feacia que tiene en su mano el retorno del héroe. A través de la magia, la isla y la maga son una.

La isla adquiere un significado femenino a partir de una serie de símbolos que la acompañan: la fertilidad y la frondosidad (derivadas del mito de la isla afortunada), el espacio uterino-amniótico, las ideas de “virginidad”, de “cuevas” y “tesoros” a los que el héroe, atravesando el mar como espacio de iniciación tradicional masculino, accede en forma de naufragio o conquista. Y si en el caso de La Tempestad el mago Próspero es un hombre, debe valerse de su hija Miranda (que no ha conocido otra cosa que la isla) como seductora de los náufragos para que sus planes triunfen.

En las novelas de caballería la isla es un equivalente simbólico al castillo de la dama que busca encerrar consigo al protagonista, pero permite acciones propias del régimen expansivo: en la isla de Alcina (Orlando Furioso) hay ejércitos contra los que luchar y ciudades que conquistar: un microcosmos entero que dominar, en fin, pero un microcosmos sobre-natural. En la parodia quijotesca, lo único que tiene de isla la Ínsula Barataria en la que acaba Sancho es su carácter de encerrona. Sancho nunca llega a hacerse con el control pese a sus demostrar dotes de liderazgo porque alrededor suyo se ha tejido una farsa carnavalesca que le tiene a él de bufón, manifestándose en parodias de los fantástico como los apaleamientos por enemigos invisibles que sufre el desgraciado gobernador.

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La isla en la literatura como espacio de la fantasía (I)

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robinson-crusoe.jpgEl mito de la isla como espacio maravilloso aparece con frecuencia en la tradición ya formalizada de las mitologías y conoce una evolución que marcha al paso de las transformaciones en el paradigma literario. Con la llegada del fantástico moderno, la insularidad se convierte en uno de los principales referentes para el desarrollo de ficciones inverosímiles o hiperbólicas en múltiples niveles de la cultura, yendo desde los productos de masas y entretenimiento (las novelas de piratas o las series de ciencia-ficción) a expresiones figurativas de temas tales como el exilio forzado o voluntario, el solipsismo humano, la experimentación de una “sociedad natural” o la emergencia del inconsciente frente a la identidad.

¿Cuáles son los atributos insulares que predisponen a la fantasía? El primero y más evidente es el estado de aislamiento, término derivado de la propia semántica de la isla. Pero no es tanto el carácter de espacio acotado lo que introduce la predisposición a la fantasía, sino el hecho de su suspensión en el medio acuático. El mar, cómo se ha encargado de demostrar Gilbert Durand, es una gran imagen funeraria y una expresión de la temporalidad mutable y disolutoria. La isla se configura como un más allá al ponerse como frontera las aguas mortuorias, manteniéndose a flote encima de un estado de caos. La tradición indoeuropea localiza el mundo de los muertos en el infinito más allá del océano: lo veremos en la literatura caballeresca de influencia céltica en dónde las islas o los espacios cerrados por agua son reinos maravillosos, con Avalon a la cabeza.

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'Spiderwick. Las crónicas' de Tony DiTerlizzi y Holly Black

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spiderwick.jpgTras pensar un poco en el asunto, creo que el concepto de ‘fantástico’ difiere enteramente cuando se aborda en literatura infantil frente a la adulta. Y no me refiero sólo a los temas, que quizás tampoco estén tan alejados después de todo. Es una cuestión de base. Todorov define lo fantástico como “una situación de extrañeza, a medio camino entre lo racional y lo irracional”. Eso es lo que necesita un adulto para inquietarse, y que tan bien se ha explotado desde el Romanticismo hasta el Realismo Mágico: la tensión de buscar una explicación lógica a un fenómeno sorprendente, y quedarse a mitad de camino.

Con los niños funciona de otra manera, me parece a mi. Quizás porque en su orden de prioridades lo “racional” o “lógico” no siempre figura en primer lugar. Así, la mejor forma de introducir a un niño en lo fantástico es a través de lo conocido, pues sucede que a menudo las experiencias reales son un acicate suficiente para la imaginación. Un verano en una antigua casa llena de ruidos, una escapada solitaria por un bosque frondoso, explorar un desván mohoso que cruje al pisar son a los ojos del niño aventuras mágicas por derecho propio. De ahí que la literatura pueda añadir su pizca de fantasía, y que esta se reciba con un aire de familiaridad.

Este es sin duda uno de los aciertos de la serie infantil Spiderwick, al menos de su primer libro que es el que he tenido ocasión de leer. Fantasía con los pies en la tierra, magia que conecta de forma sencilla y convincente con los grandes problemas antropológicos de cualquier niño occidental: unos padres que se han separado, una hermana mayor mandona, brutota y chicazo, y un hermano – para colmo gemelo – que saca buenas notas y no se lleva las regañinas. Todo dentro de un caserón campestre lleno de presencias, misterios y pasadizos. No es algo nuevo en absoluto, pero tiene el mérito que no todos pueden revindicar de estar bien hecho.

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