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franquismo

Camilo José Cela, colaboracionista con el régimen franquista

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camilo_jose_cela-2.jpgCamilo José Cela siempre ha sido una figura muy controvertida, de esas que suman tantos adeptos como detractores y, normalmente, de un modo muy extremo. El problema aparece cuando el que lo juzga no separa al hombre del narrador. Como escritor no cabe duda de que Cela es uno de los grandes novelistas del siglo XX: novelas como La Colmena o La familia de Pascual Duarte (las más reconocidas) dan fe de ello; aunque es cierto que es un autor que fue de más a menos, de la genialidad a la normalidad, rozando la mediocridad.

Su personaje público ha funcionado al contrario, habiendo crecido su leyenda a lo largo de los años. A la hora de pensar en Cela no es raro que se nos venga a la cabeza algunos de sus momentos más extravagantes: cuando se tiró un sonoro pedo en el Senado mientras hablaba mosén Lluís Maria Xirinacs, o en aquella otra ocasión en que el mismo senador le preguntó si estaba quedándose dormido y Don Camilo le contestó: “Monseñor, no estoy dormido, estoy durmiendo”. El mosén le replicó: “¿Es lo mismo, ¿no?”. “No, monseñor, son cosas distintas, no es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, de la misma manera que no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo“.

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Antonio Machado: el poeta y su tiempo

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Antonio MachadoEl domingo pasado, 22 de febrero, se cumplieron 70 años de la muerte de uno de los grandes de las letras españolas: Antonio Machado. Tan sólo tres días después de su llegada a Colliure (Francia) con su madre y con su hermano José, el poeta sevillano fallecía en el exilio, lejos de la España derrotada por la que había luchado y a la que había dedicado tantos versos. En el bolsillo del gabán, sus últimas palabras escritas: “Estos días azules y este sol de la infancia”.

Antonio Machado, perteneciente a la generación del 98, fue sin duda uno de los poetas más sinceros, más desnudos y más claros que ha tenido España. También de los peor comprendidos, me temo. Con frecuencia, no sé en base a qué argumentos, se lo tilda de poeta “simple”, cuando en realidad su poesía dista mucho de serlo. Al contrario, son versos en los que la nostalgia, el dolor por una pérdida, el amor por una mujer o una tierra se conjugan con la reflexión sobre la vida, la dignidad que significa ser humano y que tantas veces olvidamos. Su sencillez es filosófica y abiertamente crítica (con un país, con la ignorancia, con la guerra); su palabra, tan solitaria en ocasiones, canta con belleza la responsabilidad de ser hombre: Por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre, dijo a través de la voz de Juan de Mairena.

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