
La praxis vanguardista se funda en gran parte en la revitalización revolucionaria del género teórico de la poética planteado como radical y funcionalizado texto programático cuyo paradigma es el manifiesto (también adoptado por el pensamiento político revolucionario).
Por lo tanto, la dimensión programática vanguardista es importante (como señala Theodor W. Adorno), y las poéticas, el pensamiento doctrinal, adquiere una peculiariedad que se va a obtener mediante la radicalización del manifiesto, convirtiéndose éste en el género teórico-poético del arte de la Vanguardia.
Los vanguardistas poseen una autoconciencia artística anterior a la formulación de un proyecto de arte, es decir, anterior a esa elaboración especulativa de lo que se quiere construir a partir de un programa que generaliza normativamente formas y conceptos (aunque esa normativa sea la de la supresión de toda norma).

Decíamos ayer que en la Vanguardia se encuentra el centro de ruptura eje del pensamiento y arte modernos, es 