
Para nadie es un secreto que ya comenzó el período de celebración del Bicentenario, varias fechas que conmemoran como una sola las distintas gestas libertadoras de América Latina y que significaron un cambio radical en lo que hoy en día podemos llamar la geopolítica de las relaciones internacionales, pero que hace 200 años significaba, para los países de América la independencia de los centros de poder europeos:España, Francia, Portugal, Inglaterra.
Es así como cada país, e Iberoamérica entera, se han movilizado para celebrar el Bicentenario y en estas celebraciones parte del reto está siendo la conservación y rescate de los archivos hasta ahora resguardados e inaccesibles de los siglos XVIII y XIX, e incluso anteriores. La revisión y resguardo de la memoria documental de la historia de los pueblos y las culturas en su permanente relación e interinfluencia. El Bicentenario es celebrado como una gran fiesta Iberoamericana pero en cada uno de los paises hay iniciativas específicas.



Ayer murió Volodia Teitelboim, un caso único en la literatura latinoamericana. De hecho, yo quería escribir algo acerca de él desde hace unos días cuando me enteré que se encontraba internado en Chile con un cuadro muy complicado de salud, y me resultaba difícil saber por dónde empezar. Lo obvio, sin embargo, es que se trataba de uno de los intelectuales más respetados e importantes de América Latina, pero también uno de los que sostuvo con la literatura una de las relaciones más intensas.
Desde la semana pasada han estado ocurriendo diversas cosas en torno al legado recientemente descubierto de Gabriela Mistral y que estuvo durante décadas en la casa de su albacea, Doris Dana.
La ministra chilena de Cultura, Paulina Urrutia, ha dicho que la llegada de la obra de la escritora Gabriela Mistral a la embajada chilena en Washington es un hito histórico fundamental de cara a la celebración del próximo centenario de esa nación en 2010.
Se ha descubierto un tesoro: un centenar de cartas, poemas y fotografías de la Premio Nobel chilena, la poeta Gabriela Mistral. El legado había permanecido en Long Island, Massachussets, en la casa de Doris Dana, quien fuera su asistente y amiga y quien murió en noviembre pasado. 