La polémica exhumación de Federico García Lorca
Probablemente una de las grandes noticias paraliterarias de la semana ha sido el cambio de decisión por parte de los familiares de García Lorca en torno a la exhumación de sus restos, previsiblemente ubicados en una fosa común en un barranco de Granada, donde también estarían inhumados Dióscoro Galindo, Francisco Galadí y Joaquín Arcollasque. El cambio que se manifiesta en el consentimiento dado por Laura García Lorca a la apertura de la fosa, luego de que la nieta del maestro Galindo, Nieves Galindo, introdujera la petición formal ante el juez Baltasar Garzón.
Los descendientes a Lorca han dicho que no les hubiera gustado que se hiciera porque con ello no se cierran susheridas, pero que no pueden impedir que los familiares de los otros asesinados quieran recuperar sus restos. Para el historiador irlandés y biógrafo del poeta, Ian Gibson, con este hecho se abre las puertas para la ubicación definitiva del cuerpo de Lorca. Otro intelectual que celebró la decisión fue José Saramago, quien escribió en su blog:
el espectáculo en que se convertiría el levantamiento de los huesos, razones sin duda respetables, que, si me permiten que lo diga, han perdido hoy peso ante la simplicidad con que la nieta de Dióscoro Galindo respondió cuando, en una entrevista en una cadena de radio, le preguntaron donde llevaría los restos de su abuelo, si acabaran por encontrarse: “Al cementerio de Pulianas”. Hay que aclarar que Pulianas, en la provincia de Granada, es la aldea donde Dióscoro Galindo trabajaba y la familia sigue viviendo. Sólo las páginas de los libros tienen vuelta, las de la vida, no.
