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Guerra Civil

'Soldados de Salamina', de Javier Cercas: cuando las musas se equivocaron de ventana

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origsoqeiuipjevgvroujfecwmwfs.jpgSoldados de Salamina (Tusquets Editores, 2001) es la tercera novela de Javier Cercas, tras ‘El inquilino’ (1989) y ‘El vientre de la ballena’ (1997), y se trata de la obra que le dio fama y lo situó entre los autores españoles más (re)conocidos. Fue descubierta al gran público gracias a un artículo de Vargas Llosa, convirtiéndose en un gran éxito de ventas que ya va por la trigésima edición y recibiendo galardones de la talla del ‘Premio Salambó de Narrativa’. Pero yo, tras haberla releído, me he reafirmado en mi diagnóstico tras la primera lectura: esta vez las musas se equivocaron de ventana.

‘Soldados de Salamina’, cuyo título hace referencia a la famosa batalla entre griegos y persas en el 480 a. C., se ha situado entre los libros de autores contemporáneos que muchos adolescentes tienen que leer en el instituto, pero yo lo conocí en la facultad, concretamente en la asignatura ‘Literatura del s. XX’: es lo que tiene sufrir profesores que no dan la talla. Informándome durante esta última lectura me ha sorprendido ver que el libro ha sido muy bien criticado en el extranjero, pero bien pensado me parece algo lógico: si tenemos en cuenta que fuera de nuestras fronteras la Guerra Civil es vista con desnortado romanticismo, es comprensible que una historia tan ñoña como la que nos ocupe les haya maravillado.

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Conociendo a Ángel González

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A partir del próximo 27 de mayo se podrá encontrar en las librerías la biografía que el poeta granadino Luis García Montero ha escrito sobre aquel que fuera su amigo y también consagrado poeta, Ángel González. El libro, titulado “Mañana no será lo que Dios quiera”, empieza así:

No sé si ustedes conocen al poeta Ángel González. Su palabra revela una mezcla de filósofo clásico y de anciano del lugar, de superviviente estoico que lo ha visto todo y lo cuenta todo, mientras pide una última copa para no dar por terminada
la noche que de manera inevitable se pierde ya por la grieta rojiza del amanecer. Detrás de su barba blanca esconde un mentón demasiado corto y una vida demasiado larga.

Una vida demasiado larga que llegó a su fin en enero del 2008, a la edad de 82 años. Pero este libro es un canto a la vida, a la vida de Ángel González, a su infancia en Asturias y a su juventud, hasta su ingreso en la facultad de Periodismo.

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5 temas que arruinarán la vida a un escritor

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Jewel_of_Medina.jpgMucho hemos recorrido desde los juicios por obscenidad pública que tuvieron que afrontar Flaubert por Madame Bovary (dignamente ganado) y Baudelaire por Las Flores del Mal (bochornosamente perdido), pero ser escritor hoy en día no está extento de riesgos. Los siguientes temas sólo deben ser abordados por profesionales rigurosos concienciados de las implicaciones de su trabajo, o por gente ansiosa de una publicidad instantánea aún a costa de su integridad económica o física.

1) Memoria histórica. La memoria es una venganza contra la conciencia. Dicho de otra manera, rebuscar en la Historia es la manera con la que algunos países se toman la revancha contra los autores que de tanto señalar vergüenzas y tanto flagelar el espíritu nacional acaban por ser molestas. Así acaba saliendo a la luz que Günter Grass, gran enemigo de la derecha, fue un poco nazi, o que Milan Kundera, ferviente anticomunista, puede que delatara un poco. Escándalo y conmoción, profusamente juzgado por gente que probablemente no les haya leído nunca.

La versión patria es la Guerra Civil, cajón de sastre en el que cabe cualquier ficción, pseudohistoria y conspiparanoia. Ejemplo: José Antonio Fortes, profesor de la Universidad de Granada, sostiene en sus clases que Federico García Lorca era un fascista y murió asesinado por su propio bando (¿por ser muy fascista o demasiado poco? ¡Queremos saber!). Otro profesor granadino, Luis García Montero, le reprende y califica como ‘profesor pertubado’ en un artículo de prensa. Resultado: Montero debe indemnizar a Fortes. Que os sirva de lección: sobre la Guerra Civil se puede tergiversar y vejar a placer, siempre que se haga con gente muerta.

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[Un relato a la semana] ‘El Refugio’, de Miguel Delibes

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delibes.jpgLa guerra a través de los ojos de un niño es uno de los motivos más poderosos del siglo XX, una forma de conciencia de la pérdida de la inocencia del hombre moderno. Para él la guerra nunca volverá a ser una empresa noble y caballeresca, como en sus juegos infantiles, y arrastrará consigo un sentimiento de culpa o complicidad colectiva hacia la gran maquinaria de muerte que, por un azar fortuito, a él le perdonó la vida.

No hay una única manera de abordar el tema. Algunos autores exprimen la inocencia incólume del niño, que no entiende bien este juego de adultos. Sus equívocos resultan entrañables a la par que escalofriantes para el lector que sí sabe lo que está ocurriendo.

Se puede acusar a esta visión de edulcorar la realidad y buscar una complacencia fácil, pero recuerdo las palabras de un escritor contando que, para él, el asedio de Madrid fue una fiesta: nada de clases y todo el día en la calle. Quizás fuera así o quizás haya borrado el estruendo de los obuses de su memoria, que también es el repositorio de nuestras propias ficciones.

Pero, ¿y si se diera la circunstancia inversa? ¿Y si fuera el niño el que comprendiera mejor que nadie la guerra, el que la describiera con naturalidad, aquél que con su mirada límpida y libre fuera capaz de revelarla al desnudo? Miguel Delibes fue niño de la guerra y vio lo que los demás no pudieron ver, y lo cuenta en su relato El Refugio.

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‘Espuelas de papel’, de Olga Merino

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En los años cincuenta, Juana, andaluza de nacimiento, emigra con su familia a Barcelona huyendo de la pobreza. Entrará a servir en casa de Salud Monterde y sus hijas, enriquecidas por un turbio asunto y, a modo de Cenicienta moderna, acabará enamorándose de un anarquista perseguido, su único refugio en una vida sin ilusiones.

Pero en esta segunda novela de la barcelonesa Olga Merino, que se estrenó en 1999 con Cenizas rojas, el argumento poco importa. En realidad, Espuelas de papel constituye un retablo costumbrista de la España triste, oscura y vencida de la Guerra Civil. Un mosaico de escenas (hiladas entre sí con una fina hebra), descritas todas ellas con una prosa preñada de lírica. Espuelas de papel , de hecho, podría leerse como un largo poema interrumpido por esporádicos diálogos que recogen fielmente el habla popular de la época.

Así que no espere el lector encontrar aquí una historia con su planteamiento, nudo y desenlace bien definidos, tampoco grandes misterios o cabriolas argumentales, sino el amor a las palabras que profesa Olga Merino, una esteta especialista en recrear ambientes y sensaciones. La experiencia de leer Espuelas de papel se parece, de algún modo, a repasar la versión de posguerra dee los artículos de costumbres de Larra como si estos hubiesen sido construidos con una sucesión de ingeniosas greguerías.

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Adiós a Eduardo Pons Prades

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Pons Prades

Tengo 85 años. Nací en Barcelona. Soy hijo de familia libertaria que me enseñó que la libertad es inseparable de la responsabilidad. Luché por la República y perdí; por Francia y perdí; sólo ganamos contra Hitler en el maquis: y perdí contra la dictadura. Las guerras van cambiando de nombre, la causa de la libertad es siempre la misma.

De esa manera se describía suscintamente hace dos años Eduardo Pons Prades, historiador, anarquista y miembro fundador de la Editorial Alfaguara, quien falleció en la madrugada de ayer lunes en el hospital Sant Pau de Barcelona.

Nacido en 1920, fue combatiente de la CNT y entró al ejército con apenas 16 años. Combatió en Madrid y en el Ebro y fué herido en 1938 y en 1939 pasa a Francia donde siguió peleando en la resistencia francesa. Intentó regresar a España pero en una de esas incursiones fue apresado en 1946; escapó y sólo vino de vuelta a su patria en 1964.

Como historiador participó y fue autor de una buena cantidad de artículos publicados en revistas y periódicos como: Historia y Vida, Historia 16, Nueva Historia, El Correo Catalán, El Periódico, Diario de Barcelona y El Correo de Andalucía, Insula, Papeles de Sor Armadans, Letras e Indice de Artes.

Fué autor de los siguientes libros: La venganza, Los que sí hicimos la guerra, Un soldado de la República, Guerrillas españolas (1936-1960), Españoles en los maquis franceses, Crónica negra de la transición española 1976-85, Las guerras de los niños republicanos 1936-1995 y Republicanos españoles en la Segunda Guerra Mundial. Días antes de su muerte culminó un libro acerca del costado político de Pablo Picasso.

Casi todas las notas de prensa que leo dicen más o menos lo mismo de este reconocido hombre que, a mi juicio, representa la ética de toda una generación española y que nos recuerda permanentemente la importancia del conocimiento y el registro de la historia. El registro de las luchas por la libertad, que son las que nos han formado.

Su cuerpo será inhumado hoy a las 15:00 horas en el tanatorio barcelonés de Sancho de Ávila.

Vía | La Vanguardia
Más información | Entrevista a Eduardo Pons Prades

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