'Soldados de Salamina', de Javier Cercas: cuando las musas se equivocaron de ventana
Soldados de Salamina (Tusquets Editores, 2001) es la tercera novela de Javier Cercas, tras ‘El inquilino’ (1989) y ‘El vientre de la ballena’ (1997), y se trata de la obra que le dio fama y lo situó entre los autores españoles más (re)conocidos. Fue descubierta al gran público gracias a un artículo de Vargas Llosa, convirtiéndose en un gran éxito de ventas que ya va por la trigésima edición y recibiendo galardones de la talla del ‘Premio Salambó de Narrativa’. Pero yo, tras haberla releído, me he reafirmado en mi diagnóstico tras la primera lectura: esta vez las musas se equivocaron de ventana.
‘Soldados de Salamina’, cuyo título hace referencia a la famosa batalla entre griegos y persas en el 480 a. C., se ha situado entre los libros de autores contemporáneos que muchos adolescentes tienen que leer en el instituto, pero yo lo conocí en la facultad, concretamente en la asignatura ‘Literatura del s. XX’: es lo que tiene sufrir profesores que no dan la talla. Informándome durante esta última lectura me ha sorprendido ver que el libro ha sido muy bien criticado en el extranjero, pero bien pensado me parece algo lógico: si tenemos en cuenta que fuera de nuestras fronteras la Guerra Civil es vista con desnortado romanticismo, es comprensible que una historia tan ñoña como la que nos ocupe les haya maravillado.

Mucho hemos recorrido desde los juicios por obscenidad pública que tuvieron que afrontar Flaubert por Madame Bovary (dignamente ganado) y Baudelaire por Las Flores del Mal (bochornosamente perdido), pero ser escritor hoy en día no está extento de riesgos. Los siguientes temas sólo deben ser abordados por profesionales rigurosos concienciados de las implicaciones de su trabajo, o por gente ansiosa de una publicidad instantánea aún a costa de su integridad económica o física.
La guerra a través de los ojos de un niño es uno de los motivos más poderosos del siglo XX, una forma de conciencia de la pérdida de la inocencia del hombre moderno. Para él la guerra nunca volverá a ser una empresa noble y caballeresca, como en sus juegos infantiles, y arrastrará consigo un sentimiento de culpa o complicidad colectiva hacia la gran maquinaria de muerte que, por un azar fortuito, a él le perdonó la vida.
En los años cincuenta, Juana, andaluza de nacimiento, emigra con su familia a Barcelona huyendo de la pobreza. Entrará a servir en casa de Salud Monterde y sus hijas, enriquecidas por un turbio asunto y, a modo de Cenicienta moderna, acabará enamorándose de un anarquista perseguido, su único refugio en una vida sin ilusiones.
