Si echamos un vistazo a los libros de historia comprobaremos que la mayoría de avances tecnológicos provocaron miedo y rechazo al principio, una compungida aceptación más tarde, y una admisión generalizada finalmente (aunque siempre con algunos outsiders que vocean peligros donde no los hay).
No importa a la época que viajemos. Pero sin duda, los avances técnicos que más rechazo han originado son los relacionados con la eliminación de puestos de trabajo: los telares mecánicos aún generan pruritos luditas en el respetable más carpetovetónico.
El libro digital, ahora, parece ser el nuevo telar mecánico. O mejor: el libro digital de ahora no difiere demasiado de la imprenta de entonces: está suscitando miedos idénticos, y también discursos por parte de muchos intelectuales que, personalmente, me hacen desconfiar de la demarcación “intelectual”. Supongo que una persona, por muy leída que sea, no puede leerlo todo, y tampoco puede evitar que ciertos prejuicios o dinámicas mentales le lastren la actividad cognitiva, por ponernos eufemísticos.

Para algunos son filtros de la excelencia literaria, megáfonos para las voces más interesantes, dispensadores de letras capaces emocionarnos. Para otros sólo son negocios, comerciantes de jamones, aduanas en las que los autores deben dejar los signos distintivos del talento más heterodoxo. Por supuesto, hablo de las editoriales.
Quizá pueda parecer aventurado catalogar como el mayor hit de la historia de la técnica la invención de la imprenta. Pero pensadlo por un momento: por primera vez se pudo difundir el conocimiento entre la humanidad.
Ya hablamos en otra entrada de la exposición que está teniendo lugar en Nueva York de tres versiones distintas de las Biblias impresas por Gutenberg. Pero ahora me entero que no hay que moverse hasta allá para poder hacer una comparativa detallada de al menos dos de ellas, ya que la Biblioteca Británica nos permite explorar y comparar las versiones digitales de un ejemplar en papiro y otro de papel.
En una ocasión inédita se encuentran expuestas actualmente, en un mismo recinto en Nueva York, tres ejemplares de la Biblia impresos por Gutenberg. Los tres volúmenes están acompañados por el libro de plegarias de 
